El libre comercio, la última barrera del Partido Republicano frente a Donald Trump

El presidente ya ha conseguido modificar la posición del partido en cuestiones como la inmigración, la política exterior o la disciplina fiscal. Si vence en los aranceles, habrá ganado la guerra

Foto: El presidente Trump se deshace del bolígrafo usado para firmar la proclamación de aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio en la Casa Blanca, el 8 de marzo de 2018. (Reuters)
El presidente Trump se deshace del bolígrafo usado para firmar la proclamación de aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio en la Casa Blanca, el 8 de marzo de 2018. (Reuters)

La pelea por los aranceles es la batalla política más importante que está teniendo lugar en EEUU en estos momentos, algo mucho más amplio que una simple disputa sobre las importaciones de acero y aluminio. Es la última barrera del Partido Republicano frente a una conquista total del presidente Trump. Habiendo cedido terreno a Trump en cuestiones de carácter personal, inmigración, la reforma de privilegios y otras cosas, los líderes republicanos han optado por marcar el límite en el libre comercio. Si son vencidos también en este aspecto, Trump habrá completado la transformación del partido.

En las últimas semanas, Trump parece haber recordado que es un populista o al menos que interpreta a uno ante las cámaras. Tras haber hecho campaña como el tribuno de la clase trabajadora olvidada, le ha cedido su presidencia al ala del 'establishment' del Partido Republicano, que se ha dedicado a atacar el Obamacare, revertir las regulaciones y aprobar un enorme recorte de impuestos para las empresas y estadounidenses ricos. Pero tal vez para consolidar sus bases antes de las elecciones de mitad de mandato, o porque realmente cree parte de su propia retórica, se está poniendo duro contra los aranceles (y la inmigración).

Como suele suceder, Trump está más en línea con las bases del partido que muchos de sus líderes. Una encuesta reciente de la Universidad de Quinnipiac descubrió que los votantes, igual que el 'establishment' republicano, se oponen mayoritariamente a los aranceles de Trump. Pero la mayoría de los votantes republicanos los apoyan. De hecho, durante la última década, el apoyo republicano por el libre comercio se ha desplomado 21 puntos (mientras que el apoyo demócrata ha crecido en 14 puntos). Este es uno de los cambios más pronunciados en una cuestión política pública de importancia de la historia reciente.

El nuevo Partido Republicano está saliendo a la luz. Es un partido escéptico acerca de los mercados libres. Hay que recordar que no es realmente posible estar a favor del capitalismo y en contra del libre mercado. De Adam Smith a Milton Friedman, todo gran teórico del capitalismo ha reconocido que el libre mercado está en el corazón de lo que hace que el capitalismo funcione. Y todos han señalado que los aranceles son precisamente el tipo de intervención gubernamental -con el estado decidiendo a qué industrias favorecer, a qué compañías recompensar- que produce ineficiencia y corrupción. Pero los republicanos se sienten cómodos ahora con la intervención del Gobierno, siempre que favorezca a la gente correcta.

Planta de acero clausurada en Bethlehem, Pennsylvania, en abril de 2016. (Reuters)
Planta de acero clausurada en Bethlehem, Pennsylvania, en abril de 2016. (Reuters)

El Viejo Gran Partido (GOP), como se le conoce en EEUU, también ha desarrollado un desprecio por los expertos y sus análisis. En 1980, con el liberalismo ideológicamente engreído y dominante, el senador demócrata por el estado de Nueva York Daniel Patrick Moynihan señalío que “el GOP se ha convertido en un partido de ideas”. Hoy, el ideario el Partido Republicano está dirigido no por intelectuales como Irving Kristol y William F. Buckley Jr., sino por comentaristas televisivos como Sean Hannity y Rush Limbaugh.

Hay que considerar que a los aranceles de Trump se opone una notable colección de instituciones académicas de todo el espectro político, incluyendo la conservadora Fundación Heritage, el libertario Instituto Cato, la Institución Brookings, de centro-izquierda, y el izquierdista Centro para Investigación Económica y Política. La Casa Blanca apenas ofrece argumentos serios, proporcionando en su lugar una excusa barata para los aranceles -la seguridad nacional-, incluso pese a que China y Rusia suministran solo una pequeña porción de estos bienes a EEUU.

A pesar de que los estudios muestran que las políticas proteccionistas previas han fracasado, que la industria del acero ha perdido más empleos debido a la eficiencia y la automatización que al comercio, y que preservar un solo trabajo en las industrias del acero o el automóvil a través de aranceles les cuesta a los consumidores la friolera de 1,5 millones de dólares, los partidarios de la Administración ya ni siquiera ofrecen una respuesta. Los datos son simplemente descartados como un intento partidista o como 'fake news'.

Finalmente, el Partido Republicano se está volviendo hostil a los extranjeros y a los demás países. Bajo el presidente Ronald Reagan, los republicanos apoyaron una política de inmigración generosa, unas alianzas fuertes y la fe en el avance de la democracia en todo el mundo. Hoy, incluso los aliados tradicionales como los europeos son vistos con creciente desconfianza. Es extraño haber elegido aranceles que amenazan sobre todo a aliados estadounidenses como Canadá, la Unión Europea, Corea del Sur y México. El comercio produce disrupciones, muy serias en las últimas décadas. La forma más rentable y sensible de lidiar con ellas sería proporcionar subsidios a los trabajadores que pierden sus empleos debido al comercio, e invertir en esfuerzos de formación a gran escala. Pero eso no tiene la misma pegada que atacar a los extranjeros u orquestar un conflicto comercial.

Habiendo transformado ya la visión del partido en cuestiones tan diversas como la inmigración, la disciplina fiscal, la política exterior y el cumplimiento de la ley, si Trump gana la batalla sobre el comercio con su partido, habrá ganado la guerra. El Partido Republicano será historia. Y dadas sus preferencias históricas, quién sabe: probablemente querrá cambiarle el nombre a Partido Trump.

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