¿Es la monarquía española menos transparente que las europeas?
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Ignacio Cembrero

La historia no acaba aquí

¿Es la monarquía española menos transparente que las europeas?

La institución monárquica funciona a grandes rasgos como las del resto del Viejo Continente, pero sus orígenes son diferentes y por eso suscita más animadversión entre izquierda y nacionalistas

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El rey Felipe. (EFE)

“La monarquía española es [en Europa] la más opaca, pero cerca de otras cuantas”. Herman Matthijs, profesor de Administración Pública de la VUB, la universidad pública flamenca de Bruselas, hizo, el mes pasado, en el diario 'Público', esta valoración de la jefatura del Estado en España. Matthijs ha dedicado varios de sus trabajos a comparar el grado de transparencia de las monarquías europeas y a cotejarlo después con el de las repúblicas.

En otra entrevista, en 2015, con el diario neerlandés 'NRC Handelsblad', el profesor belga aseguro que el presupuesto de la Casa del Rey en España, que en 2021 ascenderá a 8,43 millones de euros, “no es creíble”. La monarquía española resulta así, en teoría, la más barata de la Unión Europea, más aún que la de Luxemburgo, un país de 600.000 habitantes.

Foto: Los reyes Felipe y Letizia, en una imagen de archivo. (Limited Pictures)

Si se le añadiesen los gastos sufragados por varios ministerios, desde los del sueldo de buena parte de los 135 funcionarios que trabajan en el Palacio de la Zarzuela, que corre por cuenta del Ministerio de la Presidencia, hasta los de la Guardia Real, que asume Defensa, el presupuesto de la Casa del Rey sería bastante más elevado. Se desconoce cuánto le cuesta realmente al contribuyente la institución monárquica española. Matthijs lo estimaba en 80 millones de euros, el doble que la Casa de Windsor, una cifra probablemente muy exagerada.

La monarquía española es opaca, pero no es la única en Europa. En un estudio publicado en 2013, Matthijs señalaba que las de Bélgica, Dinamarca y Luxemburgo también lo son. La del Reino Unido se sitúa en una posición intermedia —la describe como “poco transparente”—, mientras que las de los Países Bajos y Noruega, país que no es miembro de la UE, sí son “relativamente transparentes”. Las presidencias de las repúblicas —Matthijs centró su análisis en Alemania y Francia— son también más cristalinas que las monarquías.

Desde que estallaron los presuntos escándalos de corrupción de don Juan Carlos, el rey emérito, se han reactivado, por parte de juristas, académicos y políticos de izquierdas, varias reivindicaciones tendentes a mejorar la transparencia, a modernizar la Casa del Rey. Incluyen desde circunscribir su inviolabilidad a los actos que efectúe en el ejercicio de sus funciones hasta obligarle a declarar su patrimonio, como todos los cargos políticos, pasando por que deje de ostentar el mando supremo de las Fuerzas Armadas, que le otorga la Constitución, hasta la retirada a don Juan Carlos del título de rey, que se le mantuvo tras abdicar en 2014.

Foto: Foto: Reuters.

Fue Juan Carlos I quién decidió, hace ahora seis años, dar publicidad a los sueldos y parte de los gastos que corren a cargo de Zarzuela y, tres años después, su hijo estableció los regalos que los miembros de la familia real están autorizados a recibir. El resto de la reforma pendiente no depende de él sino de un Gobierno y unas Cortes que ni siquiera han modificado la primacía del hijo varón en la sucesión a la Corona recogida por la Constitución. Dinamarca fue la última monarquía europea en hacerlo mediante un referéndum celebrado en 2009.

Aunque se sitúe en el pelotón de las opacas, la monarquía española no se diferencia substancialmente de las demás en Europa. Desde el rey Felipe de Bélgica hasta el gran duque Enrique de Luxemburgo, todos los monarcas son, por ejemplo, jefes supremos de las fuerzas armadas aunque ese papel sea puramente simbólico. Y si Alberto II de Bélgica ya no es rey, tras su abdicación en 2013, se le sigue dando oficialmente el trato de Majestad. En Noruega y los Países Bajos, los modelos más transparentes, la familia real no paga impuestos. Allí, don Juan Carlos no hubiese sido un evasor fiscal.

Lo que más diferencia a la institución monárquica hoy en día en España de las del resto de Europa es, por un lado, la animadversión que le manifiestan varios partidos políticos con representación parlamentaria, desde los independentistas vascos y catalanes hasta Podemos e Izquierda Unida, que forman parte, ambos, de la coalición de Gobierno.

Foto: El Rey, durante su tradicional discurso de Navidad el año pasado. (EFE)

Solo en Bélgica se da una situación algo parecida, pero por el lado del nacionalismo de derechas. El Vlaamse Belang, de extrema derecha, reivindica la abolición de la monarquía y la independencia de Flandes. En las elecciones del año pasado, se convirtió, con el 11,95% de los sufragios, en el segundo partido del país, aunque no entró a formar parte de la coalición gubernamental. La Nueva Alianza Flamenca (N-VA), el primer partido belga, sí ha integrado varias coaliciones. Su líder, Bart De Wever, llegó a declarar que la institución monárquica se oponía al movimiento flamenco y era, por tanto, “su adversario político”. Sus ideólogos no preconizaron, en 2016, en su libro 'Monarquía republicana', suprimir la institución, pero sí reducirla a un papel meramente protocolario.

La segunda gran diferencia de la monarquía española con las demás es su origen. Desde un punto de vista histórico, es heredera de la dictadura de Franco. Este designó en 1969 a don Juan Carlos como sucesor a la jefatura del Estado con el título de príncipe de España. Después, en 1978, la Constitución, aprobada en referéndum, estableció en su artículo primero que España era una monarquía parlamentaria y otorgó así al Rey una especie de bendición democrática.

Los españoles que aspiraban a una democracia sin rey no pudieron votar esa opción. No hubo un referéndum específico sobre la monarquía

Los españoles que aspiraban a una democracia sin rey no pudieron votar esa opción. No hubo un referéndum específico sobre la monarquía. Cuando, en el sur de Europa, cayeron las dictaduras por un motivo o por otro, sus ciudadanos pudieron pronunciarse —en Italia, en 1946; en Grecia, en 1974— sobre sí querían vivir en una democracia cuyo jefe de Estado fuera un presidente o un rey. Hasta en Albania se dio esa opción a sus ciudadanos en 1997. España ha sido la excepción.

Quizás el sentimiento republicano no estaría tan enraizado en la extrema izquierda y hasta en una parte del PSOE, que guarda silencio, si la monarquía estuviese legitimada por un referéndum. No siempre la opción republicana se ha impuesto en las consultas. En Noruega, en Luxemburgo y en Bélgica, los monárquicos ganaron en las urnas en diferentes momentos del siglo XX. Es probable que en España hubiera sucedido lo mismo a finales de los setenta. Ahora, ya no está tan claro.

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