La cruzada de Macron para que el francés desbanque al español como lengua global

El presidente francés ha presentado un plan de combate para extender la Francophonie y que este idioma se convierta en el tercero más hablado internacionalmente, tras el mandarín y el inglés

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron. (Reuters)
El presidente francés, Emmanuel Macron. (Reuters)

Emmanuel Macron quiere reemplazar al español en el podio de las lenguas más habladas del planeta. El presidente francés ha presentado un plan de combate para que la lengua francesa se convierta en el tercer idioma de la esfera internacional, tras el mandarín y el inglés.

Entre los treinta puntos del programa para impulsar la Francofonía destaca el empeño de desarrollar la red del Liceo Francés. Hasta el momento, el número de establecimientos es de 429, repartidos en 139 países, a los que acuden 350.000 estudiantes. Para el Jefe del Estado francés, "el Liceo Francés es la columna vertebral de la enseñanza del francés en el mundo". París quiere doblar el número de alumnos para 2025.

Pero la voluntad de Macron se ha topado ya con una realidad que rebaja la euforia del anuncio. El organismo que coordina los liceos francesesen el exterior, la Agencia para la enseñanza del francés en el extranjero (AEFE), ha visto recientemente recortado su presupuesto en un 8% y prevé suprimir 500 plazas de profesores en los próximos tres años. Dotado ahora con 354 millones de euros, Macron ha prometido que se llegará a los 400 millones en 2019. Mientras, el número de firmas en Change.org para protestar contra la falta de medios sigue creciendo. Ya son 10.000.

África, con 275 millones de francófonos, es el caladero favorito y evidente para impulsar la cruzada de Macron, misionero de la lengua. Pero en ese aspecto el dirigente francés se contradice. Para desarrollar la francofonía se apoya en la demografía y aplaude la multiplicación de futuros francoparlantes. Y ahí le estallan en pleno rostro sus críticas a las sociedades –y a las mujeres africanas– expresadas en la reunión del G20 celebrada en Hamburgo, en julio de 2017. Allí, el presidente más anglófono de la historia de Francia manifestó que no sirve de nada gastar miles de millones de euros en el desarollo de África si sigue siendo normal que las mujeres tengan 8 o 9 hijos.

Ese mismo razonamiento, o similar, ha aplicado Macron cuando se aborda el problema de la emigración africana a Europa. La explosión demográfica al sur del Mediterráneo es una preocupación para los gobiernos europeos y en especial para Francia, antigua potencia colonial en decenas de países del área.

Macron presenta su plan ante miembros de la Academia Francesa y otros invitados en el Día Internacional de la Francofonía, el 20 de marzo de 2018. (Reuters)
Macron presenta su plan ante miembros de la Academia Francesa y otros invitados en el Día Internacional de la Francofonía, el 20 de marzo de 2018. (Reuters)

De África a Bruselas

El pasado colonial no podía tampoco ausentarse como queja inevitable de algunos intelectuales y escritores africanos. Así, Alain Mabanckou, ganador del premio literario Reanudot en 2006, ha rechazado formar parte del nuevo equipo macroniano de la Francofonía. Para el escritor congoleño, "la Francofonía es todavía percibida como la continuación de la política extranjera de Francia en sus antiguas colonias". Para Mabanckou, "los africanos no necesitan la lengua francesa para existir". Otro francófono africano, el periodista y escritor argelino, Adlene Meddi, reprocha a Macron que hable de "plurilingüismo" en África y apoye la enseñanza de las lenguas locales, cuando en su propio país ignora las lenguas regionales.

Pero no todo son palos para el mandatario francés. Ha conseguido que el puesto de "representante personal para la Francofonía" haya sido aceptado por la escritora franco-marroquí Leila Slimani, ganadora del Gouncourt en 2016.

Lejos de las críticas africanas, Macron quiere también extender la "lengua de la razón" en las instituciones comunitarias. Aprovechando el Brexit, París vuelve a la carga para intentar recuperar su idioma como lingua franca en Bruselas. Los palmeros periodísticos del presidente y algunos círculos valones belgas –antiflamencos- quieren que el inglés deje de ser idioma oficial en el club de los 27. Consideran que en Irlanda y Malta la lengua oficial es el gaélico y el maltés respectívamente. Por lo tanto, según ellos, el inglés dejaría se ser idioma comunitario con la salida de Reino Unido. Hasta París se oyen las carcajadas.

Precisamente de Irlanda llega una buena noticia para Macron. Dublín quiere adherirse al club de 58 miembros y 26 países observadores que forman la organización de la Francofonía. Como observador, claro, aunque, como en otros casos, véase Costa Rica o Ghana, por ejemplo, el interés de esos países está centrado menos en la lengua de Celine que en la posibilidad de integrar otra organización internacional que les abra nuevos mercados.

Escuchar a Macron defender el francés entra dentro de sus deberes como primera autoridad del país, pero muchos franceses defensores de su lengua no dejarán de sonreir recordando el lenguaje que el Presidente y los dirigentes de su movimiento/partido utilizan a diario desde que se lanzaron a la conquista del poder. En La Republique en Marche se habla de sesiones de "team building", de talleres de "coworking", de "back up" para todos los puestos de la Administración, de una oposición que "bullshit"… Los defensores de la lengua francesa frente al "globish" de Macron y sus equipos tienen razones para preocuparse de los límites de la Francofonía. Pero dentro de su propio territorio.

Mondo Cane
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