Gobierno de Donald Trump: El declive de la influencia de Estados Unidos es la gran historia global de nuestro tiempo. Blogs de El GPS global

El declive de la influencia de Estados Unidos es la gran historia global de nuestro tiempo

Toda época necesita un marco narrativo. El de nuestra época es el auge de un mundo multipolar, acelerado por la renuncia voluntaria de EEUU al liderazgo que hasta ahora ejercía

Foto: El presidente Donald Trump embarca en el Air Force One en la Base Aérea de Andrews, Maryland, el 22 de diciembre de 2017. (Reuters)
El presidente Donald Trump embarca en el Air Force One en la Base Aérea de Andrews, Maryland, el 22 de diciembre de 2017. (Reuters)

Daniel Kahneman, ganador del Premio Nobel de Economía por haber cambiado nuestra comprensión de las motivaciones humanas, dijo en una ocasión: “Nadie ha tomado jamás una decisión debido a una cifra. Necesitan una historia”. Eso es tan cierto para las naciones como para los individuos. Los países siempre se han orientado dentro de marco narrativo internacional. Pero, ¿cuál es la historia global de hoy?

Durante décadas, la gran narrativa panorámica era la Guerra Fría. Casi todos los países actuaban o reaccionaban en el contexto de la lucha ideológica, política o militar. Después vinieron 1989 y el colapso del comunismo. Durante los siguientes veinte años, la apertura del mundo –la globalización- se convirtió en la tendencia dominante, a medida que los países se esforzaban por convertirse en los nuevos mercados de moda y el capitalismo democrático occidental parecía inevitable, afianzado por el poder y el prestigio estadounidense. Los ataques del 11-S le inflingieron un duro golpe a esta benigna narrativa, y durante un tiempo parecía que el terrorismo islamista estaba desviando el curso de la historia. Pero el terrorismo se ha demostrado una fuerza demasiado débil y limitada para convertirse en la gran historia global.

Así que, ¿qué lo es ahora? Yo argumentaría que la principal tendencia de hoy es el declive de la influencia estadounidense. No el declive del poder americano –el país sigue jugando en su propia liga en términos económicos y militares-, sino un declive del deseo y la capacidad de usar ese poder para darle forma al mundo. La Administración actual parece estar tratando de desmantelar los principales logros de Estados Unidos –como está haciendo con la Organización Mundial del Comercio- o simplemente no estar interesada en marcar la agenda global. Donald Trump será el primer presidente en casi un siglo en terminar su primer año en el cargo sin haber celebrado una cena de estado para un jefe de estado extranjero.

Y esta erosión del liderazgo global estadounidense ya está llevando a otros países a adaptarse. Este mes, el ministro de Exteriores alemán Sigmar Gabriel declaró que “los cambios más importantes que afectan a nuestro mundo occidental y, de hecho, a todo el mundo” se derivan de “la actual retirada estadounidense bajo Trump de su papel como un garante confiable del multilateralismo de influencia occidental”. Ese cambio, señaló, “está acelerando la transformación del orden global (…) y los riesgos de guerras comerciales, carreras armamentísticas y conflictos armados se está incrementando”.

Para Europa, argumentó Gabriel, la situación es casi existencial. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, dijo, “Europa había sido un proyecto estadounidense, en interés de unos Estados Unidos que lo comprendían claramente. Sin embargo, la actual Administración estadounidense ahora percibe Europa de una forma muy distante, viendo a los socios de antaño como competidores y a veces incluso como sus principales oponentes económicos”. Instó a Europa a tomar su destino en sus propias manos y despegarse de la política exterior estadounidense.

La ministra de Exteriores de Canadá Chrystia Freeland y el Secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson durante una rueda de prensa conjunta en Ottawa, el 19 de diciembre de 2017. (Reuters)
La ministra de Exteriores de Canadá Chrystia Freeland y el Secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson durante una rueda de prensa conjunta en Ottawa, el 19 de diciembre de 2017. (Reuters)

Consideren también el discurso que dio en junio la ministra de Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, en el que dio las gracias a EEUU por su liderazgo durante siete décadas del sistema internacional, y dio a entender de forma bastante clara que, bajo la Administración Trump, ese liderazgo estadounidense había llegado a su fin.

Mientras tanto, el presidente chino Xi Jinping dio un discurso en el 19º Congreso del Partido Comunista en octubre que reflejó su reconocimiento de estas nuevas realidades. “La posición internacional de China se ha elevado como nunca antes”, indicó, y la nación está “abriendo un nuevo camino para que otros países en desarrollo logren la modernización”. Xi anunció “una nueva era (…) que vea a China moviéndose hacia el centro del escenario y haciendo mayores contribuciones a la humanidad”. En discursos anteriores, había argumentado audazmente que China se convertiría en el nuevo garante del orden mundial en materia de comercio.

Esa, entonces, es la historia global de nuestro tiempo. El creador, mantenedor e implementador del sistema internacional existente se está retirando hacia un aislamiento centrado en sí mismo. El otro gran partidario y promotor de un mundo abierto y basado en reglas, Europa, no ha sido capaz de actuar de forma asertiva en la escena mundial con una visión clara o causa, y sigue obsesionada con el destino de su propio proyecto continental. Llenando el vacío de poder están surgiendo un grupo de poderes iliberales más pequeños –Turquía, Rusia, Irán, Arabia Saudí- en sus respectivas regiones. Pero solo China tiene verdaderamente los medios y la pericia estratégica para poder dar forma al próximo capítulo de la historia de nuestro tiempo.

Hace una década, describí un “mundo post-estadounidense”, nacido no solo del declive de los Estados Unidos sino del “auge del resto”. Ese mundo está de hecho convirtiéndose en realidad porque otros países están prosperando, pero los cambios están siendo acelerados dramáticamente por las decisiones estúpidas y contraproducentes de la Administración Trump de renunciar a la infuencia global de EEUU, algo que había llevado más de 70 años construir. Como podría tuitear el propio presidente: “¡Muy triste!”.

El GPS global

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