Me equivoqué pensando que Trump perdería en 2016. En 2020, doblo la apuesta

El presidente tuvo la suerte de que se enfrentó a la segunda candidata menos popular de la historia moderna en EEUU, después de él mismo

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

En 2016, fui uno de esos que no creyeron que Trump ganaría la presidencia. Como muchos, estudié las encuestas y creí que mostraban un cómodo margen de voto en su contra. Pensé que la gente sería capaz de ver a través de su fachada. Era simplemente demasiado raro, demasiado vulgar, absolutamente ignorante de la mayoría de los asuntos políticos y patológicamente incapaz de decir la verdad, incluso sobre cosas triviales. Durante la campaña de 2016, por ejemplo, afirmó que se había encontrado con Vladímir Putin, algo que era fácil de refutar.

Pero creo que lo que me convenció más de que Trump iba a perder es que yo creía en un EEUU diferente. Trump se había catapultado a sí mismo al escenario político con un esfuerzo sin vergüenza de explotar el prejuicio blanco contra el primer presidente negro de EEUU, Barak Obama. Trump anunció su campaña para la Casa Blanca con insultos contra los mexicanos. Propuso un "total y completo" cierre de las fronteras del país a todos los musulmanes de cualquier lugar del mundo. Durante la campaña, su retórica hacia los extranjeros y las minorías fue insultante.

No creí que los estadounidenses apoyarían esto. Llegué a EEUU en 1982, en medio de una profunda recesión, como un estudiante de piel oscura con una beca y un extraño nombre, sin dinero y sin contactos. Encontré un país que me dio la bienvenida con los brazos abiertos. Todavía me acuerdo lo sorprendido que me quedé con lo amigable y genuinamente cálida que la gente era conmigo. Había sido más consciente de ser musulmán a través de los ojos de los demás en India que lo que era en EEUU.

Quizá viví una vida protegida en una ciudad-dormitorio para estudiantes en Nueva Inglaterra, y después en Nueva York, pero vi muy poco de la marca de racismo desnudo 'trumpiana'. Sabía que existía, por supuesto, había leído sobre ella en libros y periódicos, la había visto en televisión y películas, pero no entendía verdaderamente la magnitud del fenómeno. Así que puse menos confianza en la evidencia para la victoria de Trump de lo que debería haber hecho. Simplemente no podía creer que alguien con esa visión del mundo tan cargada de racismo pudiese hacerse con el país.

Y aquí está la cosa: todavía no lo creo. En primer lugar, muchos estadounidenses votaron por Trump a pesar de su "cebo racial", no por él. Pero mucho más importante, la mayoría de los estadounidenses no aprueba a Trump y no lo han hecho durante casi toda su presidencia. Su tasa media de aprobación en su presidencia es la más baja que ha tenido ningún presidente desde que empezamos a registrarlo. Como ha dicho el periodista de 'The New York Times' Nate Cohn, Trump tuvo la suerte de que se enfrentó por la presidencia contra la segunda candidata menos popular de la historia moderna en EEUU (después de él mismo). Gracias a los colegios electorales y unos pequeños márgenes en tres estados, fue capaz de hacerse con la Casa Blanca.

Si gana Biden, su desafío será hacer entender que el país ha sido siempre un gran experimento, un intento de crear la primera nación universal

Hay partes de la coalición Trump que están ansiosos por el futuro del país —y su lugar en él— y son por tanto susceptibles al veneno de serpiente que vende un buhonero inteligente como él. Estados Unidos está cambiando. Si tenemos en cuenta el corazón del apoyo a Trump, blancos sin educación universitaria, ves que es una demográfica cada vez más pequeña en el porcentaje de la población adulta. Si vemos el corazón del apoyo a Joe Biden, blancos con educación universitaria y minorías, están creciendo en gran medida. El 'The New York Times' analizó los datos y descubrió que en Florida, el bloque central de los votantes de Trump, blancos sin educación universitaria, ha caído en 359.000 desde 2016, mientras que la coalición Biden ha crecido en 1.579.000 personas. En Pensilvania, la base de Trump se redujo en 431.000 personas, mientras que la de Biden creció en 449.000.

Si gana Biden, su desafío será hacer entender a todos los estadounidenses que el país ha sido siempre un gran experimento, un intento de crear la primera nación universal. Hoy, honrar ese ideal significa abrazar todo tipo de gente, negros y blancos, autóctonos e inmigrantes, gay y hetero, y muchos más. Es un proceso lioso, y puede parecer disruptivo y desordenado. A veces se empantana en disputas sobre terminología y corrección política. Pero todo es parte de un noble esfuerzo para asegurar que todos en este país finalmente se sientan incluidos en el 'sueño americano'. Desde el nacimiento de la nación, ha ido expandiendo gradualmente la idea de libertad y democracia, haciendo grande a Estados Unidos al avanzar hacia el futuro en lugar de volver a caer en la nostalgia del pasado.

Mientras tanto, me arriesgaré y predeciré una vez más que Trump perderá estas elecciones. Humillado como estoy después de estos cuatro años, todavía prefiero apostar y creer en lo mejor de Estados Unidos.

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