Trump: "Estafa global, Alemania culpable"

El presidente estadounidense acusa al Gobierno alemán de devaluar el euro a propósito para perjudicar al dólar. Un antieuropeísmo que no sabemos si nace de la mala fe o la pura incompetencia

Foto: Angela Merkel comparece ante la prensa en Berlín, en noviembre de 2016 (Reuters)
Angela Merkel comparece ante la prensa en Berlín, en noviembre de 2016 (Reuters)

Parece que vamos a tener problemas con Donald Trump en la UE y en Europa. Temo que al Presidente no le ha gustado la carta que le dirigió la Sra. Merkel con motivo de su entronización, y ha asegurado que la UE se aprovecha de los EEUU con un euro devaluado.

Nadie se equivoque. Léase: con un marco alemán devaluado. El tema merece un comentario. Es verdad que si Alemania no estuviese en el euro tendría una moneda mas cara. Pero también es verdad que los europeriféricos tendrían unas monedas mucho más baratas. De ello podrían deducirse consecuencias graves, entre otras, el inicio de devaluaciones competitivas y la ruptura de la relación franco francés/marco alemán, lo que desharía no ya la UE sino el corazón mismo del proyecto continental que inauguraron De Gaulle y Adenauer. Una Europa Occidental a la greña no es algo que interese a los EEUU.

Sin embargo el euro no está devaluado por culpa de Alemania ni de la UE. Las causas de todo son dos: la naturaleza global del dólar y la manera de gestionar la economía americana, agravada por las estrategias de Trump. Primera condición. Cuando se vive sobre una moneda de reserva global hay que estar dispuesto a asumir déficits considerables. Segunda: una cierta sobrevaluación del dólar puede resultar inevitable, ya que todo el mundo quiere ahorrar e invertir en la moneda de referencia. Es verdad que no siempre es así. En tiempos de Carter y dólar débil los capitales huían de América para refugiarse en Alemania (tampoco creo que sea algo interesante para los EEUU). Pero en principio un tipo de cambio elevado es el precio de satisfacer todas las exigencias monetarias del planeta. Un tercer aspecto, y no menor, es el de consentir que los mercados tengan una gran influencia en la política monetaria interna. Nadie puede impedir en tiempos de incertidumbre, una corrida hacia el dólar, por ejemplo, y la consiguiente respuesta de la Fed. En cualquier caso, respuestas a un problema exógeno y fuera de control nacional. Por último todos estos parámetros se agravan por la naturaleza fiat del dólar. Esa condición le somete a decisiones globales irracionales, los famosos "espíritus animales" de Keynes.

A estas consideraciones estructurales hay que añadir la política económica interna de los propios EEUU, tanto la histórica como la de hoy mismo. Aunque Reagan dijese que bajar los impuestos a los ricos ayudaba a la inversión porque los ricos sabían como invertir esos excedentes, lo cierto es que el dinero de los pudientes ni fue ni va precisamente a inversión sino a importar bienes de consumo (digamos, Ferraris) o a especulación. Grandes mansiones, arte, pongan ustedes el nombre de los bienes. Pero inversión productiva no. El resultado son déficits monstruosos que han de financiarse con tipos mas altos. Dígase lo mismo del gasto público descontrolado en el que viven los EEUU con y sin Reagan. Así que si el dólar está mas caro que el euro es porque los propios EEUU lo organizan así. O porque Alemania invierte sus excedentes en Estados Unidos, lo que sube el precio del dólar pero también alivia el déficit estadounidense. En resumen. Acusar de las consecuencias de este doble escenario, moneda global y descontrol interno a Alemania (no se equivoquen, ella es la destinataria del mensaje) carece de justificación.

Pero el presidente no es el único desnortado. Acaba de hacerse pública la carta que el Vicepresidente del Comité de Servicios Financieros del Congreso, Patrick McHenry dirige a la Sra. Janet Yellen, Presidente de la Fed. La carta es un modelo de ignorancias. Primero, se advierte a la Presidenta de la Fed de que carece de competencias para presentarse en escenarios internacionales y tomar decisiones vinculantes. Grave error, pues la Fed es el regulador y a ella le tocan esas responsabilidades. Dos. Le recrimina la opacidad en el desarrollo de Basilea III, que ha llevado por consenso a toda la comunidad internacional a adoptar unos requisitos mínimos de capital para poder prestar dinero. Igualmente falso pues pocas cosas se han hecho de manera más transparente que Basilea III. Y tercero y mas grave, considera toda regulación y todo acuerdo internacional en finanzas como contraria a los intereses del sistema productivo USA.

Donald Trump, el vicepresidente Mike y su prometida, la actriz Louise Linton, durante la investidura de Steve Mnuchin como Secretario del Tesoro, el 13 de febrero de 2017 (Reuters)
Donald Trump, el vicepresidente Mike y su prometida, la actriz Louise Linton, durante la investidura de Steve Mnuchin como Secretario del Tesoro, el 13 de febrero de 2017 (Reuters)

Esta filosofía puede ser el prólogo de futuras quiebras sistémicas como la que ya conocimos el 2008 y llamémoslas por su nombre: estafas globales. Y desde luego el prólogo de una subida de tipos que va a encarecer el dólar, lo está encareciendo ya, puesto que la liberación de todos esos capitales presos por Basilea III disparará una mayor liquidez que habrá que controlar-ya que el Tio Sam no parece dispuesto a hacer lo que haría cualquier país normal: adoptar una política fiscal de primero de carrera. Añadamos a este escenario el fin de los impuestos a la repatriación de capitales o incluso la obligación de repatriarlos. ¿Dónde van a ir a parar esos capitales, hasta ahora en inversiones productivas fuera de los EEUU? ¿Tienen los EEUU posibilidad de generar inversiones tan productivas como las que las empresas americanas encuentran fuera de sus fronteras? ¿Eso es lo que va a conseguir cerrar fronteras y poner aranceles en virtud del America First?

La respuesta es clara: no. El resultado de esa doble estrategia, eliminar regulación y repatriar capitales solo puede ser, dejando aparte la ya mencionada nueva estafa global, disparar la Bolsa, revalorizar el dólar y, como consecuencia, devaluar el euro.

Terminemos. ¿Es esa la antesala también de una reconsideración del dólar como moneda global? Pues es obvio que una moneda de último recurso ni es cien por cien americana ni depende enteramente de lo que diga o haga la Fed. Pero es imposible que una moneda global pueda sobrevivir en ausencia de regulación global léase Basilea III-o Bretton Woods. ¿Llegará hasta ahí la furia autárquica de Trump? ¿O se trata solo de advertir a la UE de que su euro devaluado (aunque lo devaluen los EEUU) es estratégicamente inaceptable para Washigton? ¿O es que simplemente la incompetencia se ha adueñado de Capitol Hill y no tienen idea de lo que se traen entre manos?

Para Europa la respuestas a estas preguntas son de vital importancia. Pues si efectivamente Trump estuviese por la labor de desmantelar todo tipo de regulación financiera internacional lo próximo habría de ser romper la UE, primero porque su euro, léase Alemania, sería la única alternativa monetaria a un dólar en pleno torbellino o causante de un tsunami desestabilizador sistémico, y segundo porque con su 20% del PIB mundial, la UE, incluso sin fuerzas armadas, sería también la única amenaza institucional creíble frente a la hegemonía-insostenible- de EEUU.

En realidad lo estratégicamente correcto sería una Europa unida, monetaria e institucionalmente, en estrecho contacto con los EEUU y en buena relación con Rusia, de modo que los EEUU pudiesen concentrarse en el escenario que de verdad importa: Asia Pacífico. Porque parece claro que para estar presente con fuerza tanto en China como en Eurasia a los USA le faltan medios. Estaría bien recordase el legado del General George Marshall, cuando poseído de razón decidió concentrar sus esfuerzos en derrotar a Hitler pues para mantener dos frentes igualmente activos, Europa y Pacífico, le faltaban recursos.

Por desgracia no hay ninguna esperanza de ver prevalecer la razón ni siquiera en un escenario en el que hay algo de matemáticas. La carta de McHenry es reveladora a este respecto. Toda regulación es mala, todo acuerdo internacional inaceptable y si además repatriamos capitales y el dólar sube, la culpa la tienen Alemania y Basilea III. De política fiscal ni hablamos. Toca bajar impuestos y subir gastos.

Diremos como en los tiempos clásicos: Dios nos coja confesados.

Las tres voces

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