El dinero de los turistas protege mejor la naturaleza que tu ecologismo de salón

Las mancomunidades donde viven muchos animales salvajes prefieren el dinero de los turistas o cazadores a que alguien haga una campaña por Facebook con millones de me gusta

Foto: Cría de gorila en Uganda. (Javier Brandoli)
Cría de gorila en Uganda. (Javier Brandoli)

En el parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, ocurrió un milagro. Allí vivía un hombre, el Viejo Pereira, que soñaba por las noches con los viejos caminos del parque que él había recorrido en su juventud y por el día, con una cuadrilla, los reabría a machete tras 30 años de haberlo cubierto todo la selva. Había también una legendaria casa a la que iban los leones a ver el atardecer desde la azotea, trepando por las escaleras, y una creciente manada de elefantes que, hartos de que los masacraran, habían reducido de sus rostros los largos colmillos de marfil. Todo aquel espacio era un edén, perdido, que se iba repoblando nuevamente de especies. Y todo eso fue posible por el dinero de un hombre.

Tras la Guerra de Independencia y la posterior Guerra Civil, Mozambique se convirtió en el país más pobre del mundo. En 1992, el viejo Gorongosa portugués, uno de los lugares que los tres astronautas del Apolo XI eligieron visitar cuando se bajaron de la luna e hicieron un tour por un planeta que habían visto desde más lejos que nadie, era un erial de vida animal. Durante el conflicto los soldados mataron a decenas de miles de animales y el parque quedó abandonado hasta que la generosidad de un hombre, el filántropo estadounidense Greg Carr, decidió cambiarlo todo. Carr invirtió una fortuna en recuperar la vida animal en un parque que primero hubo que desbrozarlo -recuerden al Viejo Pereira- y luego repoblarlo. En eso están. Y lo están por el dinero del estadounidense, sin más, porque el resto de parques de Mozambique, salvo la agreste reserva de Niassa donde sencillamente hay vida animal porque es casi inaccesible para los humanos, siguen despoblados por obra del voraz homo sapiens.

Entre 2012 y 2014, Gorongosa sufrió de nuevo ataques que se mantenían medio ocultos. El conflicto civil entre la guerrilla de Renamo y las tropas del gubernamental Frelimo se avivó. Renamo tenía y tiene históricamente el control de esa zona y sus guerrilleros entraban al parque a por comida. Subí varias veces allí. Los responsables estaban muy preocupados, pero todo se mantenía en un relativo secreto para no empeorar las cosas. "Cazan con ametralladoras. Entran y matan de golpe a decenas de gacelas. No podemos hacer nada", nos contaba en una comida el grandísimo cámara de naturaleza estadounidense Bob Poole, responsable del fabuloso documental "Gorongosa, Africa´s Lost Eden". Yo vivía entonces a 400 kilómetros al sur del parque y en el mercadillo local de Vilankulos veía gacelas a la venta colgando de ganchos.

¿Qué salvará a Gorongosa? Lo hará el turismo controlado o el parque caerá de nuevo en el olvido. Pero no será un olvido natural, será humano. Y, por tanto, amenazante para algunas especies. Carr tenía un contrato por 20 años de explotación que ha renovado. El parque, poco visitado, vive de su generosidad y de la de otros donadores, pero si el americano un día se cansa o no tiene más dinero, y la gente no lo hace rentable, comenzarán de nuevo los problemas porque a la puerta del parque hay un animal muy peligroso esperando: el sapiens.

El sapiens, otro animal en el parque

Los elefantes, leones y búfalos no son las únicas especies que se han reintroducido en Gorongosa tras la guerra. Ante la falta de normas, los homo sapiens se han extendido por algunas zonas colindantes al río y la montaña.

Una vez fuimos a ver a unas familias que estaban desesperadas. Unos ancianos nos recibieron llorando. Era gente muy pobre que no tenía nada que no fuera un huerto que escupía cosechas con las que debían comer todo el año. Los elefantes habían detectado la comida del huerto, cruzado las aguas y acabado con todo el alimento de aquellas familias sin el más mínimo recurso. Lloraban y se sentían indefensos porque ni siquiera tenían dinero para comprar un arma con el que defender sus posesiones. ¿Y si la hubieran tenido? Entonces habrían matado elefantes, leones, hipopótamos o cualquier animal que se atreviera a desafiar la supervivencia del poderoso sapiens.

Elefantes en Gorongosa. (Javier Brandoli)
Elefantes en Gorongosa. (Javier Brandoli)

¿Cómo se arregla el conflicto? Una solución es echar al sapiens, convencerle de que viva en otro lugar, pero para eso hacen falta recursos. Recursos para desplazar a cientos de familias que les gusta tanto su casa y terreno como a ustedes les gustan las suyas, y recursos para vallar un parque, controlarlo y protegerlo para que otros sapiens no se introduzcan de nuevo en un lugar lleno de fertilidad y comida. En la actualidad en Mozambique viven en torno a 30 millones de sapiens, cifra que se estima que subirá hasta 127 millones en 2100. Habrá cien millones nuevos de ejemplares de sapiens que necesitarán alimentarse, calentarse, medicarse y disfrutar en el mismo espacio que el resto de especies. Si Gorongosa no es rentable como proyecto sostenible para satisfacer a esos sapiens, como pasa con los campos europeos donde ya no quedan animales porque nuestro progreso fue acabando con los improductivos lobos para salvaguardar a las productivas cabras, gallinas y ovejas, el parque acabará siendo con suerte un enorme campo de cultivo donde pastarán bellísimas manadas de vacas.

¿Ha dado resultado el dinero de Carr? En 1992 quedaban en el parque no más de 70 elefantes. Hoy hay ya más de 650 ejemplares.

La cabras y los leones de Zimbabue

En Zimbabue, en el parque de Hwange, entrevisté a Brent Stapelkamp, investigador de Oxford que trabajaba allí en un programa llamado Wildlife Conservation Research Unit. Brent, uno de los mayores expertos del mundo en la observación y conservación de estos felinos, me explicó. "Es importante entender que en algunas de las poblaciones rurales de aquí de Zimbabue dos cabras es el único patrimonio de una familia. Es su futuro y que un león las mate es un verdadero drama económico. ¿Por qué ahora se acercan más los leones a los poblados? Porque el león macho es territorial. Un macho domina una manada y un territorio de varios kilómetros a la redonda donde no puede entrar otro macho. Los leones jóvenes, si no pueden enfrentarse al macho alfa, tienen que buscar alimento a las afueras del parque, empujados también por una acción humana cada vez más beligerante en las áreas protegidas. Acaban entrando en aldeas y cazando ganado lo que supone que acaben siendo cazados por los pobladores".

Lo que explicaba Brent es que el sapiens defiende su territorio con el mismo instinto que el león: supervivencia. ¿Permitiría usted que un león se comiera su casa, coche y ahorros? A lo dicho por Brent hay que sumar que, además, el sapiens tiene otra terrible capacidad: matar por puro placer, algo que en los años que pasé observando a los grandes animales de la selva sólo vi que lo hacía también el chimpancé.

Brent proponía diversas soluciones. "Se puede poner un collar a los leones para tenerlos controlados por GPS y que los pastores puedan saber dónde están los felinos para mover y proteger el ganado. Otra solución es indemnizar a los afectados por ataques de leones a su ganado y permitir así que el felino no acabe acorralado y extinguido por la lucha con los humanos provocada por la falta de espacio. Hay que involucrar a los jefes tribales y pobladores de las villas limítrofes en las tomas de los parques y decisiones en el control de la fauna", afirmaba.

La vaquita marina de Leonardo Di Caprio

No todos los animales tienen la suerte de ser apadrinados por Leonardo Di Caprio y generar una campaña internacional de apoyos que ponga contra las cuerdas a un Gobierno; no todos los animales tiene la mala suerte de vivir rodeados de sapiens voraces y pendejos que practican el "narcobucheo"; y no todos los sapiens tienen la desgracia de ser pobres y que les hagan más pobres por todo lo anteriormente dicho. Todo eso junto pasó con la vaquita marina en el Mar de Cortés en México.

La supervivencia de la vaquita se convirtió en asunto de estado. Di Caprio se volcó en el tema tras visitar y grabar un documental en la zona que acabó con la firma de un memorándum de su Fundación y el Gobierno de México para intentar salvar a la especie. Acuerdo que en 2018 los medios mexicanos denunciaron que había incumplido el actor, al que acusaban de no haber aportado ni un sólo centavo de los prometidos.

En 2016 escribí un reportaje de la condena a muerte de la vaquita marina. El tema era complejo. La vaquita era víctima indirecta de la pesca ilegal de la totoaba, un pez cuyo buche se compraba en China como artículo de lujo. Con su vejiga natatoria (buche) se realiza una sopa llamada Seen Kow que tiene propiedades curativas y afrodisíacas. Cada buche se pagaba a más de 20.000 dólares la pieza y los narcos entendieron que era más rentable pescar con sus redes de arrastre totoabas que traficar marihuana o coca. Las vaquitas quedaban atrapadas en esas redes y algunos ejemplares se encontraron abandonados y muertos sobre una playa donde las dejaban los narcopescadores, enfrentados ya a tiros por el control de las aguas.

La presión ecologista internacional hizo que el Gobierno de Peña Nieto declarara una veda a la pesca con redes de enmalle de dos años en el Golfo de California. El plan, en el que se invirtieron 35 millones de dólares, no consiguió parar la muerte de la vaquita pese a meter helicópteros, barcas rápidas y drones a patrullar la zona, pero sí consiguió llevar a miles de familias a la ruina: "Los pobladores están en la ruina. Muchas mujeres que por ejemplo trabajaban en la industria manufacturera ganan 4.000 pesos al mes (200 euros) con el subsidio cuando antes con sus trabajos ganaban entre 12.000 y 20.000. Las millonarias compensaciones se pagan por barcas y hay gente, dueños de 15 o 20 barcas, que están ganando por no hacer nada cerca de 200.000 pesos mientras otros trabajadores apenas reciben dinero para sobrevivir", me explicaba en una entrevista el doctor Jorge Figueroa, regidor y ex presidente del municipio San Luis Río Colorado, uno de la poblaciones más afectadas por la veda.

500 dólares por ver los gorilas de Uganda

Desde la cima de la montaña, la selva de Bwindi, en Uganda, parecía realmente impenetrable. Entre su espeso follaje, un reducido grupo de exclusivas personas nos despeñamos 600 metros cuesta abajo en busca de los míticos gorilas de montaña. Entonces, por el año 2010, vivían allí 302 de los 786 gorilas de montaña que quedaban en el planeta, según un censo hecho por African Wildlife. El primate más grande del globo era una especie, otra más, que los homo sapiens estaban a punto de extinguir.

La caminata podía durar nueve horas, nos advirtieron, para incluso en ocasiones no encontrar a los primates. Entre un calor del carajo, avanzando entre bananos, ramas, campos de té y campesinos que mordían la tierra, terminamos encontrando un grupo de 15 gorilas más o menos a la hora y media. Era un milagro observarlos. Veíamos un milagro y por los milagros cuando no hay un Greg Carr de por medio se paga mucho. Nosotros, dos periodistas, estábamos invitados por el Gobierno de Uganda para hacer un reportaje, pero nuestros compañeros de ruta habían desembolsado cada uno 500 dólares, tarifa que sufragaba la contemplación de milagros y la protección de milagros. ¿Quién facilita que se maten animales que pueden generar 10.000 dólares en un día?

La población de gorilas de montañas ha alcanzado hoy los 1.000 ejemplares, según datos de WWF. En Bwindi superan los 400.

El caso opuesto de tortugas y langostas

El río Tortuguero es un caudal de 66,8 kilómetros de largo que desemboca en el Caribe costarricense. Justo en su desembocadura hay una serie de lodges en medio de la selva y una pequeña localidad, también llamada Tortuguero, que a un lado tiene el agua salada del mar y al otro el agua dulce del río. Cuando llegamos, los pobladores vareaban desde sus barcas, con largos palos, una laguna en la que un cocodrilo había sumergido el cadáver de una de sus presas, un niño de corta edad que parece se introdujo en el agua a bañarse.

Esa misma noche salimos en una excursión con un guía local al Parque Nacional a ver desovar tortugas. La parafernalia para turistas era divertida por excesiva, pero las propinas se dan con más alegría si te convencen de haber tenido la enorme suerte de ver algo inaudito. En medio de la noche cerrada acabamos viendo a un quelonio ascender por la playa, cavar una enorme agujero, desovar y después regresar al océano. En ese instante, la tortuga adulta debía sortear la posible red de tiburones que le esperaba dentro, algo que sus crías, de las que sobrevivirá una de cada cien, tendrá que hacer igual y sumar la amenaza de perros y pájaros para sobrevivir.

Sin embargo, hoy las tortugas se han casi salvado de su depredador más letal, el sapiens, que se ha convertido ahora en su aliado. ¿Por qué? "Las tortugas formaban parte de la dieta de muchas personas. Cuando se creó el parque nacional hubo que hacer un trabajo de concienciación con la gente para que no se las comieran. Fue complicado, porque era la dieta de los de acá, pero la gente se ha convencido de cuidarlas cuando ha visto que las tortugas daban dinero. En el poblado todo el mundo trabaja en el turismo", me explicó el guía.

Un tortuguero en Costa Rica echándose la siesta. (J. B.)
Un tortuguero en Costa Rica echándose la siesta. (J. B.)

¿Nadie las come ya? Casi nadie, me dijo riéndose y añadiendo: "Lo que cambió es la langosta. Antes la gente se las daba a los chanchos (cerdos). No se las comía nadie hasta que empezaron a llegar turistas y la gente vio que les encantaba y ahora se ha convertido en un producto muy caro. Es complicado ya pescarlas". Tortugas y langostas han tenido un proceso diverso en esta esquina del Caribe. En ambos casos la respuesta está en el dinero. Nada mata y nada preserva mejor la naturaleza que el beneficio del sapiens. El turismo genera hoy el 6,3% del PIB de Costa Rica, uno de los países del mundo que sirve de mejor ejemplo en conservación de naturaleza.

Esos cabrones ricos que cazan

El pasado 25 de noviembre mi compañera Alicia Alamillos escribía un artículo que se titulaba: ¿Te indigna que los ricos cacen elefantes? A esta ecologista africana no tanto". Léanlo. Es la voz de una mujer africana que se dedica a la conservación.

Diferenciar la caza reglada de la furtiva es importante: la reglada no permite la caza de especies en peligro de extinción ni de ciertos tipos de animales y edades. Entender que los sapiens conviven en zonas donde hay animales salvajes y hay que buscar un equilibrio es clave para una conservación práctica y no teórica. Hacer descastes de especies es algo que practican todos los parques nacionales del mundo.

No se puede permitir una superpoblación de elefantes, leones o hipopótamos sin afectar a otras especies, especialmente al sapiens. Usted no vive cerca de un elefante o un león que se come todo su patrimonio, sino que va de vez en cuando a verlos y le encanta hacerle fotos. Muchos africanos viven con esa naturaleza. Y a muchos africanos, como a usted, les encantan las neveras, vacunas, televisiones, abrigos y teléfonos móviles. Matar a un elefante por descaste o a un peligroso búfalo viejo y enfermo expulsado de la manada lo hará un ranger del parque o un poblador local gratis, o lo hará un cazador pagando una importante suma.

He visto en Mana Pools, Zimbabue, volar por los aires a una turista atacada por un búfalo agresivo y enfermo que se acercaba al poblado sapiens. Muchas de esas tierras están gestionadas por mancomunidades muy pobres a las que un cazador les paga 40.000 dólares por abatir a un ejemplar que hay que matar de todas formas. Ellos prefieren que alguien les deje ese dinero que una campaña por Facebook con millones de me gusta realizada por personas desde un lugar donde no hay un sólo animal salvaje desde hace siglos y donde si un perro ataca a un niño se le sacrifica, les apoyan en su loable lucha por vivir como se vivía en Europa hace quinientos años. Cómo gestionan esos sapiens su entorno es algo en lo que como decía Brent Stapelkamp se debe involucrar a los pobladores locales si se buscan resultados.

Hay también mucha gente que legítimamente está en contra de la caza. Yo no cacé en mi vida, no me interesa nada hacerlo, pero entiendo que si a uno le parece mal una foto de un tipo junto a un elefante muerto, le parece también mal encontrar un filete en una estantería del supermercado. ¿O es que gustan más las cebras que las vacas? ¿Alguien piensa que en los mataderos los animales mueren de viejos? ¿Nos parece bien que se haga dinero degollando cerdos que después nos comemos pero nos parece mal que se gane dinero cazando elefantes que después también se comen?

Quizá el problema es quién y cómo se legisla: "Estamos hasta los cojones de que personas de Madrid vengan a decirnos como cuidar estos montes. Llevamos siglos haciéndolo, como lo hicieron nuestros padres y abuelos, y ahora nos vienen de la capital a explicar como mantenerlos", me decía en 2007 un vecino del Bierzo enfadado por la nueva legislación de gestión de los parques nacionales de España que aprobaba el Gobierno.

Crónicas de tinta y barro
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