¿Por qué no actuamos, de verdad, frente a la Emergencia climática?
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Chema Vera

Las fronteras de la desigualdad

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¿Por qué no actuamos, de verdad, frente a la Emergencia climática?

Este COP26 de Glasgow es crucial para incrementar la ambición en los objetivos y la urgencia en la acción efectiva

Foto: Una niña va al colegio en Bangladés. (Unicef)
Una niña va al colegio en Bangladés. (Unicef)

Cada día sabemos más y mejor que nos enfrentamos a un gran desastre que cambiará profundamente nuestras vidas, y sobre todo las de nuestros hijos.

Así lo indican las predicciones científicas que pocas personas cuestionan ya, solo algunos dementes negacionistas y aquellos grupos de interés que siguen beneficiándose de extraer combustibles fósiles. No se pone en duda que superar el límite de los 2 °C de calentamiento global supone una hecatombe, que sería deseable quedarse bajo los 1.5 °C y que al ritmo actual de emisiones estamos abocados a los 3.5 o 4 °C de incremento. Un reciente informe de Naciones Unidas de cara a la Conferencia COP26 alerta de que, con los objetivos actuales de reducción de emisiones de los gobiernos, el calentamiento alcanzará los 2.7 °C.

Foto: Reuters Opinión
Preguntas antes de la COP26
Gonzalo de Cadenas-Santiago

No es necesario acudir a las predicciones para confirmar el impacto negativo del calentamiento global. Los más de 20 millones de personas que se ven forzadas a desplazarse cada año por el cambio climático dan fe de ello. Sus ganados murieron —Etiopía—, sus tierras se agostaron —lago Chad— sus hogares se inundaron —Bangladesh— los lugares donde sus difuntos estaban enterrados desaparecieron bajo el mar —islas del Pacífico—. El futuro ocurre hoy.

Lo que emitimos hoy lastra el futuro de nuestras hijas e hijos. Un informe de UNICEF alerta de que 1000 millones de niños están expuestos a un riesgo climático alto por una combinación de escasez de agua, fenómenos climáticos extremos y niveles de contaminación por encima de lo aceptable. El impacto lo vive antes y de forma más contundente la infancia de países especialmente afectados y cuyos estados cuentan con menos recursos para adaptarse. Dicho esto, también en España nuestra infancia siente y sentirá la emergencia climática.

El nudo gordiano es el camino hacia la neutralidad en emisiones, el "net zero", que debe ser alcanzado cuanto antes y por todos

Frente a este desafío inmenso los estados han mantenido un proceso de concertación internacional, los COP (Conference of the Parties), donde se alcanzó el Acuerdo de París para enfrentar el cambio climático reduciendo las emisiones. Se trata del proceso más activo y relevante en la arena internacional, ya que la emergencia climática tiene la fuerza de sentar a casi todo el mundo a la mesa para enfrentarla. Dicho esto, los avances son limitados y se topan con las dificultades que supone abordar un factor como las emisiones de gases de efecto invernadero, que sigue siendo central para cualquier economía.

El nudo gordiano es el camino hacia la neutralidad en emisiones, el "net zero", que debe ser alcanzado cuanto antes y por todos, sean países, compañías o instituciones. El Acuerdo de París fijó objetivos insuficientes y un mecanismo para revisarlos al alza de forma que se acercaran a lo imprescindible. Este COP26 de Glasgow es crucial para incrementar la ambición en los objetivos y la urgencia en la acción efectiva. Dicho esto, las barreras son las habituales para conseguir un bien público global, como es el de salvar a la humanidad de la debacle climática.

Foto: Crece la preocupación del Departamento de Defensa de EEUU por el cambio climatico (Reuters)

Entre ellos:

a) Diversidad de definiciones y métricas a la hora de desplegar los objetivos. Falta de estándares internacionales robustos y aceptados por todos que aseguren que los objetivos se cumplen y que no hay competencia desleal a la hora de abordarlos. Así una empresa puede comprometerse con un "net zero" solo de su consumo de energía primario o ser más ambiciosa, transparente e incluir todos sus procesos y productos, lo que es conocido como el "Alcance 3". Dicho esto, ambas empresas podrían hacer la misma campaña de imagen verde independientemente de la ambición en sus objetivos y transformación efectiva en sus prácticas.

b) Falta de "dientes" de su gobernanza internacional para hacer cumplir los acuerdos alcanzados globalmente y confirmados por los países. No pasa nada si un país se sale del Acuerdo de París o incumple los objetivos. Diferente en el caso de la Unión Europea donde los objetivos mínimos son mandatorios.

c) Objetivos que entran en potencial colisión. Como es el caso de la mayoría de las energías alternativas o la reforestación que ya están entrando en conflicto con las tierras para uso agrícola y alimentario o con la preservación de la biodiversidad. Este hecho requiere de una mediación basada en criterios consistentes y datos objetivos sobre el impacto climático a medio y largo plazo de cada iniciativa.

Foto: Las energías fósiles deben ser sustituidas cuanto antes (EFE)

d) Un horizonte temporal excesivamente largo. Los objetivos de "net zero" se fijan para el 2050, el 2040 en el mejor de los casos. Las metas intermedias para el 2030. Los gobiernos y las empresas asumen estas metas con estos horizontes temporales, pero apenas avanzan hacia ellas con determinación en los años primeros posponiendo los costes de la transición, en forma de votos o de resultados empresariales, y trasladándoselos a quien venga en el futuro que tendrá una pendiente más empinada. Cabe señalar además, que el Net Zero se queda corto para quienes más han emitido y emiten, que tendrán que ser "Net Negative" o sea capturar más de lo que emiten.

e) Disparidad de puntos de partida y de recorrido histórico en la materia. No es lo mismo ser Níger que Bélgica. Las necesidades de desarrollo son radicalmente diferentes como lo es la trayectoria de emisiones de cada país. Se produce además otra desigualdad y es que quienes menos han contribuido al cambio climático son los que antes y de forma más aguda sufren sus efectos y al tiempo quienes menos capacidad de adaptación tienen. Se requiere por lo tanto de recursos que financien la adaptación al cambio climático de quienes no cuentan con capacidades para hacerlo, y que incluso compensen daños y pérdidas irreparables. Por otro lado, hay que fijar objetivos de reducción de emisiones diferenciados en función del grado de desarrollo y contribución al calentamiento global. Se deben financiar economías libres de carbono, pero es inevitable ser menos exigente con quien menos emitió. El problema es cuánto menos exigente y qué supone esto para los países que deben recortar más y antes su adición al CO₂.

Quienes menos han contribuido al cambio climático son los que antes y de forma más aguda sufren sus efectos

f) Cambios sistémicos y urgentes. Ya no estamos hablando de reformas, de transiciones suaves y evolutivas. Se necesitan transformaciones estructurales de los sistemas de producción y consumo y se requieren a una velocidad que la humanidad no está acostumbrada a transitar y que la tecnología y la innovación no pueden sostener por sí solas.

Estos retos van a ser abordados, de nuevo, en esta crítica Conferencia COP26. El impacto es ya inevitable, pero si no se acelera la transformación, nos deslizaremos a mayor velocidad hacia un desastre mayor.

Parte de este artículo es un extracto de una contribución del autor al Anuario de CEIPAZ.

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