El presidente de Toyota alerta de la excesiva presión con el coche eléctrico

Las declaraciones del presidente de Toyota, Akio Toyoda, en torno al automóvil eléctrico han levantado una gran polémica dentro de una sociedad que cada día más

Foto: Los fabricantes hacen una fuerte inversión por el coche eléctrico, pero no se venden.
Los fabricantes hacen una fuerte inversión por el coche eléctrico, pero no se venden.

Las declaraciones del presidente de Toyota, Akio Toyoda, en torno al automóvil eléctrico han levantado una gran polémica dentro de una sociedad que cada día más se decanta por los extremos y en la que cada vez menos se buscan posiciones de equilibrio que permitan una evolución constante y decidida. Unas declaraciones en las que alertaba de las nefastas consecuencias que tendría prohibir todos los vehículos de combustión porque la industria del automóvil colapsaría. Y también el sistema eléctrico.

Hasta hace solo cinco o 10 años nadie se planteaba cambiar el concepto de la movilidad con el protagonismo indiscutible del coche movido por gasóleo en Europa o por gasolina en el resto del mundo. Pero en solo 10 años todo ha cambiado y ahora parece que cualquier cosa que no sea coche eléctrico de batería y cero emisiones en su utilización no vale. Y eso creo que es un error que pagaremos muy caro.

Fue a finales del siglo XIX cuando el automóvil irrumpió en la sociedad y solo después de muchos años de evolución llegó el primer coche fabricado en gran serie desde Estados Unidos, el Ford T, en el primer decenio del siglo XX. Y necesitó muchos años de evolución hasta conseguir situarse como una alternativa real para la movilidad. Parece que el automóvil lleva toda la vida con nosotros, pero en España hasta que se creó la marca Seat, en los años 50, la movilidad personal era una cosa solo de los más ricos.

Han pasado 70 años de esa evolución constante, de cambiar nuestros hábitos diarios, nuestras costumbres de movilidad, las rutinas para los fines de semana o las vacaciones de verano. A lo largo de este tiempo nuestros dirigentes han apostado a tope por la movilidad personal que aseguraba el automóvil, Han apoyado la instalación de fábricas de coches y han hecho crecer las ciudades pensando en el automóvil. De hecho, todas las grandes ciudades tienen pequeñas ciudades dormitorio separadas 20 o 30 km del centro de la urbe. En muchos casos, además, con un transporte público deficiente, lo que obliga al uso del automóvil.

Sin embargo en los últimos cinco o 10 años parece que todo ha cambiado. Y los automovilistas, que durante años eran los que hacían exactamente lo que quería el gobierno de turno, ahora de repente son "los malos de la película", los que contaminan y los que están potenciando el cambio climático. Seat lleva 70 años fabricando coches y sin embargo el coche eléctrico no tiene mucho más de 10 años operativo.

El Nissan Leaf, una referencia como vehículo eléctrico de gran serie, solo lleva ese tiempo en el mercado y desde entonces se han vendido 500.000 unidades. Es un buen registro, pero en esos 10 años se han vendido más de 700 millones de automóviles en todo el mundo.

Sin embargo, ahora parece que ya solo queremos hablar de coche eléctrico. Pero ojo de coche eléctrico de baterías porque no vale ningún otro concepto para todos los que apoyan con vehemencia el automóvil eléctrico. El híbrido enchufable es malo para ellos, el coche de hidrógeno también es malo y del híbrido casi ni hablamos. Curiosamente, todo es malo, menos el coche de baterías.

Pero también habría que analizar cómo se producen las baterías, si es muy eficiente o poco llevar un todocamino que para recorrer 400 km tiene que llevar 600 kilos de baterías encima. Aunque sin duda lo más importante es preguntarse dónde vamos a enchufar todos los coches eléctricos que hay que vender desde ahora para cumplir el compromiso de la Unión Europea,

La sociedad debe evolucionar con cabeza, debe ir modificando sus hábitos hacia una sociedad más sostenible pero sin poner en peligro nuestra vida. Si en 2030 o 2035 se prohíbe la venta de coches con motor térmico y la mayor parte de los coches eléctricos se fabrican en China, Japón, Corea o Estados Unidos, de qué va vivir Europa más allá de organizar viajes turísticos para los empleados de las compañías de automóviles instaladas en el resto del mundo.

Por supuesto, el futuro de la movilidad pasa por la electrificación pero la pregunta es si hay que ser tan visceral como para decir que solo vale el coche de baterías y que no sirve el híbrido enchufable como alternativa intermedia o que el coche del futuro será de hidrógeno. Los fabricantes de automóviles y los ciudadanos tenemos un reto, descarbonizar nuestra sociedad. Eso es innegable, pero también hay que analizar lo que vamos a pagar a cambio. Se habla mucho de lo que suben las ventas de coches eléctricos cada mes en España y Europa. Todos los "lobbys" del coche eléctrico argumentan con esas cifras.

Automatriculaciones

Pero se dice menos cómo se consiguen esas subidas de cifras. En el mes de diciembre, y a falta de una semana, se han multiplicado por ocho las cifras de automatriculaciones de vehículos eléctricos por parte de los concesionarios. Hay que cumplir con las normas de la UE y los fabricantes y los concesionarios automatriculan miles de coches para no tener que pagar multas. Un coche eléctrico no es lo que la sociedad quiere y puede pagar en estos momentos.

La UE puede alardear de que han subido mucho las ventas de coches eléctricos, pero la realidad es que suben las de vehículos de gasolina, que emiten más CO2 que los diesel. Y sobre todo, los ciudadanos están retrasando la compra de un coche nuevo por la incertidumbre creada y alargan el uso de uno más viejo, que es lo peor que se puede hacer para luchar contra el cambio climático.

Entre tanto, ni hablamos de barcos, de los grandes cruceros, o de los millones de aviones que cada día, al menos hasta la pandemia, sobrevuelan Europa y todo el mundo emitiendo toneladas de CO2. Parece que la solución es prohibir el coche con motor térmico en Europa, pero Europa sigue subvencionando el carbón para producir electricidad. En países como Bulgaria, o Estonia o República Checa, contamina más un coche eléctrico que uno diesel por cómo se obtiene la electricidad.

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