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¿Puede perder Clinton? Cuatro escenarios de pesadilla para la candidata demócrata
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Ángel Martínez

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¿Puede perder Clinton? Cuatro escenarios de pesadilla para la candidata demócrata

Las noches de Clinton han cambiado: antes disfrutaba de un sueño plácido. Ahora sufre pesadillas recurrentes, en las que un magnate histriónico le arrebata el sillón del Despacho Oval

Foto: La candidata demócrata Hillary Clinton durante un acto de campaña en Des Moines, Iowa, el 15 de agosto de 2016 (Reuters).
La candidata demócrata Hillary Clinton durante un acto de campaña en Des Moines, Iowa, el 15 de agosto de 2016 (Reuters).

"¡Jamás! Nunca votaré por Clinton. Lleva décadas de corrupción a sus espaldas, ¡es puro 'establishment'!". Quien escupe su desprecio no es, como cabría esperar, un votante de Donald Trump. Al contrario, está en el otro extremo del espectro político: es un universitario de 22 años y plática impecable que hace campaña por el demócrata Bernie Sanders. En una soleada mañana de finales de abril, varios cientos de simpatizantes del autoproclamado socialista protestan en Indianápolis contra la deslocalización de empleos. Lo curioso es que las compañías 'responsables' despiertan su odio tanto como la mención de un nombre: Hillary. "Clinton forma parte del proceso de pérdida de trabajos en Indiana... Si Sanders pierde (como finalmente sucedió) no votaré a Clinton en las presidenciales. Es una neoliberal", dice un miembro de un sindicato, pancarta en mano. Alrededor, otros secundan su arenga.

La anécdota sirve para reflejar un hecho clave en esta campaña: algo pasa con Hillary. Su valoración entre los estadounidenses es pésima, hasta el punto de que un 68% considera que no es honesta ni fiable, según la CNN. Se le asocia con el 'establishment' más caduco en una época difícil para el ciudadano medio y los estrategas de su campaña sudan tinta para contrarrestar su imagen de persona fría y calculadora. Una persona que no despierta el más mínimo entusiasmo entre los votantes. En cuanto a las encuestas, Trump gana tracción y Clinton ha perdido la cómoda ventaja de la que disfrutaba. 

'La imagen de la ceremonia del 11-S confirma los rumores que venían circulando en estos meses de campaña. Clinton tiene un auténtico problema de comunicación. De hecho, lleva más de 200 días sin conceder una verdadera rueda de prensa'

Una prueba de que su victoria no está ni mucho menos asegurada es el hecho de que esté trabajando su atractivo para los votantes latinos (sobre todo si tenemos en cuenta que al otro lado del ring se encuentra el azote de hispanos, negros o musulmanes). Su equipo de campaña difundió hace días dos anuncios en castellano en dos estados clave como Florida y Nevada, uno de ellos acompañado por un vídeo de un Super PAC (una organización destinada a captar fondos para apoyar a un candidato). Y uno de los anuncios está protagonizado nada menos que por Carlos Gutiérrez, secretario de Comercio en la Administración de George W. Bush. Clinton va en cabeza con una enorme ventaja entre los votantes latinos, pero a pesar de que su oponente lanza vehementes mensajes anti-inmigración no está cosechando más apoyos entre los latinos que los anteriores candidatos demócratas. 

Las noches de Clinton han cambiado: hace solo unas semanas disfrutaba de un sueño plácido, segura de que en menos de cinco meses estaría durmiendo en la Casa Blanca, y ahora sufre pesadillas recurrentes, en las que un magnate inmobiliario histriónico le arrebata el sillón del Despacho Oval contra todo pronóstico. He aquí cuatro escenarios de zozobra para quien aspira a convertirse en la primera mujer en la  presidencia de EEUU. 

Desmayos y otros 'cisnes negros'

Hay asuntos que un candidato puede controlar -el mensaje, la organización de su estrategia sobre el terreno, la publicidad de su campaña- y los llamados 'cisnes negros': acontecimientos excepcionales e imprevisibles que pueden tirar por tierra todos los cálculos. El hecho de que la salud de Clinton haya entrado de lleno en la campaña después de que la exsecretaria de Estado abandonase la ceremonia en memoria de las víctimas del 11-S es la mejor prueba de ello. Según su médico oficial, su indisposición se debió al calor y la deshidratación, junto al hecho novedoso de que se le acaba de diagnosticar neumonía. Su rival republicano lleva tiempo propagando rumores sobre el estado físico de Clinton y el suceso también ha centrado la atención en un hecho que hasta ahora ha pasado desapercibido: la avanzada edad de los candidatos (69 y 70 años). Por ahora, Clinton ha cancelado un viaje de campaña a California, donde los republicanos han perdido las últimas seis elecciones. 

"La imagen de la ceremonia del 11-S confirma los rumores que venían circulando en estos meses de campaña. Clinton tiene un auténtico problema de comunicación. De hecho, lleva más de 200 días sin conceder una verdadera rueda de prensa. Y la respuesta errática de su campaña -primero dijo que el desmayo se debió al calor; después, cuando se probó que no era un día especialmente tórrido y humedo típico de Nueva York, se habló de la neumonía- refuerza esas dudas. Clinton compite con un auténtico virtuoso de los micrófonos, cuyo mérito es haber transformado las primarias republicanas en un 'reality-show', haber convertido un proceso ordenado en algo agresivo", explica a este diario Pedro Rodríguez, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE.

El desmayo de Clinton

Otro 'cisne negro', un ataque terrorista en suelo estadounidense. A pesar de que la mayoría de norteamericanos considera que la respuesta de Trump al ataque contra un club gay en Orlando fue inapropiada, los atentados de París dieron un empujón a su campaña durante las primarias republicanas. Un acto terrorista de calado podría hacer que los estadounidenses reconsideren qué candidato sería mejor comandante en jefe. No obstante, la semana pasada, durante un debate sobre seguridad y defensa ante veteranos de guerra Trump volvió a mostrarse errático a la hora de detallar su estrategia contra el yihadismo islámico.

También se incluyen en esta categoría los desastres naturales y la respuesta del Gobierno ante los mismos. El huracán Sandy ayudó a Obama a mantener la Casa Blanca en 2012, mientras que el Katrina resultó desastroso para los republicanos en 2005.

La sorpresa de octubre

El caso ha dañado la credibilidad de la candidata. Las multimillonarias donaciones internacionales a la Fundación Clinton y el uso de un correo privado cuando ocupaba el cargo de Secretaria de Estado todavía no suponen una amenaza grave para la aspirante demócrata... pero esto puede cambiar. En principio, la existencia de la Fundación (creada en el año 2001) era compatible con el ejercicio de un cargo gubernamental, pero las 700 páginas de documentos obtenidos por la organización Judicial Watch apuntan a supuestos tratos de favor que concedió el equipo del Departamento de Estado a contribuyentes económicos de peso. ¿Qué pasará si salen a la luz pruebas incriminatorias que ni siquiera sus votantes puedan justificar?

El Departamento de Estado analiza actualmente unos 17.000 correos electrónicos recuperados por el FBI del servidor de Clinton -documentos que el equipo de la candidata no entregó al Gobierno- y que, probablemente, se harán públicos a finales de octubre. A ello se suma la posibilidad de que WikiLeaks difunda más mensajes hackeados del Partido Demócrata. Su fundador, Julian Assange, amenazó recientemente con publicar documentos relacionados con Clinton antes de las elecciones. Sea como sea, "los rivales de Clinton llevan 30 años a punto de destapar esa información incriminatoria clave, pero ésta nunca aparece. Solo Clinton sabe si su suerte está a punto de agotarse", escribe Anthony Zurcher, corresponsal en EEUU de la BBC. 

"La política de EEUU juega mucho con la llamada 'sorpresa de octubre' -explica Pedro Rodríguez- una filtración que se difunde la última semana de campaña y que no permite, por falta de tiempo, una reacción del candidato. Un ejemplo es cuando en los últimos compases de campaña se divulgó que George W. Bush había sido arrestado en 1976 por conducir ebrio". 

placeholder Clinton se une a Obama en el escenario durante la convención nacional demócrata, en Filadelfia, el 27 de julio de 2016 (Reuters).
Clinton se une a Obama en el escenario durante la convención nacional demócrata, en Filadelfia, el 27 de julio de 2016 (Reuters).

Cara a cara con el magnate

Los tres debates presidenciales, el primero de los cuales tendrá lugar el 26 de septiembre, suponen para Clinton una oportunidad para demostrar el contraste con Trump en cuanto a experiencia y conocimiento. Sin embargo, también podrían resultar negativos para sus aspiraciones a ocupar la Casa Blanca. Se espera una audiencia récord -que rivalizará incluso con los 70 millones que registró el cara a cara entre Joe Biden y Sarah Palin-. Huelga decirlo: Trump no es un orador convencional y ha demostrado en los debates de las primarias republicanas que es un oponente astuto. Su punto debil son los detalles, nunca muestra precisión, pero sobre el escenario tiene el talento de un auténtico 'showman' y sabe cómo sacar de quicio a sus rivales. Dado que es el 'outsider' de esta campaña, algunos analistas creen que si el magnate logra una gran actuación podría incluso ganar el apoyo de votantes que ahora mismo rechazan a los dos candidatos

Ocultar que votas a Trump

Tras la convención nacional demócrata de julio, Clinton gozaba de un modesto pero firme liderato en las encuestas y, aún más importante, de una ventaja considerable en los estados clave. Los sondeos han dado un giro. Trump sigue recortando distancias: varias encuestas muestran que la carrera cada vez está más ajustada e incluso algún sondeo le pone en cabeza por un estrecho margen (por ejemplo, 45% frente al 43% entre votantes potenciales según CNN/ORC). El magnate parece ampliar sus opciones de victoria "al dejar de considerarse algunos estados, como Florida u Ohio, victorias probables para el Partido Demócrata", según la última encuesta de Reuters/Ipsos difundida el sábado. "El sondeo (...) sigue mostrando que Clinton tendría más probabilidades de ganar la presidencia si las elecciones se celebrasen hoy. Sin embargo, Trump ha igualado su nivel de apoyo en varios estados", destaca Reuters.

"Si los porcentajes siguen tan ajustados antes del día de las elecciones, existe la posibilidad de que las encuestas estén omitiendo detalles a la hora de analizar el apoyo a Trump (...) Por ejemplo, los modelos actuales de valoración podrían estar minimizando los índices de participación de varones blancos -un grupo demográfico clave para el candidato republicano", sostiene la BBC. A ello se suma la probabilidad de que a los encuestados sean reticentes a admitir que votarán por Trump -"una versión americana del fenómeno 'Shy Tory' (conservador avergonzado) que llevó a John Major a ser reelegido como primer ministro británico en 1992", recuerda la BBC. 

Hace cuatro años, cuando era Mitt Romney quien luchaba por el Despacho Oval, los republicanos sostenían que los sondeos en vísperas de las elecciones les perjudicaban por que eran partidistas. Más tarde se demostró que las encuestas no se equivocaban y Obama logró la reelección. No obstante, desde entonces ha habido varios errores sonados de las predicciones sobre intención de voto: las dos últimas elecciones nacionales en España, el Brexit o varias elecciones primarias en EEUU sirven como ejemplos.

"¡Jamás! Nunca votaré por Clinton. Lleva décadas de corrupción a sus espaldas, ¡es puro 'establishment'!". Quien escupe su desprecio no es, como cabría esperar, un votante de Donald Trump. Al contrario, está en el otro extremo del espectro político: es un universitario de 22 años y plática impecable que hace campaña por el demócrata Bernie Sanders. En una soleada mañana de finales de abril, varios cientos de simpatizantes del autoproclamado socialista protestan en Indianápolis contra la deslocalización de empleos. Lo curioso es que las compañías 'responsables' despiertan su odio tanto como la mención de un nombre: Hillary. "Clinton forma parte del proceso de pérdida de trabajos en Indiana... Si Sanders pierde (como finalmente sucedió) no votaré a Clinton en las presidenciales. Es una neoliberal", dice un miembro de un sindicato, pancarta en mano. Alrededor, otros secundan su arenga.

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