Ha sido un honor servir a España con vosotros

Hoy, cuando la campaña aún no ha comenzado, me voy a permitir afirmar que estoy orgulloso del trabajo que han hecho los eurodiputados españoles de esta legislatura

Foto: Vista general de la sesión en el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia). (EFE)
Vista general de la sesión en el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia). (EFE)

El próximo uno de julio concluirá una legislatura europea histórica por muchos motivos. En los cinco años que han pasado desde las últimas elecciones, se ha producido el Brexit, el nacional-populismo ha llegado al poder en Polonia e Italia y la extrema izquierda en Grecia, la extrema derecha se ha afianzado como una alternativa antieuropeísta, hemos atendido a la mayor crisis migratoria desde la II Guerra Mundial, han regresado el terrorismo y el miedo, se han asesinado periodistas en nuestro territorio, entre Trump, Putin, Erdogan y Xi Jinping el escenario internacional se ha vuelto autoritario, no hemos sabido terminar con la arquitectura del euro, se ha acelerado el proceso de deslocalización empresarial, nos hemos quedado fuera de la carrera hacia la inteligencia artificial y nuestra clase media aún no se ha recuperado de la crisis de hace 10 años. Podría seguir. En esta legislatura, el mundo ha cambiado y a la Unión Europea le está costando adaptarse.

Sin embargo, en lo que respecta a España, en mi opinión han sido unos años ejemplares. Hemos hecho frente al mayor desafío para nuestro país en Europa desde nuestra incorporación, la propaganda independentista y su rosario de noticias falsas, y hemos vencido a la mentira. Parecería lo normal que la verdad venza a la mentira, pero en este tiempo no lo es. Puedo presumir de que España ganó el debate que se produjo con participación de la Comisión y el Parlamento justo la semana posterior al 1-O, de que el Parlamento ya no ha vuelto a debatir ni una vez más sobre la independencia de Cataluña ni sobre el juicio del Tribunal Supremo y de que a Puigdemont no se le ha recibido en ningún despacho oficial de la Unión Europea, ¡en ninguno!, y eso que se esconde allí mismo. Y tampoco en ningún despacho oficial belga. Ni siquiera en alguno de Flandes o del Ayuntamiento de Waterloo. En el futuro se podrá trabajar igual, pero no mejor.

Imaginemos que alguna de las tres cosas de las que presumo se nos hubiera escapado. Pongo, por ejemplo, que la semana del 1-O la Comisión Europea se hubiera ofrecido a mediar entre España y Cataluña (como pudo haber ocurrido), o que en el Parlamento se hubiera abierto un debate sobre la legitimidad del Tribunal Supremo español (como se ha intentado casi en cada plenario), o que a Puigdemont le hubiera recibido alguna autoridad reconociéndole alguna representación (como han buscado diariamente desde su secta). Si algo de esto, o algún otro rifirrafe parlamentario menor que evito enumerar por no alargarme, hubiera salido mal, las consecuencias habrían sido políticamente desastrosas para la España constitucional.

Ahora, con la campaña electoral, vamos a escuchar muchas promesas, muchos propósitos y alguna fanfarronada, yo mismo estaré en eso como candidato que soy, pero hoy, cuando la campaña aún no ha comenzado, me voy a permitir afirmar que estoy orgulloso del trabajo que han hecho los eurodiputados españoles de esta legislatura. Los de mi partido desde luego, después de todo éramos los mayoritarios, pero también los del PSOE, los de Ciudadanos y los de UPYD. Si no hubiéramos luchado todos unidos por el interés de España, nada se habría logrado. Iratxe García, Javier Nart, Elena Valenciano, Maite Pagaza, Ramón Jáuregui, Beatriz Becerra, Pepe Blanco, Jonás Fernández, Javi López, Enrique Calvet… Yo qué sé, todos, junto con mis compañeras y compañeros del PP, todos hemos sido una sola fuerza defendiendo la Constitución española. Y me estoy callando por no perjudicar a nadie el nombre de muchos funcionarios de la representación permanente y de las tres instituciones sin cuya colaboración leal muy a menudo España quedaría desarmada.

Hemos dado una lección sobre cómo hacer política anteponiendo el interés general al interés de partido

Creo que hemos dado una lección sobre cómo hacer política anteponiendo el interés general al interés de partido, una lección sobre cómo sustituir la política del miedo al otro por la de la colaboración con el otro, una lección de sentido común, servicio público y patriotismo. Una lección que ojalá llegue a Madrid.

Además, esta colaboración entre los partidos constitucionalistas en Bruselas no se ha reducido al intento de golpe de Estado independentista, hemos peleado unidos ante cualquier tratado comercial, ante la política agrícola común o ante la de pesca… En especial, a esta colaboración transversal quiero atribuir el haber logrado que Gibraltar sea considerado una colonia o que el Parlamento fuera la primera institución en Europa que reconoció al presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó.

Al salir de la burbuja de la carrera de San Jerónimo, de la plaza de la Marina Española o del resto de parlamentos autonómicos y cruzar los Pirineos, nos damos cuenta de lo artificiales que son muchas veces nuestras cuitas partidistas en comparación con los grandes problemas que sacuden a España y a Europa, y a los que, desde Bruselas y Estrasburgo, con más o menos acierto, hemos tratado de hacer frente estos últimos cinco años.

Es cierto que los ciudadanos sienten lejos la Unión Europea. Y ese es un problema que debemos solventar, sin duda. Pero no es menos cierto que la lejanía es lo que nos ha permitido a muchos tomar distancia y ver las cosas con diferente perspectiva. La perspectiva de un país que, cuando es capaz de dejar a un lado sus diferencias y aunar todas las voluntades, puede conseguir lo que se proponga, como ya demostramos hace 40 años.

Los ciudadanos sienten lejos la UE. Pero la lejanía es lo que nos ha permitido a muchos tomar distancia y ver las cosas con diferente perspectiva

Esta ha sido también, en lo personal, una legislatura muy especial para mí. Aquí llegué detrás de Miguel Arias Cañete y, como todo el mundo sabe, hice el sacrificio de quedarme a vivir en Bruselas para hacer mejor mi trabajo. No ha sido fácil, me he esforzado mucho y mi familia también. Sin embargo, ha valido la pena, cierro este periodo con la íntima satisfacción de saber que he prestado un servicio a España.

Miguel Arias me ha honrado con su amistad y su magisterio europeo. Nuestro país no podía darle a Europa un mejor comisario. Algún día se reconocerá su contribución para hacer que el histórico Acuerdo por el Clima de París fuera posible. Cañete es inabarcable y su generosidad también. No habrá otro igual, ni parecido. Ni mejor

En este Parlamento, me he reencontrado con grandes y viejos amigos, como Luis de Grandes. Un hombre curtido en la Transición que me enseñó cuanto sé de parlamentarismo cuando coincidimos, a mis treinta y pocos, él de portavoz en el Congreso y yo en el Senado bajo la presidencia de José María Aznar. También a mi querida Pilar Ayuso, a quien ya admiraba antes de ser eurodiputado por su defensa cerrada de las empresas españolas en el Mercado Único. Y a mi otra Pilar, la Del Castillo, mi ministra de Educación cuando fui consejero de Educación y a quien se debe la desaparición del 'roaming' en Europa.

Esta legislatura será recordada como una de las más difíciles y controvertidas. Especialmente por los ataques al Estado de derecho en varios países

A mi Agustín Díaz de Mera, la A del abecedario castellano, sobrio y de Ávila, que es como ser del West Point del PP, que durante 15 años ha dictado las resoluciones sobre seguridad, migración y fronteras de la Comisión de Libertades Públicas. Con él y con un grupo de eurodiputados socialistas me he alojado todo este tiempo, cuando había sesión en Estrasburgo, en un pequeño pueblecito pacífico y alejado del ruido donde construir conversaciones forma parte del curso natural de las cosas.

También se alojaban en esa aldea alsaciana: Rosa Estarás, una luchadora incansable por la inclusión de todos en una sociedad abierta y tolerante, reina del Instagram, mallorquina de la cabeza a los pies, mi querida Verónica Lope Fontagné, que ha sido responsable del pilar social europeo además de tener siempre un pero que añadir en nombre de los animales domésticos, y mi vecina Esther Herranz, la primera española en ser ponente de la PAC y que si sale elegida seguirá en esa responsabilidad y no perderá España la ponencia de la política agraria.

A mi Teresa Jiménez Becerril, hoy candidata al Congreso, la he visto ocuparse de los derechos de las víctimas del terrorismo y de los derechos de los desfavorecidos vinieran de donde vinieran y estuvieran donde estuvieran. También la he visto llorar mucho y cantar mucho y bien. Como a mi venerado Carlos Iturgaiz, a quien nunca se le van las ganas de pelear por la justicia, memoria y dignidad de quienes han dado la vida por España. Tampoco a mí se me van las ganas de pelear por su legado personal.

Hemos actuado siempre con mesura pero con gran determinación, logrando importantes resultados

Igual de importante ha sido la defensa de los intereses económicos de España. Una tarea en la que mis hermanos Pablo Zalba primero y Gabriel Mato después se ganaron el respeto de todos sus compañeros. Ellos defendieron eficazmente la candidatura de Luis de Guindos a la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Gabriel, además, más canario que la isla de San Borondón, que se deja ver cuando le apetece, ha sido el portavoz de pesca de todos los populares europeos frente al posible cierre de aguas por el Brexit.

Paco Millán, inteligente, detallista por vocación, arrastrando su corazón y su retranca gallega, Nacho Salafranca, embajador en la forma y el fondo, experto número uno en Ámerica, y mi insustituible Santi Fisas, sabio, enamorado de África, del deporte y de la libertad, han sido nuestras caras en el exterior. No solo consiguieron el premio Sakharov para la oposición y los presos políticos venezolanos, sino que además impulsaron decisivamente las relaciones internacionales de nuestra patria a través de la diplomacia europea.

Esta legislatura que finaliza será recordada como una de las más difíciles y controvertidas de la historia europea. Especialmente por los ataques al Estado de derecho en varios países de la Unión. Y ahí nuestro grupo ha actuado siempre con mesura pero con gran determinación, logrando importantes resultados. Un trabajo que no hubiera sido posible sin la colaboración con el PPE y su secretario general, mi primo Tono López-Istúriz.

Las fuerzas europeístas tendremos, una vez más, que dejar al lado nuestras cuitas y ponernos a remar, todos juntos, en la misma dirección

Afortunadamente, pese a todas las contrariedades y todas las críticas, este Parlamento, casa de todos los europeos, ha sabido responder con dignidad y altura de miras. Y lo ha hecho también en parte gracias al trabajo de Ramón Luis Valcárcel, uno de los mejores vicepresidentes que recuerda esta Cámara y responsable de poner en marcha la que, dentro de unos años, será la mejor biblioteca parlamentaria del mundo, a la altura de la que alberga el Capitolio de Estados Unidos.

En definitiva, acaba la octava legislatura europea, pero también acaba una parte de la historia de este Parlamento. La siguiente, si no somos capaces de evitarlo, llegará llena de populistas, radicales y eurófobos. Las fuerzas europeístas tendremos, una vez más, que dejar al lado nuestras cuitas y ponernos a remar, todos juntos, en la misma dirección. Lo que está en juego es el futuro mismo de la Unión. Y el de España.

No tengo dudas de que los españoles sabremos estar a la altura de lo que se espera de nosotros. Seamos del partido constitucionalista que seamos

Ahora bien, después de haberlo visto con mis propios ojos, no tengo dudas de que al menos los españoles sabremos estar a la altura de lo que se espera de nosotros. Seamos del partido constitucionalista que seamos.

Hoy miro a mis compañeros de legislatura de mi partido y solo me sale escribir un: ha sido un honor servir a España a vuestro lado.

Wiertz, 60
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
12 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios