Construyamos una UE seria y potente, y ya volverán

Las críticas a la dinámica actual de la Unión Europea son lógicas. Tomémonos el Brexit como una última oportunidad para crear un proyecto europeo fiel a sus orígenes

Foto: Artículo 50 del Tratado de Lisboa que aborda el mecanismo de salida (Reuters)
Artículo 50 del Tratado de Lisboa que aborda el mecanismo de salida (Reuters)

Si no cabe acudir al pánico por las reacciones inmediatas irreflexivas al Brexit, básicamente alimentadas por especulaciones a corto plazo, sí tenemos la obligación de sacar lecciones para mirar al futuro. En primer lugar no dejemos de recordar una vez más que la utilización interesada y frívola de referendos o la apelación a la democracia directa, como ya se vio con Tsipras, es muy bonito, pero pervierte la democracia para fracturar y dar cancha a instintos irracionales por encima de la razón en temas de enorme complejidad y trascendencia. Ha sido obsceno ver al ciudadano Cameron amenazar de todos los males a sus gobernados (¡incluida la inseguridad!) aunque fueran ciertas sus alarmas. Pero, entonces, ¿para qué preguntas si tu deber es hacer lo mejor para tu pueblo? Quien vota no tiene la obligación de saber ni de comprender las enormes dificultades pluritemáticas de los grandes temas políticos. Para eso el votante se lo encarga a alguien que dedica su vida a eso. Quitarse la responsabilidad para devolver(nos) la pelota es una falta de responsabilidad e inconsciencia: Y en el caso de Cameron (como Tsipras o la futura Le Pen), motivado por intereses politiqueros egoístas, es de lesa sociedad, porque los británicos van a padecer bastante a partir de ahora. Sobre todo los jóvenes que, además, han votado muy mayoritariamente Europa.

Pero del Brexit no solo es responsable el peor gobernante británico desde la batalla de Hastings, y tenemos muchos otros que asumir nuestra culpa. Por ejemplo, la labor mediática de información y educación por parte de las instituciones europeas ha sido nula o inexistente, dejando establecerse la más que falsa idea de que los problemas los creaba “Bruselas” frente a lo bien que lo hacían los gobiernos nacionales…. ¡¡¡cuando es justo lo contrario el 90% de las veces!!!: refugiados, crisis del euro, medio ambiente, libertades civiles, solidaridad, etc… Lo único bueno ha venido de la Comisión, y lo dudoso o nefasto, del Consejo, que es el concierto de países y nacionalismos.

A mí me da cierta vergüenza lo poco o nada presente que hemos estado los federalistas herederos de Spinelli, que contamos, sin embargo, en todas las instituciones con grandes personajes y con juventudes magníficas. ¿Hemos sabido explicar la verdad y el futuro? Todo lo contrario, campan por sus respetos los heraldos de utopías nacionalistas autoritarias y xenófobas, los repartidores destructivos de miedo indebido, de la vuelta a las tinieblas del tribalismo moderno. Una lección importante para los españoles que tienen también sus populismos clientelistas, amedrentadores y xenófobos, dispuestos a prostituir la democracia quitándonos el derecho a decidir a los que no somos “de la tribu privilegiada” y dispuestos también a sacar españoles de la UE.

Portada del diario 'Evening Standar' con el titular: 'Estamos fuera' (EFE)
Portada del diario 'Evening Standar' con el titular: 'Estamos fuera' (EFE)

Reconstruir una UE fiel a sus orígenes

Pero también ha sido gravísima la propia perversión y el deterioro consentido del ideal y de la finalidad última del proyecto europeo que se fundara hace unos 60 años. ¿Qué atractivo tiene la dinámica de la UE actual, ingobernable, incapaz de hacer respetar sus propios principios y fundamentos, puro intercambio permanente de intereses mezquinos, extremadamente débil en sus negociaciones con otros continentes, tolerante con actitudes antidemocráticas y asquerosamente nacionalistas, elefantiásica a la hora de ejecutar decisiones acertadas tardíamente, etc.? No es de extrañar que muchos le den la espalda, y los más exaltados lo aprovechen para ponerse el uniforme de 1939, de uno u otro lado del Rhin… y del Vístula-Oder.

Por eso hay que tomar el Brexit en positivo, es decir como una última oportunidad, pero bien espoleada, de hacer renacer y reconstruir una Unión Europea fiel a sus orígenes ideales e indispensable para la futura prosperidad y libertad en seguridad de los ciudadanos europeos. Hay que hacer comprender a los demócratas europeos que no existe alternativa, en este mundo de relación de poder continentalizada, a una Europa más integrada y mejor gobernada. No basta la cooperación para la seguridad (recordemos el tremendo error español de haber parcelado nuestras policías), hacen falta agencias ejecutivas europeas integradas, hace falta una política de defensa común financiada en común. Ya empieza a ser peligrosamente imbécil mantener una moneda común sin integración política. La calidad democrática necesita de un Parlamento con poderes sobre todos los temas y listas europeas. Las fronteras exteriores a Europa deben ser protegidas a nivel europeo con fuerza europea integrada, o no funcionará Schengen ni la libre circulación. La política internacional tiene que tener una voz o seremos tan irrelevantes como despreciados. Y algún etc. Dejemos establecer con Gran Bretaña (si no se desguaza) la Europa de los mercaderes con acuerdos técnicos razonables, pero nada concesivos, y opongámosle una Europa sólida y seria, con el núcleo de países que, llevados por su ética del bien común y su visión de futuro, como se tuvo tras la carnicería de la segunda guerra mundial, estén dispuestos a ceder o compartir soberanía nacional para construir un bien superior. La alternativa es regresar a nuestras retrógradas pugnas étnicosupremacistas y a la total irrelevancia tercermundista a la larga.

Siempre me gusta romper una lanza en favor de los jóvenes, ya que, por fuerza natural, el futuro es de ellos y ellos lo disfrutarán y padecerán. En este caso los jóvenes británicos han sabido dar la talla y comprender que su bienestar y libertad reside en Europa. Pero no han podido con los carcas retrógrados ni los asustados. Creo firmemente que si construimos una Europa ambiciosa, sólida, integrada, solidaria y gobernada democráticamente, pero unitariamente en los aspectos socio económicos claves, esos jóvenes podrán integrarse, ya maduros, con ilusión y reforzando su visión universal dentro de unos 20 o 25 años.

Enrique Calvet Chambon es eurodiputado adscrito al Grupo Europeo de los Demócratas y Liberales (ALDE)  y miembro del CF de la Unión de Federalistas Europeos. 

 

Tribuna Internacional
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