Sala 2 | El gran viraje mediático de Estados Unidos: de la derecha a la extrema derecha

El “desliz” de Carlson se suma a la “traición” general de Fox a la última de las alegaciones infundadas de Trump

Foto: Tucker Carlson, uno de los principales presentadores de la Fox. (Reuters)
Tucker Carlson, uno de los principales presentadores de la Fox. (Reuters)

Bastaron dos minutos de monólogo para llevarse una bofetada. El presentador más visto de Fox News y de EEUU, Tucker Carlson, reconoció que había contactado al equipo legal de Donald Trump para que presentara las pruebas del supuesto fraude en las elecciones. Una de las abogadas, Sidney Powell, había declarado públicamente que un algoritmo venezolano habría hecho que las computadoras transfirieran millones de votos de Trump a Joe Biden. La gente de Carlson contactó a Powell, pero esta, “enfadada”, acabó diciéndoles que dejaran de llamar.

Powell había hecho la ronda por los medios más conservadores del país. Había estado con Rush Limbaugh, con Lou Dobbs y con Mark Levin. Los tres la habían elogiado y le habían dado espacio para airear sus graves acusaciones: el algoritmo comunista que robaba votos republicanos. Solo Carlson se atrevió a pedir pruebas. Pero la dosis ética del presentador, uno de los más fieles aliados mediáticos de Trump estos cuatro años, no sentó nada bien en la base electoral del presidente.

“Tucker Carlson acaba de tirar piedras en su propio tejado”, tuiteó, en mayúsculas, John Mappin, millonario creyente en la teoría conspirativa de QAnon y simpatizante de Trump. “Sidney es ahora la abogada de We The People”. Otros seguidores se preguntaron desde cuándo un abogado presentaría pruebas en televisión antes del juicio. Según la figura de extrema derecha Roosh Valizadeh, “Mientras Carlson trabaje para Fox News, no podemos confiar en él completamente”.

El “desliz” de Carlson se suma a la “traición” general de Fox a la última de las alegaciones infundadas de Trump. El canal cometió el error de cantar a favor de Biden el estado contencioso de Arizona la noche de las elecciones. A falta de un consejo electoral federal o estatal, en EEUU son los medios los que van cantando al ganador de cada estado. Ha sido así este año y en ciclos anteriores. La diferencia es que este año los medios se han consolidado como “Enemigos del Pueblo”, y si tienen un salvoconducto, como Fox, este se le puede retirar inmediatamente.

El ataque de Trump

“Es muy triste ver esto, pero se han olvidado de quién los hizo exitosos”, tuiteó el presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, acerca de Fox News. El republicano acusó al canal de “cortejar a la izquierda” y pidió a sus casi 90 millones de seguidores en Twitter que dejaran de verlo y que optaran por otros canales más a la derecha. Canales, como Newsmax y OANN, que sí han dado pábulo a las infundadas acusaciones de fraude electoral.

Las firmes correas que unen las emociones de Trump con las de sus seguidores se pusieron a funcionar, y solo en la semana posterior a los comicios la audiencia de Fox News en YouTube descendió en 10 millones de visionados. Al mismo tiempo, los televidentes de Newsmax y OANN se dispararon hasta el cielo. En el caso de Newsmax, la audiencia pasó de 100.000 personas al día a un millón solo en el programa de su empleado más famoso, Greg Kelly. El presentador aseguró que Trump ganaría las demandas y continuaría siendo presidente otros cuatro años.

El 'podcast' de Dan Bongino, un exagente de policía y del Servicio Secreto, tres veces fracasado candidato al Congreso, ha llegado a ser el más visto de iTunes: por encima de los programas del 'New York Times' y de la estrella Joe Rogan. Los mensajes de Bongino en Facebook fueron los más compartidos en los días posteriores a las elecciones. Bongino también ha recibido parte de la disgustada audiencia de Fox.

Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

Pero no todos los presentadores de Fox han reconocido a Biden como presidente electo. A día de hoy, como gran parte de los líderes republicanos, siembran dudas sobre la limpieza de las elecciones, aunque sin cantar fraude. Sean Hannity camina por esta línea fina y el propio Carlson, escarmentado por la reacción de una parte de la audiencia, ha tratado de apaciguar a su público desde entonces.

En realidad, el purgatorio mediático siempre ha estado ahí, con sus fauces abiertas sobre los grandes periódicos y los grandes canales. Hace años que los medios de comunicación en Estados Unidos, sobre todo entre los votantes republicanos, gozan de menos confianza que cualquier otra institución tradicional. Una sima que ya existía hace cinco y diez años y que ahora solo ha crecido.

Según una encuesta de Gallup, solo cuatro de cada diez norteamericanos confía en los medios de comunicación de masas. Si dividimos por afiliación partidista, vemos una diferencia salvaje: el 73% de los demócratas dice fiarse de ellos, frente a apenas el 10% de los republicanos. Hace poco más de veinte años, en 1998, la confianza entre los conservadores era superior al 50%. Hoy casi ha desaparecido.

El canal Fox ha logrado mantenerse fuera de la quema. Una encuesta de Pew Research del pasado abril reflejaba que dos tercios de los votantes republicanos se fiaban de Fox, que resulta ser la primera fuente informativa del 93% de ellos. Ante la tendencia progresista de los otros canales nacionales, Fox se convirtió en el bastión conservador, en el recipiente de los agravios y las esperanzas del trumpismo.

Esta afinidad, sin embargo, no nació al natural. Cuando Donald Trump lanzó su campaña presidencial en 2015, el canal de Rupert Murdoch desplegó una cobertura crítica con él y pareció favorecer a las campañas republicanas más tradicionales. Sus presentadores, como Chris Wallace o Megyn Kelly, arremetían contra el neoyorquino y este llegó a cancelar su participación en un debate. Los espectadores no tardaron en protestar. “Fox recibió un aluvión de correos electrónicos y mensajes y llamadas de televidentes enfadados”, dijo a Vox.com Gabe Sherman, experto en el canal conservador. “La audiencia de Murdoch estaba firmemente del lado de Trump”.

Antes de perder dinero, el canal dio un golpe de timón. Los presentadores más escorados a la derecha, como Tucker Carlson, subieron posiciones. El propio Carlson recibió su programa en horario de máxima audiencia menos de una semana después de que Trump ganase las elecciones y ahí ha permanecido.

La audiencia de Murdoch estaba firmemente del lado de Trump

El californiano ha tenido una edad de oro. Se ha convertido en un azote de las élites costeras que nació en San Francisco, vive en Washington y gana seis millones de dólares al año. Hay indicios de que sus monólogos han causado cambios en las políticas presidenciales: sus recomendaciones sobre inmigración o sobre el covid han venido seguidas de mensajes y decretos desde la Casa Blanca. Su programa se convirtió en el más visto de la historia de la televisión y estos últimos meses han aparecido artículos que lo colocan como posible candidato presidencial en el futuro.

Esto fue, en gran medida, una consecuencia del ascenso del trumpismo en 2016: el reconocimiento de que había un electorado enfadado y con ideas distintas a las que se retransmitían a diario en los medios tradicionales. Así lo expresaron las urnas y así cambiaron sus rutas, para satisfacer estas demandas, los empresarios mediáticos. Pero ahora el escenario es diferente. Donald Trump ha sido derrotado y su empecinamiento en no reconocerlo está poniendo bajo presión las estructuras de la democracia y todo el equilibrio mediático del último lustro.

Una fenómeno parecido se está dando en las redes sociales. En las semanas anteriores al 3 de noviembre, Twitter y Facebook anularon miles de canales conservadores acusados de propagar bulos y teorías conspirativas. Canales que se han mudado a WeMe y a Parler, una alternativa a Twitter que no verifica y que está financiada, precisamente, por la familia conservadora Mercer, aliada de Trump.

Ahora todos estos elementos, que se reorganizan rápidamente, están en en aire. El domingo por la noche el equipo legal de Donald Trump puso distancia con la abogada Powell. Además de la conspiración del supuesto algoritmo venezolano, Powell aseguró que hasta los republicanos habían participado en el supuesto pucherazo demócrata manipulando las máquinas del voto. La campaña de Trump comunicó en un email que la abogada no tenía ningún vínculo con ellos.

Haya sido o no, entre otras cosas, un gesto hacia el magullado Carlson, lo cierto es que se percibe un realineamiento político-mediático en Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha dado a elegir al espectro conservador: o con él o contra el sistema, y está generando lo que parece, dentro del campo conservador, un viraje desde la derecha a la extrema derecha.

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