El corazón industrial de Ucrania declara su independencia y pide anexionarse a Rusia

El día se desarrolló con relativa calma. Slaviansk despertó con fuertes tiroteos y explosiones; en Krasnoarmeisk los combates causaron un muerto

El este de Ucrania sigue la estela de Crimea. Las autoridades sececionistas de la autoproclamada República de Donétsk han declarado hoy su independencia de Ucrania y piden integrarse en Rusia. Un día después de que el 89% de lo votantes en el referéndum soberanista celebrado ayer votasen a favor de la autodeterminación de esta región, corazón industrial de Ucrania, Denis Pushilin, copresidente de la "República Popular de Donétsk", solicitó a Moscú que considere la integración del nuevo Estado independiente en el seno de la Federación Rusa.

"Nosotros, el pueblo de la República Popular de Donetsk, de acuerdo con los resultados del referéndum que se celebró el 11 de mayo de 2014 y en virtud de la declaración de soberanía de la RPD, declaramos que ésta constituye un Estado soberano", reza la proclamación, leída por Pushilin. Después dijo a los periodistas que "la tierra de Donetsk siempre ha sido parte del mundo ruso, independientemente de su pertenencia étnica".

Poco después, la región de Lugansk (sureste) ha seguido sus pasos para declarar también su independencia de Ucrania, un día después del referéndum en el que el 96% de los votantes apoyó esa opción. La agencia rusa RIA Novosti indica que la región pedirá a la ONU que reconozca su independencia.

"¡Mire, mire cuantos terroristas!"

Civiles y milicianos actuaban ayer en Donetsk con la confianza de quien se siente apoyado por un gran grupo. Las colas de gente se estiraban centenares de metros hacia calles y parques para poder votar en un referéndum que, pese a no ser reconocido por ningún país ni observador, refuerza el vigor de los rebeldes prorrusos que desde hace un mes le roban el aliento a Ucrania.

Los organizadores cifraron en un 70% la afluencia en Donetsk y un 80% en Lugansk, y se mostraron sorprendidos por la participación masiva, mientras Kiev, que tacha la consulta de ilegal e inútil, rebajó la participación a dos tercios del electorado. Los prorrusos también amenazaron con considerar a las tropas ucranianas, operativas en la región, como ejército ocupante

Los organizadores cifraron en un 70% la afluencia en Donetsk y un 80% en Lugansk, y se mostraron sorprendidos por la participación masiva, mientras Kiev tacha la consulta de ilegal e inútilEl día se desarrolló con relativa tranquilidad salvo en las ciudades más sensibles. Slaviansk despertó con fuertes tiroteos y explosiones que no dejaron víctimas; en Krasnoarmeisk los combates causaron un herido y un muerto y el ejército ucraniano logró impedir la votación en Novoaidar. Esa fue la respuesta del Gobierno central al plan secesionista que desde hace un mes amenaza con escindir el país.

En medio de los rumores de un posible ataque, las metralletas y chalecos antibalas se dejaron ver frente a la Administración ocupada de Donetsk, donde tiene lugar el recuento, así como en algunos colegios electorales. La reciente matanza de Odesa y los combates en Mariupol trufaron el discurso de los votantes y han podido influir en la participación.

En la escuela número 95 del distrito de Kalinin, en los suburbios de Donetsk, los ciudadanos mostraban su pasaporte para ser inscritos en casillas vacías e introducir la papeleta en las urnas selladas. La presidenta de la mesa electoral, Asya Gafárova, señala a los votantes y dice: “Mire, ¡mire cuántos terroristas y separatistas! Eso es lo que dice la televisión ucraniana”. Gafárova está orgullosa de la participación. “Es la primera fiesta democrática en 23 años”.

“La gente sólo sigue la propaganda rusa”

Los papeletas, que constaban de una única pregunta (si se desea o no la independencia), no reflejaban las opiniones de quienes acudían hoy a las urnas, y que podríamos dividir en cuatro:

(a) Más autonomía regional para Donetsk como primer paso hacia una Ucrania federal.

(b) Un Estado independiente.

(c) Un protectorado o parte de Rusia.

(d) Lo que importa es salir a la calle para que Kiev nos vea y entienda que nuestra opinión también cuenta.

El día se desarrolló con relativa tranquilidad salvo en las ciudades más sensibles. Slaviansk despertó con fuertes tiroteos y explosiones que no dejaron víctimas; en Krasnoarmeisk los combates causaron un herido y un muerto y el ejército ucraniano logró impedir la votación en NovoaidarTambién resonaban los silencios y las caras largas. Bohdan, que pasea por entre las urnas con aire despistado, es un bloguero proucrainiano de 21 años que ha venido a observar el referéndum para poder explicarlo en Twitter. “Esto es ilegal, no se puede celebrar un referéndum en esta situación, con ataques y gente armada patrullando las calles. La gente no entiende lo que hace, sólo sigue la propaganda rusa”.

Bohdan asegura no estar sorprendido; comprende que las personas mayores, mayoría en las colas de votantes, sueñen con volver a la antigua URSS, cuando el trabajo y las vacaciones pagadas estaban aseguradas. Dice que muchos amigos suyos ya están planeando mudarse a Kiev para trabajar o seguir estudiando. “Donetsk se va a convertir en Transnistria”.

Los periodistas entran y salen de los colegios, que dejan trabajar sin acreditación ni pegas de ningún tipo. “¡Fotografía esto!”, exclama una señora moviendo su pasaporte. “¡No es un pasaporte ruso”. El canal de televisión Donbas TV cubre el referéndum con cautela. Sus estudios están en el mismo edificio que una comisión electoral, y cuentan con seguridad mixta: la de sus empleados y la de activistas prorrusos. “Nos intentaron asaltar en la televisión dos veces”, me dice un periodista del canal que prefiere no ser identificado. “Al final convencimos a sus líderes de que no daríamos problemas; lo único que hacemos es contar lo que ocurre sin opinar. Somos periodistas”.

Ajmétov, el hombre más rico de Ucrania

Con o sin apoyo internacional, el verdadero reto empieza ahora: en el mismo momento en que los rebeldes se arroguen el mandato popular y formen gobiernoDonbas TV siempre muestra la bandera de Ucrania en la esquina superior derecha de la pantalla con las palabras “Ucrania Unida”. Cuando sus periodistas salen a la calle, algún habitante airado se lo reprocha con malas maneras. “La gente está muy enfadada”, dice preocupado. A la pregunta de quién es el dueño de la televisión, el periodista me responde sonriendo como quien le explica una obviedad a un niño: Rinat Ajmétov, el hombre más rico de Ucrania.

Otros canales sí fueron ocupados hace semanas con bates y navajas, como la televisión pública, cuyos trabajadores son ahora obligados a emitir el canal oficial ruso Rossiya 24 (prohibido desde Kiev por miedo a la propaganda). Son las marcas, muchas veces invisibles, de la crispación. Junto a un colegio electoral hay un moderno edificio cuyas ventanas están completamente destrozadas. “Es una compañía rusa”, cuenta una mujer al salir del edificio. “Los revolucionarios creyeron que era una empresa del gobernador Taruta (nombrado por Kiev y que ahora tiene su despacho en un hotel)”.

Con o sin apoyo internacional, el verdadero reto empieza ahora: en el mismo momento en que los rebeldes se arroguen el mandato popular y formen gobierno

En el frente de Ucrania
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