Corresponsales, la profesión que se extingue

¿Cómo se hace la información internacional en España? No hay poesía ni bellas metáforas en este texto, hay experiencias condensadas de una profesión tan fascinante como (generalmente) deteriorada

Foto: El corresponsal Ángel Sastre en Nicaragua (cedida)
El corresponsal Ángel Sastre en Nicaragua (cedida)
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¿Cómo se hace la información internacional en España? No hay poesía, bellas metáforas, ni aventuras en este texto, hay diversas experiencias condensadas de una profesión tan fascinante como (generalmente) deteriorada. Porque el periodismo, aunque a veces no lo parezca, es una profesión que para muchos es, además, una vocación. Ser corresponsal es, o debería ser, ejercer un oficio con unas reglas iguales a ser zapatero: trabajo y sueldo. Quítenle misticismo, que el misticismo no paga facturas y es el engaño desde el que se empezó a pudrir todo, y dejen un oficio, quizá uno de los más maltratados desde un punto de vista laboral de los que se ejercen hoy.

Maravilloso, vocacional, lleno de vivencias únicas, pero dejen que eso lo elija cada profesional cuando regresa a casa, abre la puerta y le espera una cama decente, planificar unas vacaciones o una familia o con la que recordar u olvidar que hoy convivió con cadáveres o cubrió una rueda de prensa en la otra esquina de una muy larga ciudad. Hace falta una copa de vino, a veces dos, para olvidar que por un trabajo en el que se han invertido días o uno se ha jugado el pellejo va a recibir la asombrosa cantidad de entre 25 y 50 euros. ¿Cuánto les parece un sueldo digno o un pago digno por hora de trabajo? ¿Por ir a vivir a Nueva York o Nairobi? Es caro, muy caro, vivir en Nueva York o Nairobi. ¿Por meterse en una guerra o en una barriada muy violenta?

Creo que nunca hubo más información internacional que ahora: las nuevas tecnologías, el abaratamiento de los viajes y una enorme cantidad de gente joven muy preparada, que habla idiomas y controla diversos formatos, posibilita ese milagro. Y creo que nunca los profesionales que la hacen sufrieron unas condiciones de trabajo tan, en ocasiones, denigrantes. Información rápida y reportajes fascinantes conviven en una balanza entre cantidad y calidad. La información internacional genera muchos likes y comentarios con epítetos en redes, pero con eso no se pagan facturas.

Vivir con 300 euros al mes

Asier Vera es un corresponsal puro y buen ejemplo de las fallas de este sistema. Es un corresponsal de raza, comprometido, que cree en las buenas historias y que las rastrea de principio a fin. Y es, también, el tipo que eligió instalarse en Guatemala y cubrir Centroamérica, esa tierra que por desgracia no le importa a nadie sino es para narrar volcanes que estallan o pilas de cadáveres. “Tuve que meterme en una caravana de migrantes un mes y medio para poder vender temas. La otra opción de venta son las tragedias como la explosión del Volcán de Fuego cuando no dormía para poder mandar cinco crónicas distintas a cinco medios. Tenía que aprovechar para ganar dinero”.

Asier Vera
Asier Vera

Asier es freelance, lo que en términos periodísticos españoles (amplia generalización) significa un bajo pago por pieza, ninguna seguridad y un uso interesado de medios que sólo se acuerdan de los periodistas en el extranjero cuando pasa algo gordo y se olvidan de cómo se mantienen allí el resto del tiempo. ¿Por qué preguntarse cómo sobrevive un corresponsal? Las radios y televisiones suelen llamar a gente sobre el terreno de lugares remotos cuando ocurre una gran desgracia o se da una exclusiva. Llaman para que entres por teléfono en sus programas… casi siempre gratis. Creen que una llamada de diez minutos se paga con cincuenta nuevos seguidores en redes y no ofreciendo un dinero por hacer tu trabajo que es básicamente contar lo que sucede. Para que haya un periodista contando qué ha pasado en un asesinato en México la premisa básica es vivir allí y eso cuesta dinero.

Asier no baja la guardia, curra como un descosido y se mete en las entrañas de las noticias. En la famosa caravana migrante centroamericana de 2018 durmió en los albergues y comió el rancho que le daban a los inmigrantes. Los acompañó hasta la frontera en Tijuana donde acabó el mismo contrayendo la varicela. Entonces cuadriplicó su facturación, pero acabó la caravana “y todo volvió al mismo lugar que antes”.

¿Cómo sobrevives en Guatemala? “Hay meses que facturo 300 o 400 euros. Yo me mantengo porque soy una hormiguita. Pago por una habitación 100 euros, voy en bici y cuando vuelvo a España a ver a mi familia me compro vuelos que tienen hasta cuatro conexiones para que sea más barato. ¿Pagan mejor los medios españoles o los centroamericanos? A veces paga mejor un periódico de Guatemala. Yo aquí en Nómada, que ya cerró, cobraba hasta 250 euros por un reportaje. ¿Puedes aguantar así? “Sino cambia nada, mi presencia aquí tiene fecha de caducidad, hasta que me arruine del todo, acabe un libro que estoy haciendo, regrese a mi tierra (Vitoria) y me recicle”. ¿Cómo ves el periodismo internacional? “Yo vivo de mi firma. Hago igual una pieza que me pagan poco que una pieza que me pagan más, pero yo soy primero comerciante y luego periodista. Cada día salgo, como el que sale a vender pulseras, a vender artículos. Siento una enorme felicidad cuando lo consigo”.

El desafío de ser corresponsal

Dice Enric González, uno de los grandes corresponsales españoles, que “el corresponsal, entendido como el periodista que reside de forma estable en un país extranjero e informa sobre él, es un hombre-orquesta”. El texto de Enric señala una singularidad importante: vivir de forma estable en un país extranjero.

Hoy se produce una confusión: en ocasiones se llama corresponsal a periodistas que se han especializado en una zona geográfica a la que viajan con más o menos regularidad. Se puede ser un gran periodista, conocer muy bien un área y hacer magníficos reportajes, pero para ser un corresponsal hay que vivir en el país o zona de la que se informa. Ser corresponsal no lo decide tener un contrato laboral o una asignación fija, lo decide vivir y escribir desde un país extranjero.

Gemma Parellada lleva 15 años instalada en África y haciendo coberturas de diversos países. Se ha pateado un inmenso continente en el que ha vivido de forma fija entre Sudáfrica y Costa de Marfil (donde reside ahora) y de forma esporádica en El Congo. Es, sin duda, una de la mejores y pocas voces que cuentan lo que pasa en África desde allí. Hay muchas y muchos corresponsales buenos que van a cubrir este interesante continente, pero la mayoría se va rindiendo hartos de vivir del humo. Ella, como veterana, tiene una visión de este oficio que debería explicarse en las redacciones y facultades. “Una corresponsalía en África debe estar en África, pero en África vale un poco todo. ¿Debe explicarse eso?”.

Gemma Parellada
Gemma Parellada

¿Por qué es importante vivir en el terreno también informativamente? Una primera razón es que se pueden hacer muy buenas entrevistas y buenos análisis hoy a 10.000 kilómetros, pero no se pueden hacer crónicas de un lugar que no se está o no se conoce.

Déjenme poner un ejemplo reciente del valor de estar sobre el terreno. Este verano se ha publicado en muchos medios del mundo el milagro italiano del covid porque las cifras que se veían desde cualquier ordenador del globo certificaban ese milagro. No he leído, sin embargo, una crónica de ninguno de mis colegas aquí que no cuestionara esos resultados. No por lo que decían los números, que eran para todos iguales, sino por lo que decían los ojos al salir a la calle. No escribía un corresponsal, escribía un vecino que analizaba no un número en una computadora sino lo que pasaba en una playa o un parque. Italia está ahora sumida de lleno en la segunda ola de contagios. El olfato del vecino/corresponsal era cierto, no ha habido milagro.

Una segunda razón es que la imagen que se da de un lugar sin vivir allí se distorsiona. Para poder conocer un país y poder contarlo hay que, antes de ir a un campo de refugiados o a un hospital de enfermos de Sida, comprar en un supermercado, haber ido al médico y tomado 20 autobuses. “No escribo sobre sitios que no conozco”, señala Gemma. Ahí surge un problema delicado a veces con las corresponsalías. Los editores, para justamente ayudar al corresponsal a ganar más dinero ante la falta de sueldos fijos, le encargan la información de enormes zonas geográficas para que firmando piezas diversas le salga un sueldo digno a fin de mes. ¿Corta y pega necesario? ¿Corta y pega de alta calidad porque el periodista conoce mejor el terreno? ¿Se puede en este periodismo por el que aún pocos lectores quieren pagar tener siete corresponsales distribuidos en un continente? ¿Se paga y se lee más la opinión que las noticias?¿Puede un tipo que vive en Sudáfrica escribir de lo que pasa en El Congo?

El problema es que muchos medios no invierten en coberturas y muchas de las que se hacen se hacen de la mano de ONG que pagan los gastos. “Hay un silencio absoluto en África sobre todo lo que no son ONG. Las voces son de extranjeros especializados, pero es una visión poco real del continente. Faltan políticos, activistas, artistas de aquí… Todas las voces son de malnutridos y refugiados. Hoy pagan las ONG y eso tiene un impacto directo en el victimismo con que se narra África”, opina Gemma.

Gemma, durante una entrevista
Gemma, durante una entrevista

¿Cómo ha cambiado este oficio? “Cada vez damos menos calidad y esto repercute. Demos más calidad y vendrá más gente a comprarnos, menos historias pero más buenas. Internet nos lleva a publicar más y más rápido”. ¿Cómo sobrevives? “Yo colaboro con medios españoles, estadounidenses y franceses. Sin los medios de fuera no podría vivir, pagan y tratan mejor. En estos 15 años he vivido la curva inversa, antes se pagaba más”. ¿Cuántos colegas has visto pasar por estas tierras? “Muchos. La gente dura de media dos o cuatro años y se van porque no pueden sobrevivir. De cuando yo llegué no queda nadie y yo aguanto porque gasto muy poco, tengo una magnífica red de compañeros, cuido mucho la calidad de mis historias... Una red de freelance no implica el abuso laboral que realmente es”.

Contar la guerra por 45 euros

Ángel Sastre lleva 15 años de corresponsal. Tras un paso fugaz y juvenil como periodista por Londres, “donde viví en una casa okupa para mantenerme”, le dieron con 24 años una beca y se fue a Argentina. Hoy, en su perfil de Twitter se presenta como “Reportero que trabaja en lugares de conflicto como Siria, El Salvador, Colombia; Venezuela, Ucrania, Irak, Palestina, México, Brasil, Qatar, India, Níger…”. Fue uno de los tres periodistas españoles secuestrados en Siria en julio de 2015 y liberados en mayo de 2016. Contar la guerra es un riesgo que muchos profesionales asumen, pero no siempre es mínimamente rentable. “Yo he tenido la fortuna de que nunca he pagado por ir a la guerra, pero alguna persona que ha venido conmigo sí lo ha tenido que hacer”.

Es complicado entrar en una zona de combate en Siria, entrevistar a narcos en Sinaloa o convivir con una mara en El Salvador sin pagar a un 'fixer' o a los protagonistas. A veces se trata de tener imaginación. “Conseguí entrar en una cárcel de El Salvador y entrevistar a un líder de una mara regalándole un balón firmado por Messi”, me contaba en México un investigador argentino que entregaba informes a grupos internacionales sobre el estado de las cárceles en Latinoamérica con el que planeaba ir a una prisión de Honduras. Le costó mucho falsificar la firma para que se pareciera a la del astro del Barcelona.

Ángel Sastre con la tropa Kaibil en Guatemala
Ángel Sastre con la tropa Kaibil en Guatemala

No siempre hay un balón firmado por un estrella de fútbol (aunque les sorprendería las puertas que abre el fútbol), y sólo queda hacer pagos de 100, 300, 500 dólares a “contactos”. En todo caso, entrar y narrar un conflicto cuesta a veces dinero, pero el problema de nuevo es la contraprestación que en ocasiones se obtiene. Antonio Pampliega, otro periodista especializado en coberturas en zonas de conflicto y secuestrado junto a Ángel en 2015, puso cifras concretas: “Te pagan 45 euros por crónica desde una zona de guerra”, explicaba en una entrevista de noviembre de 2012.

No pasa sólo en España. Leía hace poco una entrevista de la reputada corresponsal de guerra italiana Barbara Schiavulli en la que decía: “Estoy haciendo de todo para no trabajar con los periódicos italianos. Muchos editores quieren conducir la narración, quizá sin haber salido de un despacho, pagan poco y en ocasiones con mucho retraso. Por suerte sale una nueva realidad online que está probando con enorme esfuerzo a hacer algo diferente”.

“Toca reinventarse. Yo estoy trabajando en nuevos formatos. Es imposible ejercer de corresponsal, somos los últimos mohicanos”, dice Sastre. ¿Cómo son las condiciones laborales? “Como freelance, todo es de palabra. En el contrato siempre aparece un pago por pieza, los medios nunca quieren tener una obligación”, señala. ¿Por qué se va a la guerra? “Por interés en contar otras historias. Obviamente hay también un narcisismo, una adrenalina, quieres ser Supermán, pero me interesa cubrir estas historias, me parto el alma y me implico también con los que están jodidos”. ¿Te ha cambiado profesionalmente la vida tras el secuestro? “Tras el secuestro nos prometieron el oro y el moro. No he pedido favores a nadie, yo soy un depredador de historias que voy esquivando escombros. Mi frustración no es por el recuerdo de un secuestro, es por la situación profesional actual”.

La esperanza del pago

Hay también apuestas interesantes en el panorama del periodismo internacional español. Los corresponsales con contrato y sueldo fijo son una especie en extinción, pero hay periódicos generalistas que amplían sus coberturas en América Latina, webs que pagan mejor el reportaje, la alternativa nueva de los 'podcast', la llegada de los muros de pago… Entre todo este panorama que invita a un cierto optimismo destaca la revista 5W. Se trata de un proyecto que combina web y papel, especializado en información internacional de gran calidad. La gran diferencia es que al frente del proyecto hay periodistas y corresponsales, no gestores ajenos al oficio que creen que rentable es vender sartenes y regalar noticias (la diferencia al menos al hablar de calidad y trato al periodista que allí escribe).

“Nacimos en 2015 y tenemos ya más de 3.800 suscriptores”, explica Agus Morales, el director de 5W. ¿Cómo surge la idea? “No es nada original. Nace entre varios corresponsales que vimos que no había ningún medio especializado en información internacional”. Los textos son muy cuidados, la fotografía profesional y quizá tenga algo que ver el esfuerzo por pagarlos que hacen en un medio que ha apostado por dar calidad para convencer a lectores de que paguen por ella: “Pagamos por pieza y por coberturas. En web, 2.500 palabras son 200 euros. En papel, esas mismas palabras son 350 euros. Los grandes reportajes los pagamos entre 450 y 500 euros. También ayudamos a pagar ciertas propuestas de coberturas que nos parecen interesantes”, explica Agus.

Agus Morales en México
Agus Morales en México

Hay un detalle de la revista interesante, hacen una información internacional alejada de los estereotipos españoles. Uno de los grandes males de la información internacional española (creo) es contar el mundo desde el filtro español para hacerlo vendible. Lo que debería ser una herramienta para acercar temas complejos a la realidad de un lector no especializado se convierte en un abuso simplista en el que Venezuela deja de ser Venezuela para ser Podemos, Vox, PP... Ya no se lee o se explica la falta de democracia, violencia o hambre de un país, sino la visión de eso que se tiene desde otro. “La industria empuja a esa conexión. A veces el freelance sabe que una forma de vender un tema es pasarlo por ese tamiz nacional”, explica Agus. Siempre me acuerdo de una compañera belga que en Mozambique se reía de que los medios españoles hacen reportajes de un restaurante o una empresa española que se abra en cualquier esquina del continente.

¿Qué temas os funcionan mejor? Y ahí, como señalaba Gemma Parellada, quizá por tratarse también de un lector especializado de nicho, no se cumple con el mantra de que el estereotipo, politizado y polémico es lo que más éxito tiene. “Los temas muy largos y profundos son los más leídos. Estamos infantilizando al lector, escribir para el que no te lee es un peligro”, opina Agus. No les va mal con esa filosofía. “Este último año hemos crecido en suscriptores más que el año anterior. Tenemos buenas perspectivas”.

Opinión frente a noticia

Quedaron cosas fuera, claro, al escribir de este oficio. Se puede analizar mejor el vaso comunicante que es la calidad del medio, lector y periodista; el hecho de que en España es casi inexistente el fact-cheking y es general publicar sin un editor que contraste los hechos; el reto de que una única persona escriba de un país sobre economía, política, sanidad… pero todo eso es paralelo a las condiciones laborales que es de lo que trata este texto: si un artículo es malo o falso no se debe publicar y si no lo es se debe pagar debidamente.

En estos casi 11 años ininterrumpidos de corresponsalías que yo he hecho he visto a muchos y muy buenos corresponsales abandonar y regresar a casa porque no podían no ya ganar dinero sino sobrevivir al día a día. Un oficio no debe ser una actividad en la que se participa por pasión. Si uno cobra 50 euros por una pieza y para producirla gasta 70 no se ejerce una profesión, se paga por ejercerla. Si se gastan 10 euros pero se le dedica 8 horas de trabajo, se realiza una profesión donde el salario es 5 euros la hora. ¿Conocen muchas profesiones peor pagadas?

El culpable no es el periodista, es el editor que sabe que eso ocurre y lo admite. Si una panadería no es rentable, la solución no es convencer a todos los panaderos de que trabajen casi gratis, ¿no? Los jóvenes periodistas lo aceptan por hacerse un hueco, los veteranos a veces porque es tarde para aprender a hacer otra cosa. Hay muchos corresponsales firmando hoy portadas que trabajan de camareros, guías, dando clases… Al editor eso le da igual hasta que llega una gran evento informativo. Entonces la exigencia es que el periodista lo deje todo, mande buenas piezas y los cafés, turistas y los alumnos pasen a segundo plano durante tres días o una semana. ¿Y después?

El sistema es aún más enrevesado en otro aspecto. Las opiniones, columnas y tertulias copan la información y hay “opinadores” analizando la guerra de Siria o la situación en Venezuela, por ejemplo, que son lugares que no conocen. Entonces se produce esta irónica situación: un periodista que cobra 50 euros la pieza narra lo que ocurre en los hospitales de Caracas y un tertuliano lo lee y cobra el cuádruple por opinar sobre el drama que se vive en los hospitales de Caracas. La solución no es rebajar el salario del “opinador”, que aporta experiencia, rentabilidad y audiencia a sus medios, es mejorar el del corresponsal.

Hay también las notas positivas ya comentadas en el oficio, pero entre todas destaca la indiscutible realidad de que salir a contar el mundo seguirá siendo fascinante para muchos periodistas y seguir leyendo sus crónicas seguirá siendo fascinante para muchos lectores.

P.D. Esta semana que escribo este texto ha fallecido mi querido y admirado Javier Reverte, excorresponsal y el mejor escritor español de viajes. Un amigo generoso, narrador del mundo, rastreador de historias y vagabundo de vocación. Su ejemplo es el ejemplo de la senda que no debe perderse. Va por él este texto, por las veces que divagamos sobre estos temas junto a Ricardo Coarasa y una botella de vino por el medio. Te cansaste de este oficio lleno de intrigas, pero no de patear y narrar el globo. Dejaste el periodismo diario, pero no dejaste nunca de llevar un corresponsal en los pies.

Crónicas de tinta y barro
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