Polémicas europeas, una cuestión de índole cultural: la textura del realismo
Si hay un factor catártico que pueda aunar y dar cohesión a toda la derecha del continente es precisamente el "realismo", el reconocimiento de una verdad objetiva y atenerse a su gestión
Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen en imagen de archivo. (EFE/EPA/Olivier Hoslet)
A principios de semana, Von der Leyen, cabeza de la Comisión, ofreció un discurso a la plana de embajadores para orientar su labor en política exterior. Un discurso controvertido que se ha tergiversado con polémica a raíz de la guerra de Irán. Que si no derramaremos una lágrima por el régimen de Jamenei, promotor de grupos terroristas y asesino de su propia gente. Que si el mundo ha cambiado y el orden internacional basado en reglas no volverá y que no estamos para hacer de custodios. Que si excedía el perímetro de su mandato, etc.
Sobrevolando todo ello, sin embargo, una salva al cambio de los tiempos, el "zeitgeist", la invocación a un espíritu férreo de "realismo", acertadísima. Y en el fondo de la polémica, la figura tóxica de Sánchez en escena con su "no a la guerra", irradiando oportunismo electoral, división e hipocresía. Esta guerra es una estupidez, pero una vez rota, tanto mejor apoyarla porque antes se dirimirá. Y a la hora de hacer muros, aquí sí, fundamentos hay en los 11-S, 11-M, Bataclán o las Ramblas. Con todo, lo más interesante es que el debate político europeo ha roto la hermeticidad y solemnidad diplomáticas entre Estados miembros, un aperitivo de lo que viene.
Bajo esa misma consigna de "realismo" que pretende galvanizar, la crítica más veraz al discurso de la alemana, es que se ha quedado corta, en el umbral. Se pregunta si "las estructuras de gobierno e instrumentos son los adecuados" para la nueva época. Como les pasa a todos los grandes próceres de Europa, todos rondan la figura de un Estado federal y un sujeto político en sus discursos, pero a todos les parece políticamente incorrecto expresarlo desde la institucionalidad —con excepción quizás del último Draghi y el "federalismo pragmático"—. El tabú que suscitan las posiciones nacionalistas deslumbra la vista cuando, a la larga, van a resultar el resorte imprescindible azuzado por la realidad. Cuidado que las galeras monclovitas de mercadotecnia son especialistas en el señuelo y la manipulación. Aquí, a la espera de que Don Santiago y cierra España, ofendidito, se dé por aludido y atienda prioridades. Las de la Nación, no las suyas.
Si hay un factor catártico que pueda aunar y dar cohesión a toda la derecha del continente es precisamente el "realismo", el reconocimiento de una verdad objetiva y atenerse a su gestión. Para organizarnos mejor por dentro- un poder judicial que sanciona una realidad objetiva o un periodismo crítico que la criba —qué casualidad, fundamentos de un Estado de Derecho—. Para defendernos por fuera con lo que toque la amenaza multidimensional en un mundo de interdependencias. En esta liza, Sánchez está fuera de juego. Es traidor por partida doble: al Estado y nación en casa, y al consenso de la UE en torno a la OTAN y los compromisos de defensa. Y esa forma gaseosa y meliflua de hacer política, de hacer justo lo contrario a lo que se ha dicho, sin perjuicio alguno, un tributo inconsciente al posmodernismo cultural que es justo lo que esta derecha viene a refutar.
Concurso de realismos en curso… Veremos pasar los cadáveres políticos de Trump y Sánchez, cortados por la misma autopsia
Esta es la asignatura pendiente de la derecha europea con visos de revolución contracultural. Y contrapunto también a la americana, a este EEUU del MAGA, porque el desprecio insolente de la verdad siempre, siempre pasa factura. Toda esa verborrea biliosa contra el resto del mundo "que se aprovecha de ellos", utilizada para azuzar las interdependencias económicas, cuando es ese mismo resto del mundo el que los financia. Concurso de realismos en curso… Veremos pasar los cadáveres políticos de Trump y Sánchez, cortados por la misma autopsia.
Con todo, la polémica más crispada, referida a la validez de las normas internacionales para arbitrar la cooperación internacional, es impostada, tanto que tuvo que salir VDL a matizar al día siguiente. Ahí entraron el presidente del Consejo, el portugués Costa, o la vicepresidenta de la Comisión, Ribera, a declamar por el derecho internacional, al albor de la guerra. Pero el discurso está plagado de apelaciones al mismo ratificando su vigencia, a la ONU y su Carta, o a los valores con los que "no se transigirá". Valores como un interés encriptado al largo plazo. Cuestiones distintas son la inhibición despectiva del garante histórico de ese derecho internacional y el vértigo escénico europeo, sin propiamente, razón de Estado, la que es capaz de arbitrar legítimamente entre valores e intereses.
Cuando se ensalza y se fomenta la promulgación de acuerdos comerciales con países terceros confiables, se hace eso, validar ese instrumento imprescindible de las relaciones humanas, desde que la civilización es tal. Y optar a un bloque primus inter pares, frente a la polarización geopolítica entre EEUU y China (en línea con el discurso de Carney en Davos). En el vodevil patrio, resulta cómico oír al pequeño Albares, todo circunspecto, expresar ideas del tipo: "sin ley no hay orden", después del rastrojo yermo que dejan tras siete años de tropelías. ¿Ahora viva la OTAN, y la fragata Colón y las potencias medias? Sánchez siempre miente.
Realismo es adaptarse objetivamente a la nueva época. E invocar un espíritu de exigencia, rigor y disciplina, ley y orden —todo muy "fascista"— para la defensa de un perímetro de intereses frente a todo lo que nos rodea. Un cambio cultural en toda regla. En las antípodas del entreguismo sentimental de la izquierda a las dictaduras de todo pelaje, teocracias asesinas o Chinas calculadoras y pacientes. Y al relativismo moral que lo encumbra. Ese es el sentido del discurso de VDL para construir la política exterior desde la seguridad y la competencia entre bloques.
La época de la abundancia se ha terminado. Cuando en EEUU se trabaja un 25% de horas más al año y en China ni te cuento, se trata de asumir la realidad. Cuando la crisis y la transición energética redoblan la apuesta por la autonomía, evitar nucleares es un delirio más. Cuando la tendencia demográfica y el gasto en defensa garantizan una presión constante al Estado de Bienestar, los recursos son escasos y se compite globalmente por ellos, la que viene, algo habrá que hacer. En las reformas de Draghi & Letta hay implícitos incrementos de productividad descomunales, nuestra cuestión interna prioritaria.
El discurso de la alemana, con toda la polémica que ha suscitado, ha puesto el dedo en la llaga. Más una cuestión de usos y costumbres que un debate artificial sobre el derecho internacional. Y en toda la agitación política que vamos a experimentar los próximos años, el criterio de realismo, la objetividad, como única tabla de salvación de Europa, para aunar el espectro político de la derecha. Razones objetivas para posicionarse contra Trump, acumulamos antes de la guerra: aranceles, Groenlandia, Putin, o la Estrategia de Seguridad con el foco de reventar la UE. Y lo que vendrá… Basta observar con objetividad y actuar en consecuencia.
A principios de semana, Von der Leyen, cabeza de la Comisión, ofreció un discurso a la plana de embajadores para orientar su labor en política exterior. Un discurso controvertido que se ha tergiversado con polémica a raíz de la guerra de Irán. Que si no derramaremos una lágrima por el régimen de Jamenei, promotor de grupos terroristas y asesino de su propia gente. Que si el mundo ha cambiado y el orden internacional basado en reglas no volverá y que no estamos para hacer de custodios. Que si excedía el perímetro de su mandato, etc.