'Poli bueno, poli malo' o una reunión clave para el futuro de la automoción española

El Gobierno se reunirá con el sector del automóvil esta semana. Allí estarán la vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y la ministra de Industria, Reyes Maroto. Dos perfiles opuestos

Foto: La planta de Volkswagen en Navarra comenzó su producción el pasado lunes a ritmo muy lento.
La planta de Volkswagen en Navarra comenzó su producción el pasado lunes a ritmo muy lento.

El sector español del automóvil se enfrenta al peor momento de su historia como consecuencia de la pandemia del coronavirus. La industria de automoción, que ha llegado a ser la segunda de Europa, y a superar a países como Francia o Italia, se prepara para unos resultados muy malos y un futuro incierto. Esto va a llevar a que la producción se reduzca en al menos un millón de coches, con todas las consecuencias que de este bajón se derivarán.

Y lo mismo ocurre con el aspecto comercial del automóvil. Tras la grave crisis de 2008, el mercado había llegado a estabilizarse en torno a 1,3/1.4 millones de unidades, en unos valores bastante razonables para el potencial económico español. Pero el jarro de agua fría a este sector comercial lo ponían en claro las diferentes asociaciones del sector, fabricantes, vendedores, concesionarios y la industria de componentes, que anunciaban el pasado miércoles sus previsiones de ventas para el cierre del año: 700.000 unidades en 2020.

Sin duda este puede ser un duro golpe a uno de los pilares clave de la economía española, que representa el 10% del PIB español y el 9% del empleo en nuestro país. Por ello, hay que ponerse a trabajar, como están haciendo el resto de países de nuestro entorno, para proteger este sector industrial y comercial que no solo es vital para España, sino para toda Europa, para Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Portugal o República Checa.

Teresa Ribera, vicepresidenta de Transición Ecológica, durante su visita a la factoría de Renault en Valladolid. (EFE)
Teresa Ribera, vicepresidenta de Transición Ecológica, durante su visita a la factoría de Renault en Valladolid. (EFE)

Casi desde el comienzo de la crisis, las diferentes asociaciones del sector de automoción han estado pidiendo reuniones con el Gobierno para tratar de buscar soluciones con las que al menos reducir el gravísimo impacto que va a provocar en la economía española. Finalmente, el Gobierno accedió a una reunión esta semana con la vicepresidenta Teresa Ribera y con la ministra de Industria, Reyes Maroto.

Una reunión que, desde fuera, parece algo parecido a 'poli bueno, poli malo'. De un lado la responsable de la cartera de Industria, que desde el principio ha mostrado una buena cercanía con el sector y con los graves problemas que la industria del automóvil tiene. Y también su gran importancia de cara a una salida de la crisis. En el otro lado está la vicepresidenta de Transición Ecológica, que desde el principio ha mostrado su desinterés por todo lo que tiene que ver con el automóvil y con un único foco puesto en el coche eléctrico.Tampoco ha mostrado un interés por aceptar posibles errores o por intentar buscar soluciones a los problemas reales de los ciudadanos.

Toda la economía española se enfrenta a una grave crisis, pero en términos parecidos a los del resto de países europeos, pero tenemos unos problemas especiales en dos sectores clave, el automóvil y el turismo. En el sector del turismo el problema es muy claro, vamos a tener al menos tres meses con el marcador a cero, unos meses clave como son abril, mayo y junio. Y a partir de julio, será difícil que muchos extranjeros se arriesguen a venir a uno de los países más afectados por la pandemia en Europa.

Núñez Feijoo, con Pedro Sánchez, Teresa Ribera y Reyes Maroto en FITUR. (EFE)
Núñez Feijoo, con Pedro Sánchez, Teresa Ribera y Reyes Maroto en FITUR. (EFE)

50% menos

En el caso del automóvil, el anuncio de las previsiones por parte del sector, de unas ventas de 700.000 coches en 2020, casi la mitad que en 2019, es un duro punto de partida. Pero a esto hay que sumar que los otros países, Alemania, Francia o Reino Unido, hacia donde van mayoritariamente los coches 'made in spain', tampoco van a tener cifras mucho mejores. Y si las tienen, será únicamente por las ayudas que sus gobiernos van a poner en marcha para fomentar las ventas de coches en sus territorios.

Ante una situación tan grave, el Gobierno debe tomar decisiones, debe dar soluciones y buscar un camino para la viabilidad de un sector vital para el futuro económico de España. Debe hablar en un tono positivo en sus reuniones con el sector de automoción para tratar de buscar alguna alternativa para que las factorías españolas de coches y de componentes empiecen a funcionar y no se deslocalicen.

Por supuesto, también tienen que permitir que las ventas de coches empiecen a crecer, porque de lo contrario las fábricas empezarán a parar su producción, a reducir turnos y a echar trabajadores a la calle. Y las casas matrices de los fabricantes automovilísticos, las alemanas, francesas o norteamericanas, se llevarán sus factorías a otro sitio que le sea más rentable. Entonces, ya no habrá solución...

Automaníacos
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