Europa tendrá que esperar: Merkel no tiene prisa por formar gobierno
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Aurora Mínguez

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Europa tendrá que esperar: Merkel no tiene prisa por formar gobierno

¿Prisa por formar gobierno? En absoluto. No hay ningún mandato legal que obligue a Angela Merkel a tener definido su equipo de ministros en una fecha

Foto: Angela Merkel sonríe durante una rueda de prensa ofrecida en la sede de la CDU en Berlín. (Reuters)
Angela Merkel sonríe durante una rueda de prensa ofrecida en la sede de la CDU en Berlín. (Reuters)

¿Prisa por formar gobierno? En absoluto. No hay ningún mandato legal en la República Federal que obligue a Angela Merkel a tener definido su equipo de ministros en una fecha concreta. Los contactos durarán lo que sea preciso, y parece que va a ir para rato. Sólo un ejemplo: en las negociaciones de la última Gran Coalición (2005-2009), después de unos comicios en los que la CDU y el SPD quedaron muy igualados, la cosa se prolongó casi dos meses. Las elecciones tuvieron lugar un 18 de septiembre; Merkel fue investida como canciller el 22 de noviembre.

En este caso, todo es aún más complicado. La experiencia de los últimos dos gobiernos de coalición alemanes demuestra que es peligrosísimo meterse en la cama de Angela Merkel. Sus parejas políticas acaban abrasadas. Ocurrió con el SPD, que después de ese matrimonio de conveniencia obtuvo los peores resultados electorales de su historia centenaria. Y ha pasado lo mismo con los Liberales, que han sido expulsados del futuro Parlamento como del paraíso. ¿Quién querrá meterse en la caverna del lobo?

La experiencia de los últimos dos gobiernos de coalición demuestra que es peligrosísimo meterse en la cama de Merkel. Sus parejas políticas acaban abrasadas. Ocurrió con el SPD, que después obtuvo los peores resultados electorales de su historia centenaria, y ha pasado lo mismo con los Liberales

Y, además, a la reelegida canciller -ya casi Kaiserin (emperatriz) europea- tampoco le preocupa especialmente que Bruselas y el resto de sus socios europeos sigan empantanados a la espera de saber qué pasa en Berlín y si Schäuble va a continuar o no en su despacho del Ministerio de Finanzas alemán.

Angela Merkel, que trabaja todos los días debajo de un cuadro de la emperatriz rusa Catalina la Grande -nacida alemana-, tiene cosas mejores que hacer que acelerar la unión bancaria. Hace tiempo que ya ni menciona la unión fiscal, mucho menos el Gobierno Económico Europeo o el ya desfalleciente impuesto de transacciones financieras… ¿Grecia? Que siga reformándose y, de paso, que se prepare como Dios manda porque en enero asume la Presidencia de la Unión Europea. ¿El resto de países en crisis? Que saquen conclusiones de lo que le preocupan al alemán medio las penurias de irlandeses, portugueses o españoles…

Mala suerte para Europa

placeholder Un trabajador retira un cartel electoral con el rostro de la canciller en Itzehoe, Alemania (Efe).

Así pues, nuestra Kaiserin va a ir a lo suyo, mucho más que antes, y a su trantrán particular. A sus ciudadanos les complace que ella se tome su tiempo y que continúe con su principio básico del “paso a paso”. Como los socialdemócratas tampoco tienen mucha prisa para sentarse a negociar nada, y como han dejado para este viernes una reunión especial con el fin de aclararse acerca de qué hacer, los relojes se van a parar hasta la semana que viene.

Otro tanto pasa, o aún peor, con los otros posibles socios de coalición, los Verdes, cuyas bases están pidiendo que rueden las cabezas de varios miembros de la ejecutiva y donde los dos líderes principales, Karin Göring-Eckardt y, sobre todo, Jürgen Trittin, se han atornillado a sus sillones para que nadie les mande a casa después de esos resultados tan poco lucidos.

Mala suerte para Europa… Merkel ya lo dejó muy claro ayer: “Mi política europea no va a cambiar y yo lo que busco ahora es crear un gobierno estable”. Y dicho gobierno tendrá otras prioridades nacionales a discutir con los futuros socios, entre las que no figura el proyecto europeo: subir o bajar algo los impuestos, especialmente el IVA; aclararse sobre el abandono nuclear y esos costes que están repercutiendo en unas facturas de la luz que convierten encender un electrodoméstico en un lujo; afrontar otra reforma de las pensiones para evitar el empobrecimiento de los jubilados; introducir, por fin, un salario mínimo legal para todos… Temas que, seguro, nunca estuvieron en la mente de Catalina la Grande.

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