'Trumpusconi', o el síndrome Trump-Berlusconi

Imagine al presidente Trump con el conglomerado mediático de Rupert Murdoch y los gustos sexuales de un envejecido Charlie Sheen... usted se está acercando a Berlusconi

Foto: El candidato republicano Donald Trump junto al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi (El Confidencial).
El candidato republicano Donald Trump junto al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi (El Confidencial).

De todos los personajes con los cuales (en clave negativa) ha sido comparado Donald Trump, hay uno que ha sacado a la luz el semblante más grotesco del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, en los múltiples artículos aparecidos en la prensa estadounidense. Este es Silvio Berlusconi, el histriónico y polémico antiguo primer ministro de Italia. “Son gemelos priápicos”, llegó a decir de ellos Frank Bruni, en un artículo publicado en 'The New York Times'.“Trump y Berlusconi destacan en todo lo que tu madre te ha dicho que no se debe hacer. Son groseros, ofensivos, fanfarrones e intimidatorios”, afirmó Timothy Egan, escritor y excorresponsal de 'The Times'. “Imagínese al presidente Donald Trump con el conglomerado mediático de Rupert Murdoch y los gustos sexuales de un envejecido [actor] Charlie Sheen, y usted se está acercando a Berlusconi”, escribió la edición estadounidense de 'Vanity Fair'.

En Italia, la comparación no ha suscitado gran sorpresa. Los italianos, más pragmáticos que ideológicos, conocen desde hace tiempo el fenómeno (global) de los empresarios que se convierten en políticos, calando un mensaje chovinista y nostálgico -"Make America Great Again" suena bastante a Forza Italia!, el nombre del primer partido de Berlusconi- que desdeña lo 'politically correct' de las clases políticas más tradicionales. Tanto es así que también hubo quien se tomó el tiempo para crear la web http://trumpusconi.com, una página que substancialmente publica todo lo relacionado con lo que algunos ya han definido (¿sarcásticamente?) como el síndrome Trump-Berlusconi.

No les falta razón, porque las similitudes no escasean. Empezando por lo más trivial, la obsesión por la estética que los dos presumen: Berlusconi se hizo un número desconocido de trasplantes de pelo y llegó a compararse con Napoleón Bonaparte -afirmando que el emperador francés era más bajito que él-, Trump ostenta una melena rubia pajiza que, según varios, no es suya. Siguiendo por la afición por las mujeres jóvenes y voluptuosas: los múltiples coqueteos y fiestas eróticas de Berlusconi provocaron el divorcio de su segunda esposa, además de algunas sonadas investigaciones de la magistratura italiana -en un caso, por su relación con una menor de edad-, al tiempo que Trump ya ha pasado por el altar tres veces y Melania, su actual mujer, es una exmodelo 24 años más joven que él.

Hay más. También está el increíble parecido (oscuro) origen de sus fortunas: ambos fundaron sus imperios iniciándose en la especulación inmobiliaria y suscitaron más de una pregunta sobre cómo financiaron esas aventuras y las maneras a través de las cuales llegaron a construir donde lo hicieron. El italiano lo hizo primero en Milán y alrededores, el otro empezó por todo lo alto en Manhattan. Eso sí, de momento no se conocen nexos de Trump con Cosa Nostra, la mafia siciliana, como sí es el caso de Berlusconi, cuya mano derecha, Marcello Dell’Utri, fue condenado en 2011, en un juicio en el que, como dijo en ese momento el fiscal, quedó probado el nexo entre el millonario y aquella organización criminal.

No obstante, según un reportaje de investigación de 'The Washington Post' -que el magnate se negó a comentar-, Trump sí negoció con mafiosos, pero con los autóctonos de Nueva York -entre otros, los Gambino y los Genovese-, en los inicios de su carrera como empresario del mundo de la construcción. Y, además de ello, Trump también le gana a Berlusconi por el número de juicios en su contra, ya que el estadounidense y sus compañías han sido sentadas en el banquillo en hasta 1.300 ocasiones desde el año 2000, según una investigación de 'Bloomberg'.

El candidato republicano Donald Trump saluda a simpatizantes durante un acto de campaña en Bangor, Maine (Reuters).
El candidato republicano Donald Trump saluda a simpatizantes durante un acto de campaña en Bangor, Maine (Reuters).

Sus egos parecen ser mayores que sus tesoros. Tanto que Trump ha declarado una fortuna de 10.000 millones de dólares, que según 'Forbes' es una exageración. Y ambos han acumulado descalabros: uno de los fracasos más estruendosos de Trump fue la fallida adquisición de diversos casinos en Atlantic City -un negocio por el que pagaron un alto precio sus socios y decenas de trabajadores que se quedaron sin sueldo-, a la vez que Berlusconi, cuando entró en política en 1994, estaba al borde de la quiebra, mientras que hoy, según la citada revista económica, su fortuna asciende a 6.300 millones de dólares.

Y este no es un detalle baladí, es otra clave del asunto, pues ambos han centrado su discurso de propaganda política haciendo rentable un producto único: elos mismos. La idea de que, al ser exitosos empresarios, llevarían esas mismas capacidades para hacer triunfar a sus países. Y, si Trump todavía tiene que demostrarlo -aunque convirtiéndose en el candidato republicano ya ha ganado una gran batalla-, Berlusconi lo ha logrado: fue primer ministro de su país en tres ocasiones, de 1994 a 1995, de 2001 a 2006 y de 2008 a 2011, lo que lo convirtió en el líder más longevo en Italia desde la Segunda Guerra Mundial. A cada campaña electoral: el 'leitmotiv' ha sido el mismo: si he logrado enriquecerme, lograré enriquecerles.

Así los electores le han perdonado a Berlusconi los reiterados exabruptos que coparon durante años las webs y los periódicos italianos e internacionales. Como cuando llamó "kapo" (presos colaboracionistas que trabajaban en los campos de concentración) al líder, alemán, de los eurodiputados socialistas. O cuando afirmó, delante de inspectores del Fisco italiano, que evadir impuestos podía “ser moral” y definió “feministas y comunistas” a las jueces de su divorcio. Incluso ofendió a Angela Merkel con insultos de carácter sexista e irritó a la mismísima Reina de Inglaterra. Por cierto, Trump también reiteradamente ha dicho que siempre intentó darle al fisco estadounidense "tan poco como sea posible”.

Una desfachatez discursiva, amplificada por las herramientas televisivas -que también ambos gestionan con enorme soltura-, que también caracteriza a Trump. Quien, sin embargo, ha exacerbado el debate político apoyándose en una retórica más racista que la de Berlusconi. Pues si el magnate italiano calificó a Obama de “bronceado” -lo que incluso suscitó perplejidad dentro de su propia mayoría gubernamental-, el nivel de alerta por las declaraciones xenófobas de Trump ha sido levantado a rojo intenso. Esto pues, tras los atentados en París de 2015, llegó a decir que se debía suspender de forma “total y completa” la entrada de los musulmanes en EEUU y, en el comienzo de su campaña, afirmó que los mexicanos envían a su país “gente que tiene muchos problemas” que “traen drogas, son violadores”, una consigna antiinmigración que se convirtió en uno de sus caballos de batalla.

Tampoco la relación con la prensa de ambos ha sido idílica. Trump quedará en los anales por su polémico trato hacia algunos periodistas incómodos que se han enfrentado al magnate durante su campaña electoral, en los archivos fotográficos queda impresa la imagen de Berlusconi (2008) imitando el gesto de disparar con ametralladora contra una reportera rusa que le dirigía una pregunta a Vladimir Putin. El presidente ruso que, por cierto, ha incluido a Berlusconi en el estrecho círculo de amistades que posee en Occidente -continuándolo a agasajar incluso después de que el italiano perdió su poder político-, un grupo en el que pronto podría estar también Trump.

Sea como fuere, desde Italia se ha lanzado el SOS a no tomarse a Trump como un líder de poco alcance. “Lo primero, y lo digo a los escépticos, no lo subestimen”, comentó Beppe Severgnini, en un artículo titulado "Qué puede enseñar Italia a EEUU sobre Donald Trump". “Segundo, no se obsesionen con él. Los medios y la redes parecen hipnotizados por el señor Trump”, continuó Severgnini. “Tercero, no se olviden de sus distorsiones y tergiversaciones”, afirmó, en una intervención en la que también invitó a luchar contra la idea que Trump promueve aquí y allá: que él es la única alternativa para “hacer América grande de nuevo”.

Mondo Cane
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