Las cinco razones por las que Europa prefiere a Biden

Reincorporar a Washington a los acuerdos de París sobre el clima y al nuclear con Irán son algunos de los motivos por los que la UE se inclina por el candidato demócrata

Foto: Cartel de apoyo de la candidatura de Joe Biden, en Filadelfia. (Reuters)
Cartel de apoyo de la candidatura de Joe Biden, en Filadelfia. (Reuters)

La política exterior y comercial de Donald Trump será ante todo recordada en los libros de historia por su enfrentamiento con China, la superpotencia ascendente que pisa los talones a EEUU. Con sus sanciones comerciales, mediante la imposición de aranceles, y las réplicas de Pekín, el presidente republicano no alcanzó, sin embargo, sus objetivos. El déficit comercial de EEUU con China se redujo en 2019 por primera vez en seis años, pero, en términos globales, aumentó un 22%. Cientos de miles de agricultores norteamericanos fueron víctimas colaterales de esta guerra comercial, que también lastró el crecimiento de EEUU en un 0,5% en los dos primeros años de su mandato, según Oxfords Economics.

Trump ha tenido, no obstante, el mérito de poner de relieve que “los intercambios comerciales con China no se desarrollan en condiciones suficientemente justas”, reconocía Pascal Lamy, expresidente de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Su aldabonazo ha despertado a Europa, que considera ahora el imperio del centro como un rival sistémico y se asusta además de su dependencia, puesta de relieve por la pandemia.

Si bien en el fondo el presidente republicano tenía bastante razón, la vía elegida —unilateralismo y proteccionismo envueltos en un lenguaje agresivo— para resolver el contencioso ha sido contraproducente. La Unión Europea tiene con China problemas similares a los de EEUU. Coordinarse entre Washington y Bruselas y defender conjuntamente sus intereses comunes a través de organismos internacionales como la OMC hubiese arrojado mejores resultados en ese pulso político-comercial. Eso es lo que haría Joe Biden, el candidato demócrata, desde la Casa Blanca, y por eso es el preferido de casi todas las capitales europeas, incluida Madrid.

Biden es sinónimo de continuidad con el presidente Barack Obama (2009-2017), lo que significa también que debería reincorporar EEUU al Acuerdo de París sobre el cambio climático, suscrito por 185 países, del que Trump se dio de baja el año pasado. Fiel a la herencia de Obama, debería además tratar de reactivar el acuerdo alcanzado con Irán sobre su programa nuclear, para impedir que posea la bomba atómica, que Trump denunció en 2018 y al que los europeos siguen apegados. Son dos razones más para anhelar desde Europa una victoria de Biden.

Tres de los principales asesores de Biden en política exterior, que ya trabajaron con la Administración Obama, se han formado, en parte, en Europa, lo que acrecienta su sensibilidad hacia ese continente. Antony Blinken vivió en París, Julie Smith en Berlín, donde se especializó en política exterior alemana, y Jake Sullivan obtuvo una beca para estudiar en Oxford.

El candidato demócrata, Joe Biden. (Reuters)
El candidato demócrata, Joe Biden. (Reuters)

Hay dos países europeos, Francia y en menor medida España, a los que preocupan especialmente las intenciones de Trump en África, sobre todo en su vertiente occidental. Sobre una Francia algo exhausta, recae el apuntalamiento de esos Estados semifallidos del Sahel y la lucha antiterrorista —cuenta en la zona con más de 5.000 soldados— que inició a gran escala en 2013. La secundan en esa tarea España y la Unión Europea.

Con discreción, el Pentágono juega un papel clave en esa región semidesértica formando a sus ejércitos, proporcionando apoyo logístico a los franceses y, sobre todo, suministrándoles información sobre los movimientos de los grupos yihadistas. En 2017, acabó de construir una base de drones en Agadez (norte de Níger), desde donde operan sus drones en cinco países. Sin EEUU, Francia estaría ciega en el Sahel.

Con Trump, el esfuerzo militar estadounidense no ha decaído en esa región, a diferencia de Oriente Próximo y Afganistán, pero París y sus aliados europeos temen que el presidente republicano quiera acabar con lo que en Washington llaman “guerras sin fin”. Jeffrey Hawkins, exembajador norteamericano en República Centroafricana, sostiene que el presidente Macron tiene motivos de preocupación: “La Administración Trump no considera que los yihadistas del Sahel constituyan una amenaza directa para la seguridad de EEUU. Trump no considera que África sea un reto estratégico importante. Tiene un profundo desconocimiento”.

En su primer discurso en Naciones Unidas, en septiembre de 2017, Trump fue incapaz de pronunciar correctamente el nombre de Namibia, un país al que llamó 'Nambia'. Cuatro meses después, en una reunión sobre inmigración en la Casa Blanca, tachó de “países de mierda” a los Estados africanos y la Unión Africana le instó en vano a pedir disculpas. Trump no viajó a África durante su presidencia, a diferencia de Biden, que visitó ese continente cuando encabezaba la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado y después como vicepresidente de Obama. Esa es la cuarta razón para que algunos Estados europeos involucrados en África se inclinen por Biden. Si el Sahel se desestabilizara aún más, España padecería una crisis migratoria de grandes proporciones.

Al próximo inquilino de la Casa Blanca le tocará también decidir con qué aliado europeo deberá EEUU negociar el anunciado traslado del mando del Pentágono para África (Africom), instalado provisionalmente en Stuttgart (Alemania). La duda está entre Italia y España que, según los analistas de defensa, es la mejor opción. La base aérea de Morón (Sevilla) alberga a los 850 marines de la fuerza de reacción rápida preparada para desplegarse en África y desde la base de Rota (Cádiz) se efectúan a diario operaciones en ese continente, empezando por el repostaje por aviones cisterna norteamericanos de los cazabombarderos franceses que surcan los cielos del Sahel en busca de yihadistas.

Quizá, por delante de todas estas razones geoestratégicas, prime una quinta razón, aún más importante, para preferir a Biden en la Casa Blanca: la aspiración a que las propuestas se comuniquen mediante documentos y no a través de tuits presidenciales que contradicen, a veces, los pronunciamientos de los altos cargos; la continuidad en el equipo de colaboradores del presidente que con Trump ha experimentado un baile sin precedentes, y la interlocución con un jefe del Estado que no solo conozca de oídas los temas de los que trata.

La historia no acaba aquí
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios