Sobre la tiranía europea en tiempos del coronavirus

El coronavirus no es solo una crisis sanitaria que acabará desembocando en una crisis económica. Es también un 'shock' para el sistema

Foto: Cámaras de seguridad cerca de una estatua de George Washington en Virginia. (Reuters)
Cámaras de seguridad cerca de una estatua de George Washington en Virginia. (Reuters)

El coronavirus no es solo una crisis sanitaria que acabará desembocando en una enorme crisis económica. Es también un 'shock' para el sistema. En algunos casos, los gobiernos asumen poderes especiales dejando ver algunas tendencias autoritarias. En otros países, tan solo acelera un proceso de desmantelamiento de la democracia ya bien avanzado. En 'Sobre la tiranía' ('On Tyranny', Penguin, 2018), Timothy Snyder repasa cómo una democracia puede descender a la oscuridad. Son veinte lecciones del siglo XX que deben servir para evitar que la historia se repita. Y algunas de ellas son útiles en este contexto.

Europa se juega mucho en esta crisis, que puede ser un buen abono para la aparición de nuevas tendencias autoritarias o la consagración de otras. Hungría y Polonia son los dos casos más alarmantes en Europa, donde los jefes de gobierno no guardan ningún pudor a la hora de despojar a sus ciudadanos de sus derechos y donde el proceso de descomposición de los mecanismos democráticos está ya en marcha y se han acelerado gracias al covid-19. Pero nadie está a salvo. Tampoco lo está España. El coronavirus ha dotado a todos los gobiernos de poderes extraordinarios, necesarios para enfrentar la pandemia, pero que no por ello debe distraer respecto a la necesidad de estar alerta.

España tiene unas estructuras, unos pesos y contrapesos que nos garantizan cierta tranquilidad. Pero en un contexto enormemente crispado, con una inflación del lenguaje desde todos los flancos y una balcanización de la sociedad, conviene tener en cuenta alguno de los consejos de Snyder.

Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale y autor de 'On Tyranny'. (EFE)
Timothy Snyder, profesor de la Universidad de Yale y autor de 'On Tyranny'. (EFE)

Sobre la tiranía

'Defender las instituciones'. No se defienden solas. Hemos visto como es relativamente sencillo que una persona pase directamente de dirigir el Ministerio de Justicia a la Fiscalía, dañando y minando una institución clave. Es fácil para distintos partidos utilizar a "la gente normal" como arma arrojadiza para minar instituciones, como el sistema judicial, solo porque no te da la razón. Jueces por la Democracia ha tenido que salir a defenderse de un vicepresidente. Ese el trabajo de toda la sociedad. Estos ataques los vemos ahora, pero también lo hemos visto en el pasado. La instrumentalización de la televisión pública otro ejemplo recurrente.

"Son las instituciones las que nos ayudan a preservar la decencia. También necesitan nuestra ayuda. (…) Las instituciones no se protegen solas. Caen una tras otra salvo que cada una sea defendida desde el principio", señala Snyder. La idea de que las instituciones protegerán a España de las tendencias autoritarias es tan reconfortante como falsa. Si no las defiendes, si no te implicas, acaban siendo vaciadas para quedar como atrezo: "Mira, puedes confiar, si tenemos instituciones y garantías". Lástima que, mientras no mirabas, vaciaron esas instituciones y dejaron solo la cáscara.

El mejor ejemplo de esto lo tenemos en Polonia, donde el Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) ha intentado, vía reforma del sistema judicial, jubilar a gran parte del Tribunal Supremo para poder nombrar ellos a los nuevos miembros. Además, han puesto en marcha un sistema disciplinario para jueces que depende del Ejecutivo, un mecanismo que el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) ya ha pedido que se suspenda a la espera de una decisión de la alta corte de Luxemburgo respecto a su compatibilidad con las normas europeas. La buena noticia la tenemos aquí mismo: pertenecer al club comunitario añade una capa más de fortaleza a las instituciones y el Estado de derecho. Pero, en último lugar, no evita su desmantelamiento.

Hungría nos muestra otro de los puntos de los que advierte Snyder: 'Cuidado con los estados de un solo partido'. Hoy, Viktor Orbán, primer ministro húngaro, gobierna prácticamente sin oposición después de haber minado todas las instituciones de las que hablábamos en el primer punto, y tras crear un sistema económico clientelar que juega a su favor. No siempre fue así.

Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. (Reuters)
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. (Reuters)

"Los partidos que rehacen estados y suprimen a los rivales no eran omnipotentes desde el principio. Explotaron un momento histórico para hacer la vida política imposible a sus rivales. Así que apoya un sistema multipartidos y defiende las normas de las elecciones democráticas", señala Snyder. Este momento histórico, el coronavirus, es una oportunidad para cualquier líder con aspiraciones autoritarias.

Eso conecta con otra de las recomendaciones. 'Escuchar las palabras peligrosas'. En estos momentos en los que se hace referencia a la emergencia y la excepción, conviene recordar que esas dos palabras sirven de escudo para muchas malas intenciones. No es nuevo: hasta hace poco era el terrorismo el que justificaba el intercambio de libertad a cambio de seguridad. No significa que no haya hoy una emergencia real, significa que eso no justifica que se rebaje la atención.

El historiador lanza un aviso importante, aprovechando una de las frases centrales del refranero democrático norteamericano: "La eterna vigilancia es el precio de la libertad". Normalmente aplicamos esa vigilancia a amenazas exteriores, Rusia o China, pero no hacia dentro. "La naturaleza humana es tal que la democracia americana debe ser defendida de americanos que quieren explotar sus libertades para acabar con ellas", escribe Snyder. Y esto es aplicable a todos los países.

'Recordar la ética profesional'. En tiempos en los que los sanitarios nos demuestran cómo llevar la ética profesional hasta las últimas consecuencias, en algunas ocasiones hasta la muerte, el resto de ciudadanos tenemos que estar listos para hacer lo mismo. El nazismo se benefició de que muchos abogados dejaron a un lado su ética para trabajar al servicio de un régimen sin garantías, que los empresarios dejaron a un lado su ética para aceptar trabajo esclavo de campos de concentración, que los médicos dejaron a un lado su ética para experimentar con gente en contra de su voluntad. Donde acaba la ética empieza la tiranía.

Uno de los gremios que más nos estamos viendo afectados por esta crisis es el periodismo, demasiadas veces trabajando desde las trincheras, abandonando la ética profesional a favor de agendas, personas o políticas. En el caso de una de las instituciones que los ciudadanos deben defender, la prensa libre, especialmente en un momento en el que el Gobierno, también otros antes que este, ha demostrado el poco respeto que le tiene, somos los propios periodistas los que estamos disparando contra nosotros mismos, sin necesidad de que nadie más lo haga, al abandonar nuestra ética profesional.

Una persona compra un periódico en un quiosco español. (EFE)
Una persona compra un periódico en un quiosco español. (EFE)

'Ser amable con nuestro idioma'. "Evita pronunciar las frases que todo el mundo pronuncia. Busca tu propia manera de hablar, incluso si es solo para transmitir esa cosa que crees que todos están diciendo. Haz un esfuerzo por separarte de internet. Lee libros", escribe Snyder. Justo lo contrario que hacemos en un tiempo de total conexión, enganchados a Twitter durante la cuarentena, reenviando mensajes de manera sistemática y escribiendo siguiendo las consignas de unos y otros.

Añadiré algo aquí que Snyder no apunta en este capítulo: cuidado con los términos, no gastemos las palabras. Si bien hay que estar atentos a toda tendencia autoritaria, avisar de ella y resistirse, España no es una dictadura, como algunos quieren asegurar con tal de desgastar. Cuando algunas voces desde la oposición aseguran que el Ejecutivo está dando "un golpe de Estado" no solo miente, sino que degrada esa palabra. Ahora también pagamos el precio de la afición de sectores que hoy gobiernan de calificar a toda la derecha como "extrema derecha". Ahora que ha aparecido uno que realmente lo es, ¿cómo lo calificas cuando ya has gastado esas palabras? La única solución es inflamar el lenguaje.

Congreso de los Diputados. (EFE)
Congreso de los Diputados. (EFE)

¿Cómo diferenciar cuándo ha aparecido realmente un partido de extrema derecha si ya has degradado el significado de esa palabra? ¿Cómo será posible diferenciar el día que un Gobierno español asuma una tendencia claramente dictatorial si ya has degradado ese término? Muchas veces esta inflamación del lenguaje tiene como objetivo deshumanizar al rival político, y ningún experimento que se haya basado en esa técnica ha acabado bien en la historia de la humanidad. Una de las soluciones para remediarlo es la siguiente recomendación.

'Creer en la verdad'. A veces llega un WhatsApp, completa o parcialmente falso. "Eso no es así", puedes responder. Y la mayoría de las veces contestarán: "Es mi opinión". Pero no, no lo es, es sencillamente falso. Y aunque no lo sepas, estás haciendo un favor a los poderosos. "Abandonar los hechos es abandonar la libertad. Si nada es cierto, entonces nadie puede criticar al poder porque no hay una base sobre la que hacerlo", señala Snyder, que explora más en esta dirección en su siguiente libro, 'The road to unfreedom' (2018).

Cada vez se ve más a gente que, tras un tuit en el que se recomienda un artículo en el que se informa de que el Gobierno ha cometido un error o ha mentido, responde con "qué manía con criticar al Gobierno". No, qué manía con la verdad, con la información. "Te sometes a la tiranía cuando renuncias a la diferencia entre lo que quieres oír y lo que en realidad es", señala Snyder en la que, probablemente, es la frase clave de un libro que se enmarca en los tiempos de la posverdad, donde todo se confunde y las redes sociales ofrecen el foro perfecto para ello. Y esto tiene que ver con otro de los capítulos, dedicados a la investigación, en el que se avisa de algo que ya todos deberíamos saber: "Date cuenta de que parte de lo que está en internet está ahí para dañarte". Quizás crea usted que esto también busca dañarle. Así que lo mejor que puede hacer es comprar libros, informarse y decidir. Y de camino defienda una institución: si puede cómprelos en una librería local.

La capital
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