Las carreteras españolas, cada día más peligrosas
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Carlos Cancela

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Las carreteras españolas, cada día más peligrosas

Pese al confinamiento y la reducción de los desplazamientos la siniestralidad vial no baja en la misma proporción

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La siniestralidad vial en España no se reduce en la misma proporción que los desplazamientos.

España es uno de los países mejor posicionados en cuanto a siniestralidad vial dentro de la Unión Europea, pero con la llegada de la pandemia esta situación ha empeorado notablemente. Pese a que la situación actual de la pandemia hace que muchos usuarios no utilicen el coche, o que por ejemplo para esta Semana Santa estén prohibidos todos los desplazamientos no autorizados entre diferentes comunidades, las cifras de siniestralidad no bajan como deberían.

Desde el 1 de enero hasta el pasado 25 de marzo, las víctimas mortales en las carreteras españolas han sido 176, mientras que hasta el 25 de marzo del año 2020 esa cifra fue de 215 fallecidos. Una diferencia pequeña si tenemos en cuenta que hasta el 14 de marzo del año pasado, cuando se activó el confinamiento, era un año normal y que este 2021 es cualquier cosa menos un año normal. Sobre todo en lo que a desplazamientos se refiere.

En las carreteras españolas hay un problema fundamental y es que son pocos los usuarios que realmente cumplen las normas. Más que una reglas estrictas parece que en realidad son unas meras directrices. Una señal de 120 km/h significa que no se pueden superar los 120 km/h. No se trata de un recuerdo de lo que hay que hacer, pero que "yo puedo circular a lo que quiero". O una raya continua, que para muchos conductores parece un adorno más en la carretera.

En este momento tan extraño que vive nuestra sociedad tenemos un problema con la velocidad. Por un lado hay conductores que están más torpes de lo normal, más agarrotados al volante, porque apenas usan el coche y por ello se ven inseguros. Y la respuesta que aplican para seguir circulando es rodar por la carretera aún más despacio de lo que lo hacían antes. A ello se suma otro problema adicional, que hay usuarios que ya habían optado por el transporte público, pero que con el riesgo de contagio, aún muy elevado por la pandemia, han decidido volver a utilizar su coche particular.

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España era uno de los países a la cabeza por baja siniestralidad vial en 2019, mejor que Francia.

Por todo ello, ahora es bastante frecuente ver cómo los camiones tienen que ponerse a adelantar a los turismos, con el peligro que esta maniobra supone. Lo tienen que hacer porque hay coches circulando por una autovía a 80 km/h, que circulan así de lento por ese miedo y esa mayor torpeza al volante por la falta de práctica.

Este problema, ya de por sí bastante importante, tiene su contrapartida en el otro tipo de conductores, el de los más listos. Esos que aprovechan que hay menos tráfico en la carretera, menos atascos, para ir mucho más deprisa de lo que ya iban antes. Y ese es el grave peligro de las carreteras españolas, que se ha visto amplificado con la pandemia, la diferencia de velocidades entre unos y otros.

Si todo el mundo circulara a 120 km/h, sería mucho más difícil que se produjera un accidente y, de producirse, sería menos grave, no habría que adelantar tanto y tampoco sería necesario tanto cambio de carril, una maniobra arriesgada si no se hace correctamente. El problema es que ahora nos encontramos por la misma carretera y circulando a la vez, coches que van a 80 o 90 km/h y otros que van por encima de 150 km/h e incluso a mayor velocidad. Y esa diferencia es la clave de la siniestralidad.

Agresividad

Pero todavía hay un problema adicional para la siniestralidad vial como es la agresividad que desde la llegada de la pandemia afecta a algunos conductores. Parece que aprovechan el momento de subirse al coche para descargar toda su agresividad acumulada de días de estar encerrados en casa. Ya he visto al menos cuatro o cinco situaciones de este tipo, de un conductor que sale a perseguir a otro con una actitud que llega a ser criminal, intentado provocar un accidente. En cualquier caso, este incremento de la agresividad al volante no es más que una traslación de la situación de la vida real o de la situación política que vivimos en España al mundo de la movilidad.

La DGT tampoco ha sabido aprovechar esta situación de reducción del tráfico para aumentar las campañas de formación y concienciación a los conductores. O para poner más agentes en la carretera para controlar estas actitudes tan peligrosas. En un momento en el que se sale bastante menos, se está muchas horas en casa o en la "oficina virtual" y también con muchas horas de televisión, hay muy poco trabajo por parte de la DGT. Se limitan a aumentar los radares, que es la única política que practica eficazmente el organismo que controla Pere Navarro o a publicar cada día las cifras de víctimas del tráfico.

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