Baviera: tan ricos y tan enfadados

La Unión Social-Cristiana (CSU) ha dominado siempre la política de este estado de mayoría católica, pero se espera que sufra una caída de hasta 15 puntos este domingo. Las razones son múltiples

Foto: Personas vestidas con trajes tradicionales bávaros desfilan durante el Oktoberfest en Múnich, en septiembre de 2017. (Reuters)
Personas vestidas con trajes tradicionales bávaros desfilan durante el Oktoberfest en Múnich, en septiembre de 2017. (Reuters)

En el antiguo y muy católico Reino de Baviera, hoy Estado libre asociado a Alemania, cuentan un chiste. Dicen que hay que conducir con luces de cruce aunque sea de día, porque todo es negro. No porque haya un eclipse, por la contaminación, por la normativa de tráfico o por la lluvia. No, es porque es un Estado absolutamente negro. Negro es el color de la Democracia Cristiana alemana, como amarillo es el de los liberales o rojo el de la socialdemocracia.

La CSU, la Unión Social-Cristiana, fundada antes incluso que la CDU, su partido hermano a nivel federal, la Democracia Cristiana de los Adenauer, Kohl y Merkel, ha sido todo en la Baviera contemporánea. Siempre consiguió la mayoría absoluta, menos en las elecciones de 2008, en que tuvo que pactar con los liberales. Un record desconocido en los países occidentales.

En las elecciones regionales del domingo la CSU bajará, según los sondeos, hasta el 33%, desde el 48 % de 2013. No es un drama, sino una tragedia de tonos griegos porque supone el fin de una época. Y eso, a costa de los xenófobos, nacionalistas y ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) que pueden conseguir algo más del 10%.

A este terremoto puede seguir un maremoto en las elecciones de fin de mes en el Estado de Hesse, donde se encuentra Frankfurt, otro descenso previsto del 10 % que puede llevarse por delante a la presidencia de la CDU. Fin de era para Angela Merkel.

Porque la CSU no es un partido más, es puro ADN bávaro. Es algo tan local como los cruceros que te encuentras en los caminos, el barroco de las iglesias, los lederhosen, los pantalones de cuero, o la cerveza.

El líder de la CDU Horst Seehofer y el primer ministro bávaro Markus Soeder durante un mitin en Munich, el 12 de octubre de 2018. (Reuters)
El líder de la CDU Horst Seehofer y el primer ministro bávaro Markus Soeder durante un mitin en Munich, el 12 de octubre de 2018. (Reuters)

Crispación por los alquileres

En la Baviera de la postguerra y bajo los sucesivos gobiernos de la CSU se obró un segundo milagro alemán. En 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, el 60 % del empleo bávaro estaba en la agricultura. Hoy, el Estado federado más extenso de Alemania, el segundo más poblado, es la sede de la gran industria alemana, con gigantes como BMW o Audi que imponen su Made in Germany, su imagen de calidad, en todo el mundo. Es, junto con el vecino Estado de Baden-Württemberg, el que más crece en Alemania.

Baviera, con 13 millones de habitantes, es un imán para cientos de miles de jóvenes europeos. Todos conocemos a alguien que tiene un hijo o una hija en Munich. Se entiende tradicionalmente que un paro del 4% equivale a empleo total, pero en Baviera el desempleo es todavía menor, del 2,7%.

¿Dónde está el problema? Pues en que, entre otras cosas, han estallado los precios de los alquileres de las viviendas en un país donde se vive de alquiler. Tras la crisis de 2008, Munich escogió salvar al banco regional antes que construir viviendas sociales. Más aún, vendió 30.000 viviendas de este tipo a un fondo de inversión. Y la población ha tomado nota.

El drama para la CSU es que cambió la región, la modernizó, pero el partido sigue anclado en el pasado, no ha visto los fuertes vientos de cambio que recorren el mundo, las agitaciones por Internet, los bulos y los populismos.

La canciller alemana, Angela Merkel, en la Cancillería de Berlín, el 12 de octubre de 2018. (EFE)
La canciller alemana, Angela Merkel, en la Cancillería de Berlín, el 12 de octubre de 2018. (EFE)

Los refugiados lo cambiaron todo

Y, aparte de ser un partido muy tradicionalista, muy católico y muy conservador, sigue siendo absolutamente masculino. Todos sus dirigentes son hombres y el 80% de los militantes son hombres. Aunque, cosa curiosa, recibe más votos de las mujeres que de los varones.

No ayuda en nada un jefe de gobierno, Markus Söder, llegado al poder en marzo de este año, sin ningún tipo de carisma, como sustituto de Horst Seehofer, que fue a Berlín como ministro de Interior. En medio año ha conseguido ser el menos apreciado de todos los jefes de gobierno regionales de Alemania. Söder se limita a decir que la culpa de todo la tiene Berlín.

Pero las tensiones vienen de lejos. La situación cambió radicalmente en Alemania en 2015 con la llegada masiva de refugiados, más de un millón de personas, gracias a la política de puertas abiertas de la canciller Merkel. Alternativa para Alemana, los populistas de derechas, surgieron hace años al calor de la crisis del 2008, en contra la Unión Europea, en contra del apoyo a los países del sur. Entró en retroceso a medida que la situación mejoraba, pero con la llegada de refugiados encontraron un nuevo chivo expiatorio. Y esta crisis tuvo un eco particular en Baviera, porque era por aquí por donde entraban en Alemania, procedentes de la vecina Austria.

Pero en estos tiempos de bulos y de populismos nos encontramos con regiones de Baviera donde la CSU ha recibido tradicionalmente el 80 % de los votos y en donde no hay refugiados, que dará, según los sondeos, un 10% a la AfD. Su eslogan principal es que el muy próspero Estado federado se hunde. Sin comentarios.

El ruido se impone a la razón. Este verano estalló la crisis entre los partidos democristianos hermanos, la CDU de Merkel y la CSU bávara, socios en la coalición de Berlín con los socialdemócratas. El presidente de la CSU y ministro de Interior, Horst Seehofer, exigía poder expulsar a los refugiados en la misma frontera con Austria, a lo que se opuso la canciller. La polémica dañó al partido bávaro.

La líder de una facción de Alternativa para Alemania Alice Weidel brinda durante un mitin en Taufkirchen, Bavaria, el 13 de octubre de 2018. (Reuters)
La líder de una facción de Alternativa para Alemania Alice Weidel brinda durante un mitin en Taufkirchen, Bavaria, el 13 de octubre de 2018. (Reuters)

Una dureza que no convence

En Alternativa para Alemania están encantados porque la CSU gira aún más hacia la derecha, se mueve hacia sus posiciones de firmeza y les hacen la campaña de manera gratuita. Los votantes dicen que en vez de respaldar a la copia, a los democristianos, prefieren el original, a los duros.

Todo muy lamentable en una región simpática como pocas, que ha sabido combinar la tradición con la modernidad. La Baviera católica y conservadora echa por tierra la teoría de Max Weber, de que la reforma protestante, la austeridad y el esfuerzo fueron la base del desarrollo industrial y del capitalismo o lo de que el catolicismo es la raíz del atraso del sur de Europa. En Munich no eres extranjero. Llegas a un Biergarten, te sientas en una de las largas mesas de madera y en unos minutos has pegados la hebra con el vecino y entonas cánticos regionales mientras vuelan litros y litros de cerveza. Ah, y mañana a trabajar y con seriedad, que ambas cosas no deberían estar reñidas.

Pero la cervecería y la taberna son hoy globales. Y arman mucho ruido.

“Ya no entiendo el mundo”, decía esta semana un viejo dirigente democristiano bávaro, compañero del mito de los años 80 del siglo pasado, Franz-Joseph Strauss, aquel polémico gigante, candidato a la cancillería, cuando la CSU lo era todo en Baviera y en Alemania.

No se entiende, no. El mundo ha cambiado, está cambiando. Los “nuevos medios”, Facebook & Co., que iban a traer la libertad de expresión, la protesta y un cambio político positivo, han perdido el control, dicen los viejos y sesudos medios analógicos que todavía sobreviven.

El mundo cambia y no precisamente a mejor.

*Daniel Peral es ex corresponsal de TVE en Alemania.

Tribuna Internacional
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