Cómo pueden lograr Italia y España que los 'frugales' apoyen el fondo de recuperación

Una reciente encuesta del ECFR señala que existe un importante peligro de malinterpretar la opinión pública y así estimular accidentalmente la aparición de una nueva ola de euroescepticismo

Foto: Pedro Sánchez y Mark Rutte. (EFE)
Pedro Sánchez y Mark Rutte. (EFE)
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Durante años, se ha comparado el euroescepticismo y el populismo con un virus que se ha propagado hasta alcanzar unas proporciones epidémicas. Algunos en la UE albergan la esperanza de que el virus verdadero haya ayudado a curar el político y de que el populismo esté menguando. Por ejemplo, el vicecanciller alemán, Olaf Scholz, cree que el plan de recuperación marcará un momento federalista de corte 'hamiltoniano' que dará un nuevo propósito al proyecto europeo. Al igual que Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro estadounidense, que puso su país en el camino a la federación mediante la consolidación de las deudas de la guerra revolucionaria, muchos esperan que el plan de recuperación europeo sea una primera etapa para la creación de unos 'Estados Unidos de Europa'.

No hay duda de que un plan masivo de recuperación es fundamental para que miembros de la UE superen la crisis. La iniciativa de crear un fondo de recuperación europeo lanzada por Angela Merkel y Emmanuel Macron representa un valiente y necesario primer paso en el camino a la recuperación del continente. Sin embargo, una reciente encuesta del ECFR señala que existe un importante peligro de malinterpretar la opinión pública en el contexto de la crisis actual y así estimular accidentalmente la aparición de una nueva ola de euroescepticismo. En dicha encuesta, en la que participaron ciudadanos de nueve Estados miembros de la UE que representan alrededor de dos tercios de la población total de la UE, se preguntó a los entrevistados si estaban a favor de compartir las cargas financieras de la crisis. Los resultados fueron bastante aleccionadores.

En primer lugar, encontramos unos niveles de apoyo significativos ante la idea de compartir las cargas financieras en países que seguramente no serán beneficiarios del fondo de recuperación. Sin embargo, en ninguno de los contribuyentes financieros netos al presupuesto comunitario encontramos una mayoría de ciudadanos favorable a compartir las cargas financieras. Incluso en Francia, que lidera la posición a favor de los eurobonos, solo el 47% de los encuestados son partidarios de compartir la carga financiera del fondo de recuperación. En Alemania, por ejemplo, la cifra es del 43%, en Suecia, del 30%, y en Dinamarca, del 25%. Nuestra encuesta tampoco ofrece mucha esperanza respecto a los apoyos al plan por parte de familias ideológicas afines. Por ejemplo, solo el 23% de los votantes socialdemócratas daneses está a favor de compartir la carga financiera.

Mejor no hablar de solidaridad

Dadas estas limitaciones, la clave para desbloquear el apoyo para el fondo de recuperación reside en comprender la naturaleza de las preocupaciones de los países escépticos o que se oponen al plan franco-alemán: temen dar lugar a unas transferencias permanentes desde los países ricos hacia los pobres y rechazan terminar financiando actividades económicas inviables, pues prefieren emplear los fondos en la modernización económica. Para atajar estas preocupaciones y lograr que la ciudadanía apoye el plan de recuperación, es necesario que los apoyos no se basen exclusivamente en la solidaridad o una visión federalista de la UE, sino en el interés propio ilustrado de cada país en aprovechar esta oportunidad para modernizar su economía.

Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)
Donald Trump y Xi Jinping. (Reuters)

Comencemos por el interés propio. La crisis del covid-19 ha mostrado a muchos ciudadanos europeos que el orden mundial globalizado del cual dependen se está rompiendo. Ni Trump ni Xi Jinping son socios en los que se pueda confiar, y existe una profunda ansiedad ante la perspectiva de que el mercado mundial se cierre, puesto que China y los EEUU están usando la globalización como arma para competir entre sí. Las tensiones entre Washington y Beijing proporcionan una razón adicional para justificar la importancia del mercado único europeo.

A medida que los países del resto del mundo se centren cada vez más en sus mercados internos, los Estados miembros de la UE se darán cuenta de que el único mercado viable para los países pequeños y medianos es el europeo, más que el nacional. No hay más que ver las estadísticas comerciales anteriores a la crisis del covid-19: el comercio de bienes y servicios entre los Estados miembros de la UE representa dos tercios del volumen comercial total de los Estados miembros de la UE. Por su parte, los intercambios comerciales dentro de la UE representan un 59% de las exportaciones suecas, francesas y alemanas, un 61% de las exportaciones danesas, un 71% de las austríacas y un 74 de las holandesas. En Holanda, el 43,9% del PIB depende del comercio intraeuropeo (en Austria, el 29,8%, en Alemania, el 21%, en Dinamarca, el 19,9%, y en Suecia, el 18%).

La realidad es que podrían perderse millones de puestos de trabajo en muchas empresas europeas más debido a los efectos a corto plazo de la crisis que a la falta de competitividad a largo plazo. Por esa razón, una gran inyección puntual de capital podría generar un enorme beneficio, incluso para los países más austeros, cuyos ingresos dependen en gran medida del mercado único. Por tanto, la motivación para apoyar el fondo de recuperación debería originarse más en el propio interés que en la solidaridad.

La segunda lección urgente que se puede extraer de las encuestas es que los líderes europeos no deben hablar de un momento federal 'hamiltoniano', una idea que retrotrae al pasado, sino de un futuro verde. Tal como sugieren los datos del Eurobarómetro de 2019, la preocupación por la emergencia climática está en un máximo histórico en los países que se autodenominan como 'frugales'. Casi tres cuartas partes (71%) de los austríacos lo consideran un problema 'serio', y en Holanda (74%), Dinamarca (83%) y Suecia (84%), gran parte de la población piensa que es un problema 'muy serio'. Curiosamente, nuestra encuesta indica que en Dinamarca y en Suecia, las personas más preocupadas por el medio ambiente son las más dispuestas a aceptar el compartir las cargas financieras. Por tanto, si los objetivos del fondo de recuperación se expresan en términos de futuro y no de pasado, debería ser más fácil lograr el apoyo a dicho plan.

Si los líderes europeos quieren convertir esta oportunidad en un gran momento para Europa, deberían tener en cuenta estas dos lecciones. Pero si, por el contrario, continúan planteando el debate en términos de solidaridad y apelando al federalismo, pueden terminar reforzando los argumentos de los euroescépticos y los de los partidos que los representan. Al igual que en su momento con la gripe española, existe el peligro de que la segunda oleada de euroescepticismo sea más mortífera que la primera y que lleve los sentimientos antieuropeos al corazón mismo de Europa.

*Mark Leonard es director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), un galardonado 'think tank' paneuropeo.

Tribuna Internacional
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