Los planes secretos de Donald Trump en política exterior

El principal discurso del candidato sobre sus planes para el resto del mundo ha sido considerado "serio". Al parecer, que se abstenga de decir vulgaridades ya parece un logro

Foto: Donald Trump, durante un acto de campaña en Indiana, el 2 de mayo de 2016 (Reuters)
Donald Trump, durante un acto de campaña en Indiana, el 2 de mayo de 2016 (Reuters)

Tras la 'gran' explicación de Donald Trump sobre su política exterior, el líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, dijo que estaba muy impresionado, destacando “la amplitud, la visión” del discurso. El 'Wall Street Journal' dijo que había sido “serio”. Jacob Heilbrunn, de 'The National Interest', opinó que el candidato estaba “más contenido”. Claramente, ahora consideramos una especie de maravilla que Trump pueda pasar 40 minutos delante de las cámaras y evitar las vulgaridades, abstenerse de hacer comentarios intolerantes y leer de un 'teleprompter'.

El discurso del pasado miércoles, 27 de abril, fue, de hecho, embarazoso, un batiburrillo de eslóganes que en su mayoría eran una porquería: “Debemos hacer que América vuelva a ser fuerte”; “Nuestro objetivo es la paz y la prosperidad”.

No incluyó sus propuestas más absurdas e imposibles, como la construcción de un muro en la frontera entre EEUU y México, impedir que la gente envíe dinero a sus familiares en México, prohibir a los musulmanes que entren en Estados Unidos e implementar un impuesto del 45 por ciento sobre los bienes chinos. Así que fue una mejora, supongo.

El aspecto más chocante del discurso fueron sus repetidas contradicciones. “Gastaremos lo que necesitemos para reconstruir nuestro ejército”, prometió Trump (aunque Washington ya gasta más que los siguientes siete países juntos). Pero casi en el mismo suspiro, habló sobre arañar peniques debido a la gigantesca deuda nacional. Trump se opone a las intervenciones humanitarias pero deja entrever que deberíamos haber intervenido para ayudar a los castigados cristianos de Oriente Medio.

Trump avisó a los aliados más cercanos de Estados Unidos de que si no pagan su justa parte en defensa -una queja de Washington desde hace al menos cuatro décadas- acabará con las garantías de seguridad estadounidenses para ellos. “No tenemos elección”, proclamó. Entonces dijo que sería un aliado cercano y confiable. Prometió ser “coherente” a la par que “impredecible”. ¿Aún no les da vueltas la cabeza?

Una piñata con forma de Donald Trump cuelga fuera de una tienda en Reynosa, México, en junio de 2015 (Reuters)
Una piñata con forma de Donald Trump cuelga fuera de una tienda en Reynosa, México, en junio de 2015 (Reuters)

Un político 'jacksoniano'

El discurso de Trump fue en su mayor parte autoindulgencia populista disfrazada de estrategia. Pero un aspecto quedó de manifiesto: Donald Trump es un “jacksoniano”. En su libro “Special Providence”, Walter Russell Mead explica que Andrew Jackson representaba un estilo marcadamente populista de pensamiento estadounidense que difiere sensiblemente de las otras grandes tradiciones ideológicas del país. Es anti-inmigrante y nativista, económicamente liberal y populista. En política exterior, es largamente aislacionista, pero, si se ve envuelto en un conflicto en el extranjero, es militarista y unilateral. En materia de comercio es proteccionista, y en todos los asuntos, profundamente desconfiado de las alianzas internacionales y las convenciones globales.

La tradición 'jacksoniana' describe de forma bastante clara la política exterior de Trump, aunque hay que añadir el narcisismo que permea cada aspecto la visión global del candidato. (“Soy el único -creedme, los conozco a todos-, soy el único que sabe cómo arreglar esto”). A los 'jacksonianos' les exasperan no los enemigos, sino los aliados. Quieren o abandonar el mundo o dominarlo totalmente. Para ellos, lo que es profundamente irritante -de hecho, intolerable- es lidiar con el mundo y trabajar con otros países para lograr progreso, gestionar conflictos y resolver problemas. Por desgracia, ocurre que eso es lo que viene a ser el grueso de la política exterior.

Si queremos derrotar al Estado Islámico, por ejemplo, aquello que lo haga posible va a ser complicado. Será una serie de movimientos militares que le arranquen el control de su territorio, esfuerzos políticos y económicos para ayudar a las fuerzas locales suníes que puedan mantener el terreno y proporcionar un gobierno efectivo para la gente, e intensos esfuerzos diplomáticos con países de la región para asegurar que apoyarán el proceso en lugar de sabotearlo.

Pero Trump tiene una idea mejor, un plan secreto que relegará al grupo al olvido. No va a decirles -o decirnos- lo que es, o cuándo sucederá.

En 1993, el senador-académico Daniel Patrick Moynihan escribió un ensayo titulado “Defining Deviancy Down”. En él explica que la sociedad estadounidense estaba aceptando calladamente como normal un comportamiento que sería considerado “anormal según un estándar anterior”. Bienvenidos a la campaña de Trump, de la que su discurso en política exterior ha sido solo el ejemplo más reciente.

El GPS global
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