¿Tienen alguna explicación todas las protestas que hay en el mundo?

En estas últimas semanas, manifestaciones por todo el mundo - de Chile al Líbano, pasando por Irak o India - han agitado el tablero internacional. Algunos señalan que tiene una misma raíz

Foto: Policía antidisturbios en Quito, Ecuador. (Reuters)
Policía antidisturbios en Quito, Ecuador. (Reuters)

Hace nueve años, con epicentro en Túnez, una serie de protestas empezó a agitar Oriente Medio. Fue entonces cuando empezó la conocida como Primavera Árabe. En estas últimas semanas, parecía que algo similar estaba ocurriendo por todo el mundo. De Chile al Líbano, pasando por Irak o India, han surgido varias manifestaciones y marchas. ¿Hay un elemento común en este otoño de protestas?

A primera vista, el origen de estos movimientos parece muy distinto. Pero todos están ocurriendo con un preocupante telón de fondo: el colapso del crecimiento económico. A lo largo del año pasado, el Fondo Monetario Internacional ha cortado drásticamente sus estimaciones de crecimiento para 2019, advirtiendo que “la economía global se encuentra en una ralentización sincronizada” creciendo a “su menor ritmo desde la crisis financiera internacional”.

Cuando el crecimiento colapsa, la ansiedad aumenta, sobre todo entre la clase media que se siente exprimida, enrabietada por la corrupción y la desigualdad. Ellos tienen la capacidad de alzar la voz. Chile es un ejemplo, donde la subida de las tasas del metro ha causado la peor violencia callejera en décadas. El descontento ocurre en un ambiente donde la confianza es cada vez menor. No hace mucho tiempo, Chile era la estrella económica de Latinoamérica, con un crecimiento del 6% en los 90 y del 4% a partir de los 2000. En los últimos cinco años, la media del crecimiento ha sido del 2%. El FMI ha recortado sus estimaciones para Latinoamérica del 2% al 0,2% en el último año.

Ni los chinos se libran

El desplome se extiende más allá de Latinoamérica. El Líbano, otro sitio de protestas, ha visto caer su crecimiento hasta el 0%. Incluso los países más ricos del mundo se ven afectados. José Luis Daza, director de un fondo de inversión en Nueva York, señala que el Grupo de los Siete Países (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino unidos) ha crecido a la mitad de la tasa esta década que hace 20 años. Y esto sucede a pesar de que los bancos centrales ha cortado sus tasas de interés a niveles récord. La propia Alemania, la locomotora de Europa, puede haber entrado en una recesión, según su banco central.

¿Por qué está pasando esto? Hay muchos motivos y circunstancias que cambian según el sitio en el que estés. Pero en los últimos años, el populismo y el nacionalismo han aumentado en todo el mundo - y, con ellos, han llegado políticas cortoplacistas que impiden el crecimiento a largo plazo-.

No es solo un problema de las democracias. China ha sido la segunda mejor fuente de vitalidad económica en el mundo. Pero desde que Xi Jinping ascendió a la presidencia en 2013, el país ha obviado las reformas económicas claves. Nicolas Lardy, del Instituto Peterson, ha demostrado que, en los últimos años, Beijing ha desviado crédito y apoyado a empresas estatales mientras ha drenado los recursos del sector privado. El resultado, concluye Lardy, ha sido una ralentización significativa del crecimiento chino. Y solo va a peor. Además, China es tan grande que su decrecimiento tiene efectos dañinos mucho más allá de sus fronteras. La razón principal de las heridas alemanas es el hundimiento de la demanda china.

Crecimientos hundidos

En India, los manifestantes se quejan ante el alto precio de las cebollas, punto clave para saber que una economía está trabajando a un menor rendimiento de lo debido. El primer ministro Narendra Modi hizo campaña como un reformista 'business friendly' pero ahora gobierna como un estatista. El crecimiento en India se ha ralentizado al 6% o probablemente más porque el gobierno podría estar inflando las estadísticas.

En México, el populista de izquierdas con su agenda anti mercado Andrés Manuel López Obrador ha llevado a la economía a un acantilado. Fitch ha calificado la deuda de la compañía estatal de petróleo como bonos basura y el crecimiento económico está cercano al 0.

Mientras algunas de estas tendencias llevan cogiendo fuerza en los últimos años, las decisiones del líder económico mundial han llevado las cosas al borde del colapso. El proteccionismo del presidente Trump ha agitado a los gobiernos, negocios e inversores de todo el mundo. El FMI explica que la “debilidad del crecimiento es liderado por un profundo deterioro en la actividad manufacturera y el comercio global, con altos aranceles y una continuada inseguridad en política comercial afectando a la inversión y a la demanda de bienes capitales”.

La economía de EEUU está, por ahora, en buena salud, pero uno se puede preguntar hasta cuándo va a seguir siendo una isla. El mundo está plagado de incertidumbre, con el Brexit cada vez más cerca de consumarse, un 'impeachment' acechando en Washington y tensiones entre China y EEUU continuando. Mientras, los gobiernos se siguen quedando sin munición, con altísimas deudas y tasas de interés muy bajas.

Las protestas políticas son causadas por una combinación de extraños factores: expectaciones arruinadas, creciente desigualdad, corrupción persistente y una profunda sensación de frustración. Pero estas suelen ocurrir cuando el crecimiento económico se deprime.

El GPS global
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