El Cáucaso en 2018: grandes cambios en una región donde casi nunca cambia nada

El año pasado no prometía ninguna alteración en un status quo que se ha demostrado manejable. Pero la caída del primer ministro en Armenia ha modificado radicalmente el panorama

Foto: Soldados armenios en una trinchera en Nagorno Karabaj. (Reuters)
Soldados armenios en una trinchera en Nagorno Karabaj. (Reuters)

El año 2018 comenzó sin grandes conmociones en el Cáucaso. Mientras los territorios de Abjasia y Osetia del Sur -escindidos en la práctica de Georgia- permanecían inalteradas dentro de la órbita del Kremlin, el otro estado de facto regional de Nagorno Karabaj (oficialmente conocido como República de Artsaj desde 2017) esperaba otro año de limbo geopolítico acompañado de escaramuzas fronterizas con el vecino Azerbaiyán e inversiones de la diáspora armenia para proyectos de construcción y desarrollo. Pero todo cambió con la dimisión del primer ministro armenio Serj Sarkisian en abril, tras 10 años en poder, bajo la presión de un movimiento masivo de protestas callejeras.

Nagorno Karabaj, de una superficie algo mayor que Navarra, fue objeto de las primeras manifestaciones organizadas de descontento en la Unión Soviética en 1988. Tras la disolución de la URSS, el malestar acabó desembocando en una guerra abierta entre armenios y azeríes. De las ruinas de ese conflicto armado -culminado en 1994- surge la situación actual: un estado armenio paralelo erigido conforme al Derecho a la autodeterminación de los pueblos (según la versión armenia), y un régimen separatista ilegal que viola la integridad territorial de Azerbaiyán (según la versión azerí).

La llegada al poder del periodista-diputado-activista Nikol Pashinyán a través de la denominada "Revolución de Terciopelo" trae consigo enormes cambios para Armenia, y también, necesariamente, para Nagorno Karabaj. Este estado de facto es reconocido internacionalmente como parte territorial de Azerbaiyán, pero desde 1991 ha sido gestionado por Armenia (moneda nacional, código telefónico, internet, ejército, presupuesto), algo que continúa hasta hoy. Lo que cambió con la revolución fueron los viejos cuadros del legislativo y ejecutivo en Ereván; el nuevo Gobierno tiene sus propios planes en cuanto a la política exterior, seguridad y defensa, junto con otro modelo de desarrollo económico y cultural entre otras cosas. Los cambios en los cuadros militares, no obstante, han sido mucho más limitados.

Partidarios del nuevo primer ministro armenio Nikol Pashinián celebran su victoria electoral en Ereván, el 8 de mayo de 2018. (EFE)
Partidarios del nuevo primer ministro armenio Nikol Pashinián celebran su victoria electoral en Ereván, el 8 de mayo de 2018. (EFE)

Maniobras militares y control político

Las tensiones entre los principales actores del contencioso no han disminuido. Al contrario, se han producido varios hechos sin precedentes. A diferencia de los dos últimos Gobiernos en Ereván, el nuevo Ejecutivo de Pashinyán insiste en el retorno de las autoridades de Stepanakert (la capital de Nagorno Karabaj) a la mesa de negociaciones, algo que rechaza rotundamente el Gobierno de Azerbaiyán, que, a su vez, insiste en la participación de un comité que representa a los refugiados de la guerra. Por ahora, ninguno parece haberse salido con la suya.

En el otro extremo de la zona, en la región autónoma de Najicheván (un enclave que forma parte de Azerbaiyán), militares azeríes llevaron a cabo avances en el sistema de trincheras, acercándolas a la frontera armenia. Se han producido intercambios de fuego con armas ligeras en varias ocasiones, al parecer con sólo unos pocos heridos.

A diferencia del año anterior, los ejercicios militares tenían un significado mucho más profundo, buscando en todo momento descifrar la reacción política y potencial bélico del contrincante. Así, han tenido lugar siete ejercicios militares (dos en Najichevan) a gran escala por parte de Azerbaiyán, incluyendo uno en junio en el que participaron miles de efectivos, 200 piezas de artillería, más de 100 tanques y carros blindados y 30 vehículos aéreos de combate. Además, en septiembre, Bakú puso a prueba tres de sus mejores armas adquiridas de socios extranjeros, el sistema Smerch de Rusia, la artillería autopropulsada DANA de la República Checa y el misil Lora de Israel.

Debido a las turbulencias políticas en Armenia, los planes militares tuvieron que ser modificados. No obstante, en Nagorno Karabaj se llevó a cabo en junio una simulación de ataques tanto defensivos como ofensivos con tanques y carros blindados, y un mes después, otros ejercicios militares con artillería pesada y sistemas lanzamisiles. En agosto hubo simulaciones de guerra total, las de mayor importancia, abarcando desde preparaciones de combate hasta la movilización de varios ministerios ante un hipotético conflicto armado, todo ello conducido por el propio Pashinián. El año terminó con más ejercicios, aunque en menor escala que los anteriores, pero igual de importantes para la defensa tanto militar como civil en Nagorno Karabaj, conjuntamente con tropas de las dos entidades políticas.

Después de la "Revolución de Terciopelo", el siguiente paso fueron unas elecciones parlamentarias extraordinarias, celebradas el 9 de diciembre. El tema de Nagorno Karabaj ocupó un lugar importante en todas las campañas electorales. La politización del tema alcanzó tal nivel en Armenia que recibió una contundente respuesta de las autoridades militares en Stepanakert: un ex militar candidato a diputado, Sasun Mikayelyan, pronunció sin reservas que la Revolución [de Terciopelo] era más importante que la victoria armenia en Karabaj en los años 90. El portavoz del estado mayor en Stepanakert, Senor Hasratyan, le reprochó que hay quienes hablan por hablar, sin tener nada que decir. El primer ministro Pashinián intervino mostrando su irritación con el portavoz, y el 14 de diciembre ordenó el traslado del jefe de estado mayor de Nagorno Karabaj, Levon Mnatsakanyan, un militar de carrera, a un puesto de menor importancia como jefe del Ministerio de Situaciones de Emergencia.

Aunque teóricamente las dos entidades tienen gobiernos, fuerzas armadas, parlamentos y sistemas jurídicos independientes, en la práctica no cabe duda de que Stepanakert depende del Estado armenio en Ereván. En la vida cotidiana de los armenios, ambas se entremezclan. Con el cambio político en Ereván, algunos hablan de cambios políticos similares en Stepanakert en tiempos venideros.

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, con el ruso Vladímir Putin durante una cumbre de la Mancomunidad de Estados Independientes (CIS) en San Petersburgo, el 6 de diciembre de 2018. (EFE)
El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, con el ruso Vladímir Putin durante una cumbre de la Mancomunidad de Estados Independientes (CIS) en San Petersburgo, el 6 de diciembre de 2018. (EFE)

Azerbaiyán, un año de ensayo y error

2018 ha sido un año de ensayo y error para Bakú y Ereván, pero más para el primero, que testaba las aguas mediante declaraciones y comentarios oficiales. Tanto el 24 de abril, día en que los armenios conmemoran el Genocidio, como el mismo día en que triunfó la revolución, la cuenta de Twitter del Presidente Ilham Aliyev registró diversos comentarios aludiendo a que Turquía y Azerbaiyán son aliados inseparables. También hubo fuertes críticas oficiales al llamamiento a la negociación con Stepanakert.

A eso hay que añadir las pruebas del sistema antimisiles S-300, tecnológicamente el más avanzado de la región, justo después de que Ereván anunciara su interés en comprar una serie de cazabombarderos rusos Su-30. Asimismo, Bakú logro atraerse a otro estado post-soviético para ejercer presión sobre Ereván, Bielorrusia. El líder bielorruso Aleksandr Lukashenko, también conocido como el último dictador de Europa, ha defendido sus ventas de armamento a Azerbaiyán aludiendo a la amistad “estratégica” entre los dos.

El año 2018 concluye con 42 bajas militares por la parte armenia y 33 por la parte azerí. Sin embargo, de ellos, sólo 9 pérdidas armenias y 11 azeríes fueron resultado de combates, unas cifras sorprendentemente bajas en comparación con años anteriores. Los cambios de 2018 no necesariamente implican el acercamiento a una resolución del contencioso, sino su mofidicación y su continuación por otros medios, sin descartar la posibilidad de escaramuzas fronterizas a pequeña escala para el año venidero.

Más allá de una posible resolución entre las partes afectadas, el contencioso sobre Nagorno Karabaj es ya desde hace décadas un asunto internacional. No podrán producirse grandes cambios sin injerencias de otros actores como Moscú, Washington, Ankara o la Unión Europea, cada uno con su propia manera de resolver el asunto, conforme a sus intereses particulares. Dada la polarización de las sociedades armenia y azerí, no es posible dar una resolución imparcial al conflicto, ya que ninguno quedaría contento. Las enormes complejidades que presenta este problema sugieren una única manera, la perpetuación del 'status quo' y la continuación de unas negociaciones estáticas que eviten otra guerra.

*Mikail Darbinyan es investigador de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en historia y geopolítica del Cáucaso

Tribuna Internacional
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