Hacia la 'belgificación' de los españoles: ¿nos está aburriendo la política?
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Nacho Alarcón

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Hacia la 'belgificación' de los españoles: ¿nos está aburriendo la política?

Tras años de dramas políticos y 'showtime' continuo en una espiral de polarización, ¿están los españoles cansándose del ritmo de la política nacional?

placeholder Foto: Celebración del día nacional de Bélgica en Bruselas. (Reuters)
Celebración del día nacional de Bélgica en Bruselas. (Reuters)

Hay un punto en el que tras años pagando alguno de los principales periódicos en Bélgica una mañana de domingo uno se pregunta: ¿por qué estoy haciéndolo? No es que ninguno merezca la pena, pero sí son muy distintos a los que estamos acostumbrados los lectores españoles. Tras dos primeras páginas dedicadas a algún asunto de actualidad, como por ejemplo puede ser ahora Afganistán, se empiezan a pasar páginas y páginas dedicadas a asuntos de sociedad, a la meteorología porque por primera vez en un mes va a estar soleado dos días seguidos, o al mundo de la cultura. ¿Eso es una doble dedicada a Kanye West en la página diez? Efectivamente. La pregunta obvia para un español es: ¿pero dónde está la política?

Pues definitivamente no en los periódicos, y tampoco demasiado en la radio o en la televisión. Sencillamente no tiene un papel demasiado importante en el ámbito público de Bélgica. Ni siquiera cuando el país parece estar en una situación de extrema crisis, a punto de partirse por alguno de los típicos problemas de fondo de una sociedad profundamente dividida, los belgas prestan demasiada atención a lo que los políticos digan.

¿La razón para esa indiferencia hacia la política? Es difícil saberlo. Como todo en este país, cada cual tiene su propia realidad. Pero muchos coinciden más o menos en una misma versión: la política del país es demasiado compleja como para seguirla, y sencillamente les deja de interesar. No es que no tengan interés por lo público, que lo tienen, pero la política como espectáculo ya les aburre. Eso ayuda a explicar que tras las elecciones de 2010 el país pudiera estar 541 días sin Gobierno sin que estallara el sistema. En octubre de 2020 se logró formar un Gobierno más o menos estable en el país, tras dos años en funciones, sin que hubiera un gran revuelo. Sencillamente se asume que tras la máscara de declaraciones fuertes y enfrentamientos agresivos, los políticos acabarán por encontrar una solución, un equilibrio. En Bélgica es normal llegar a una situación crítica en la que parece que el país va a partirse en dos para, de la noche a la mañana, que las fuerzas políticas alcancen un acuerdo sin más explicación.

placeholder Bandera de Bélgica en el exterior del palacio real de Bruselas. (Reuters)
Bandera de Bélgica en el exterior del palacio real de Bruselas. (Reuters)

En ocasiones se habla de la "italianización" de la política española. Es posible que se esté avanzando en esa dirección, pero es muy probable que si la clase política y las élites caminan hacia Roma, el público general lo esté haciendo hacia Bruselas. En verano, al bajar a España, me gusta preguntar a amigos y conocidos por asuntos de actualidad, ver cómo respiran y piensan, y fijarme en si ha habido algunos cambios últimamente. Es cierto que una parte sigue en una espiral de polarización sobre la que han corrido ríos de tinta y que se viene viendo desde hace tiempo, pero otra parte importante, los que siguen la política como ciudadanos y no se dedican al mundo mediático o político, reacciona a los temas de la forma más belga posible: alzando los hombros, en un gesto de resignación que parece decir un 'ici c’est comme ça' (que significa "aquí es así", una frase muy utilizada en Bélgica cuando se intenta hacer entender que, por absurdo que parezca, lo que está ocurriendo sencillamente es inevitable).

Foto: Diseño: Irene de Pablo.

Una parte de ellos ciertamente no es que hayan dejado de estar polarizados, sino que tienen mejores cosas de las que hablar. La pandemia ha canalizado emociones fuertes, las frustraciones y el enfado con el vecino y el prójimo. Además ha facilitado que la gente pueda elegir a su grupo cercano de amigos con los que se ven más regularmente, y una de las maneras de elegirlos es por afinidad ideológica: eso esconde el conflicto porque aparentemente todo el mundo piensa como tú, así que tampoco hay demasiado de lo que discutir. Si hace dos años tomando una cerveza en España era muy habitual acabar enzarzado en una discusión política, lo normal este verano ha sido acabar discutiendo sobre restricciones, mascarillas, vacunas y botellones.

Pero una parte muy importante están sencillamente cansados de esa polarización, quemados tras años de exposición continua a los poderosos focos del espectáculo de la política, de la que no escapa ningún detalle, ninguna tertulia ni ningún debate. Cualquier asunto, por alejado de la política que parezca, es susceptible de caer en su telaraña. Y la gente se cansa a medida que descubre que ninguno de los supuestos debates fundamentales parece tener los efectos espectaculares que la continua polarización tiene que prometer para seguir funcionando.

placeholder Sánchez recibe a Casado en el Palacio de la Moncloa. (EFE)
Sánchez recibe a Casado en el Palacio de la Moncloa. (EFE)

El desinterés por la política es, en cualquier caso, una mala noticia tanto para el sistema político, culpable de esa fatiga al haber apostado por la polarización como estrategia, como para la sociedad general. Puede que la gente vea esa relajación con la que los belgas abren el periódico y se ahorran enfados con noticias políticas como algo positivo, pero lo cierto es que únicamente sirve para tapar la realidad: Bélgica sigue con profundísimos problemas cuya única solución pasa por una política en la que el partido dominante es la N-VA, una formación xenófoba e independentista flamenca, y en la que se vive el ascenso político de Vlaams Belang, de extrema derecha y que coquetea con la herencia del colaboracionismo nazi. El silencio no te salva de la polarización, aunque la haga más llevadera.

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