¿Fue realmente un ciberataque el responsable del apagón en Venezuela?

El Gobierno de Nicolás Maduro afirma que se lanzó desde Houston y Chicago y anuncia que pedirá ayuda a la ONU y a sus aliados para una investigación internacional. ¿Qué hay de cierto en ello?

Foto: Una familia descansa en la puerta de su casa durante el apagón en la ciudad venezolana de Puerto Ordaz, el 9 de marzo de 2019. (Reuters)
Una familia descansa en la puerta de su casa durante el apagón en la ciudad venezolana de Puerto Ordaz, el 9 de marzo de 2019. (Reuters)

El Gobierno de Nicolás Maduro ha redoblado sus afirmaciones de que un ciberataque estadounidense es el responsable del apagón que ha dejado a Venezuela sin electricidad durante casi una semana. En los últimos días ha asegurado tener pruebas -que no puede hacer públicas todavía- de que fue lanzado desde Houston y Chicago, y señala que va a iniciar una investigación internacional solicitando la ayuda de la ONU, Rusia, China, Irán y Cuba. El Gobierno chino se ha ofrecido para ayudar a restablecer la parrilla eléctrica. Mientras tanto, la oposición insiste: el apagón se debió a la falta de mantenimiento y la incompetencia del régimen venezolano, un motivo más para exigir su salida del poder.

Aliados y partidarios de Maduro repiten ahora sus afirmaciones, aportando sus propios indicios: Alfred de Zayas -el controvertido experto jurídico vinculado al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que ha ejercido de relator para Ecuador y Venezuela y ha negado repetidamente que exista una crisis humanitaria en el país- recuerda estos días que la CIA también recurrió a los apagones para generar malestar popular antes del golpe de Chile de 1973. Otros han rescatado un antiguo correo electrónico de 2010, filtrado por Wikileaks dos años después, entre la agencia de inteligencia privada estadounidense Stratfor y el serbio Srdja Popovic, fundador y director de la polémica “academia de revoluciones” CANVAS, en el que éste analiza de qué modo la oposición venezolana podía capitalizar el descontento ante varias cuestiones, entre ellas los cortes de electricidad.

“Una clave de la debilidad actual de [Hugo] Chávez es el declive del sector eléctrico. Hay una seria posibilidad de que alrededor del 70 por ciento de la parrilla eléctrica del país se apague en fecha tan temprana como abril de 2010. Los niveles de agua en la presa del Guri están cayendo, y Chávez ha sido incapaz de reducir el consumo lo suficiente para compensar el deterioro de esta industria”, escribía Popovic, cuya organización tiene una larga trayectoria en Venezuela, en 2010. “Esto podría suponer un antes y un después, dado que hay poco que Chávez pueda hacer para proteger a los pobres del fallo de este sistema. Probablemente esto tendrá el impacto de galvanizar la agitación pública y el rechazo a la presidencia, sectores descontentos del ejército probablemente decidirán intervenir, pero solo si creen que tienen suficiente apoyo”, señala.

Es cierto que Juan Guaidó parece estar siguiendo las directrices apuntadas por Popovic para que la oposición capitalice el malestar popular, pero eso difícilmente puede considerarse una prueba concluyente. El documento filtrado por Wikileaks entra más bien dentro del campo de la estrategia y la comunicación política que en el del sabotaje. Y el Gobierno de Maduro no ha presentado evidencias sólidas que respalden sus afirmaciones. Más bien parecen estar dando palos de ciego, como demuestra la puesta en libertad del periodista hispano-venezolano Luis Carlos Díaz, apenas un día después de haber sido detenido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) tras las delirantes acusaciones del número dos del chavismo, Diosdado Cabello, de estar implicado en la operación contra el sistema eléctrico.

No es, además, la primera vez que las autoridades venezolanas atribuyen al sabotaje incidentes claramente producidos por un mantenimiento inadecuado y a una pobre gestión de los recursos. Y, como señalan numerosos venezolanos, los apagones han venido siendo una constante en estos últimos años, sin necesidad de interferencia externa alguno.

Un hombre hace fotos de una subestación eléctrica quemada en Caracas durante el apagón, el 11 de marzo de 2019. (Reuters)
Un hombre hace fotos de una subestación eléctrica quemada en Caracas durante el apagón, el 11 de marzo de 2019. (Reuters)

Preguntémonoslo en serio

Pero prácticamente todos los expertos en ciberguerra dan por hecho que un componente fundamental en un conflicto futuro de cierta envergadura entre actores desarrollados incluirá ciberataques contra infraestructuras. Por eso, no es descabellado hacerse esta pregunta: ¿puede ser esta realmente la razón de lo sucedido? Y más allá de la propaganda, son muchos los analistas serios que se lo están cuestionando.

En una breve pero completa panorámica sobre la situación de la red eléctrica de Venezuela, la agencia Associated Press explicaque la planta hidroeléctrica de la presa del Guri, aquella cuyo fallo dejó al país a oscuras, aporta el 80 por ciento de la electricidad del país pese a haber sido diseñada para producir un 20% menos. La presa, construida a finales de los años 60, ha ido reduciendo progresivamente su capacidad debido a la ausencia de actualizaciones y al deterioro progresivo de las instalaciones.

Tres ingenieros consultados por AP con conocimiento directo del sistema del embalse del Guri afirman que un ciberataque es casi imposible. Según ellos, “los ordenadores que operan el sistema de monitorización no están conectados a internet y solo se pueden comunicar entre ellos, haciéndolos inmunes a un ataque externo”, afirma la agencia. “Anurag Srivastava, profesor de ingeniería en la Universidad Estatal de Washington, afirma que la única forma de llevar a cabo un ciberataque en un sistema cerrado sería mediante el acceso físico a la subestación donde está situado el sistema”, dice el artículo.

No obstante, algunos expertos señalan que ya se ha hecho antes: ocurrió, por ejemplo, en 2010 con Stuxnet, el virus diseñado por EEUU e Israel contra las centrifugadoras nucleares de Irán, que fue introducido manualmente por un agente de los servicios de inteligencia de estos países para salvar el aislamiento del sistema y que terminó difundiéndose e infectando ordenadores de medio. Y las plantas energéticas de Venezuela no destacan por sus extremos niveles de seguridad.

“De forma típica, si quieres tumbar una planta industrial o una red energética, necesitas afectar a la maquinaria que la opera. Lo que se quiere es causar una sobrecarga traspasando cualquiera de los elementos de seguridad establecidos que impiden que eso ocurra”, comenta Jeff Middleton, jefe de la oficina de tecnología de la empresa informática TheVault, a la Agencia France Press. “Básicamente se encuentra una forma de poner un virus en los ordenadores que controlan los sistemas industriales. Los fuerzas a sobrecargarse y los pones en un estado que impide apagarlos manualmente. Rusia hizo algo similar con su ataque en Ucrania”, dice, refiriéndose a un incidente en el que un ciberataque ruso logró dejar sin electricidad a Kiev durante un rato en diciembre de 2016. Aún así, Middleton dice: “Conociendo Venezuela, probablemente fue un fallo interno”.

La afectada central hidroeléctrica Simón Bolívar, en la presa del Guri. (Fuente: Wikimedia Commons)
La afectada central hidroeléctrica Simón Bolívar, en la presa del Guri. (Fuente: Wikimedia Commons)

"Todos se están preparando para ese escenario"

El experto francés en ciberseguridad Loic Guezo, de TrendMicro, considera plausible la tesis del ciberataque por parte de un actor estatal. “Es un escenario para el que todos los grandes operadores del mundo se están preparando”, indica a AFP. “Los sistemas de Venezuela son viejos y toda la red debe ser bastante frágil. Un ataque limitado podría tener importantes consecuencias”, comenta, si bien añade que no ha visto “signos claros que indiquen un ciberataque”.

En la publicación Forbes, el experto en ciberseguridad Kalev Leetaru escribe: “Mientras la realidad es que el apagón de Venezuela se debe muy probablemente a la falta crónica de fondos para su infraestructura eléctrica y a un mantenimiento postergado en el tiempo, la idea de que un estado extranjero manipule la red energética de un adversario para forzar una transición gubernamental es muy real”, indica. “En el caso de Venezuela, la idea de un Gobierno como el de Estados Unidos interfiriendo de forma remota en su red es en realidad bastante realista. Las ciberoperaciones remotas rara vez requieren de una presencia significativa sobre el terreno, convirtiéndolas en la perfecta operación de influencia y negación plausible” afirma.

“Dada la tradicional fijación del Gobierno de EEUU con el de Venezuela, es probable que EEUU ya mantenga una profunda presencia dentro de la red nacional de infraestructuras, convirtiendo en algo relativamente accesible el interferir con las operaciones de la red. Las desfasadas infraestructuras de internet y energía presentan pocos desafíos de calado a dichas operaciones y hacen que sea relativamente fácil eliminar cualquier rastro de intervención extranjera”, añade Leetaru. “Amplios apagones de energía y conectividad como el experimentado por Venezuela la semana pasada están sacados directamente del moderno manual de ciberoperaciones. Cortar la energía en hora punta, asegurando el máximo impacto sobre la sociedad civil y numerosas imágenes mediáticas de corte post-apocalíptico, entran de lleno en el molde de una operación de influencia tradicional”, explica.

Pero aunque no se pueda descartar de plano, lo cierto es que a día de hoy no hay pruebas concluyentes que permitan afirmar que se haya producido un ataque semejante. Tal vez por ese motivo, Maduro continúa asegurando que “solo Estados Unidos tiene la tecnología para ello": tumbar el sistema eléctrico de un país y no dejar ningún rastro.

Mondo Cane
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