España se olvida de los Balcanes

Los Balcanes occidentales vuelven a estar de máxima actualidad en Bruselas, con importantes denotaciones políticas, estratégicas y económicas que pasan de largo en Madrid

Foto: Foto de familia de la Conferencia de los Balcanes Occidentes, celebrada en Berlín. (Reuters)
Foto de familia de la Conferencia de los Balcanes Occidentes, celebrada en Berlín. (Reuters)
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La información sobre lo que sucede en la Unión Europea y su vecindario llega a España con dificultad y solo parcialmente. Igual que la antigua prensa de provincias solo contaba lo que se cocía en Madrid si tenía relación con la provincia, los actuales medios españoles no suelen reservar espacio para lo que ocurre en Europa a no ser que afecte directamente a España. De este modo, importantes conflictos, amenazas o retos, en los que nuestro país no se ve inmediatamente involucrado, pasan desapercibidos para nuestra opinión pública.

La prensa británica, francesa o alemana, sin ir más lejos, siempre encuentra un hueco por el que colar la actualidad de su vecindario, afecte o no esa actualidad a sus respectivos intereses nacionales inmediatos. Ese no es el caso de nuestro país, salvo honrosas excepciones como El Confidencial. De este modo, ni siquiera entre los españoles mejor informados es fácil encontrar aquí a quien sea consciente, por ejemplo, de la tirantez que se vive con las minorías rusas en las repúblicas bálticas, de la nueva ultraderecha movida por un 'influencer' surgida en Holanda o de la tensión en ascenso en la frontera entre Chipre y Turquía.

Digo esto porque los Balcanes occidentales están otra vez de máxima actualidad en Bruselas, y con importantísimas denotaciones estratégicas, políticas y económicas, pero en Madrid no tengo la sensación de que se hayan escrito muchas líneas al respecto. De los Balcanes, recordamos que allí no hace mucho hubo guerras crueles en las que nuestros soldados se jugaron el tipo, que aquellas guerras fueron el resultado de la disolución de la antigua Yugoslavia, que Eslovenia y Croacia entraron en la Unión Europea, que se siguieron importantes procesos por genocidio en La Haya y poco más. También que el verbo 'balcanizar', que significa romper en trozos irreconciliables una nación consolidada, proviene de lo que allí pasó.

Sí, en Bruselas, aparte del Brexit y del retraso en el nombramiento de la Comisión Von der Leyen, no hay otro tema que los Balcanes occidentales; ahí tiene Europa un vacío en el que están tomando posiciones Rusia, China, Turquía y Arabia Saudí. Y, de verdad, no se habla de otra cosa, mientras que en Madrid sobre esto mismo no se dice nada.

El asunto saltó el 18 de octubre, tras la última reunión del Consejo. La sorpresa se escondía, como siempre, en ese apartado difuso, fuera de foco, que sutilmente las agendas políticas llaman 'otros puntos', pero que por experiencia sabemos que es ahí donde en realidad se suelen sustanciar cuestiones especialmente delicadas y a las que se quiere llegar sin hacer demasiado ruido.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el pasado Consejo Europeo. (Reuters)
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el pasado Consejo Europeo. (Reuters)

Este Consejo debía decidir si se iniciaba el proceso de adhesión a la Unión Europea de los dos países balcánicos que en estos momentos son de manera oficial candidatos a empezar a negociar: Macedonia del Norte y Albania. Sin embargo, Macron vetó el inicio de su proceso de adhesión y ambos países resultaron despachados con dos líneas en el documento de conclusiones del Consejo, instándoles a esperar hasta la próxima cumbre entre la Unión y los Balcanes, que se celebrará en Zagreb en mayo de 2020. En resumidas cuentas, les dijeron: vuelva usted mañana. Y se provocó así un gran alboroto político en la capital comunitaria.

El aplazamiento del inicio de las negociaciones para la adhesión cayó como un jarro de agua fría, no solo en los dos países mencionados sino también en no pocas capitales, en Serbia y Montenegro y sobre todo en la sala de máquinas de la Comisión Europea, donde se vio cómo, una vez más, los intereses nacionales de no más de tres países acaban imponiéndose al interés general de la Unión.

Pero vayamos por partes.

Tanto Macedonia del Norte como Albania están a años luz de una hipotética adhesión. Los problemas territoriales, sumados a la fragilidad institucional en ambos países, auguran para ambos un largo y duro camino a recorrer. Lo que se estaba discutiendo, por tanto, para que no haya lugar a confusión, no era su incorporación al club comunitario, sino dar inicio formal a unas conversaciones que, potencialmente, podrían acabar con su incorporación.

Es decir, todo y nada a la vez.

Para que se hagan una idea, Serbia y Montenegro, que iniciaron el proceso de adhesión hace pocos años y que aparecen en todas las quinielas como los próximos en cruzar las puertas sagradas de la Unión, es muy difícil que lo consigan antes de una década.

Por eso, no se trataba de adoptar ninguna decisión irreversible sino de mandar un mensaje de optimismo y de esperanza a los Balcanes occidentales. Un mensaje de fraternidad que se pudiera escuchar incluso en Bosnia-Herzegovina. Era decirles que los esfuerzos de los últimos años no han sido en vano (Macedonia del Norte incluso ha cambiado de nombre para ser aceptada por Grecia). Era, sencillamente, ser justos con lo que nosotros mismos habíamos prometido. La Comisión había venido recomendando desde hace tiempo que se inicien las negociaciones. Y ahora la palabra de la Unión Europea ha quedado una vez más en entredicho.

La frustración se ha extendido legítimamente por Macedonia del Norte y Albania, que sienten que están haciendo todo lo que se les exige y que, sin embargo, siguen sin ver progresos en su proceso de adhesión.

Una frustración que, en otros potenciales candidatos, se ha convertido ya en pesimismo. El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, lo dejó claro en una entrevista con el 'Financial Times' poco después del no del Consejo. Para él, tras el rechazo de la Unión Europea a abrir negociaciones de adhesión con Macedonia del Norte y Albania: "La región no puede depender únicamente de sus vecinos occidentales". Las comillas son oportunas y muestran lo peligroso de esta deriva antiampliación.

El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic. (Reuters)
El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic. (Reuters)

Todo porque Francia (o más exactamente, las élites políticas de Francia, con Macron a la cabeza) y sus aliados coyunturales como los Países Bajos, creen que la ampliación anterior fue un error que ha minado la influencia gala en la Unión Europea. Con lo que otra ampliación es vista con gran escepticismo, como una amenaza. En privado, admiten abiertamente que, desde que ingresaron los países de Europa del Este, la Unión Europea ha dejado de hablar francés y, desde luego, es un hecho que el francés es un idioma en claro retroceso en las instituciones europeas, con todo lo que eso conlleva.

Lo que está en juego no es (o no solo) la ampliación del bloque europeo y el cierre del mayor proyecto de paz y prosperidad que ha conocido la Historia, sino además la definición de las fronteras geopolíticas frente a una Rusia expansionista. Y lo que se expande con Rusia no es democracia, Estado de derecho y libre mercado, sino autoritarismo, proteccionismo y tensión militar.

Lo mismo ocurre con la influencia turca, china o saudí. Además, el dinero chino es mucho más accesible y, al contrario que las ayudas europeas, viene sin condiciones.

Si la Unión Europea abandona los Balcanes occidentales, Rusia, China, Turquía o Arabia Saudí se los atraerán, ya están en ello. Francia será más influyente en una Unión Europea más pequeña, pero todos los demás estaremos más desasistidos. Y con una zona de inestabilidad en el tronco mismo del cuerpo europeo será difícil que a largo plazo el sueño de una Europa unida, segura y próspera pueda realizarse de verdad.

Como todo en la vida, todo el mundo tiene algo de razón y todo el mundo ha perdido algo de ella. Ciertamente, con una Europa a Veintisiete que ya funciona renqueante, es difícil imaginarse que lo haga mejor con Veintinueve o con Treinta y uno. Pero ello no es óbice para negar una realidad geográfica y una necesidad política. Los Balcanes occidentales forman parte de Europa y deben ser, antes o después, parte del proyecto de integración comunitario.

Especialmente cautos deberían ser aquellos que se oponen a la ampliación alegando una potencial crisis de desplazamiento de trabajadores. Olvidan que la ampliación precisamente sirve para dar esperanzas y expectativas a la juventud de estos países, para que no se vea obligada a emigrar. Un futuro sin una perspectiva clara es lo que podría provocar una crisis migratoria. Un futuro sin perspectiva es lo que ha dado el Consejo a los Balcanes.

En esta campaña electoral, estoy echando de menos que se hable de Europa. Europa es la palabra relevante que los candidatos no pronuncian. Por eso, no me sorprendo de que incluso un reto tan importante como el del acceso de los Balcanes occidentales a la Unión Europea pase desapercibido para la prensa nacional; la política española aún no es consciente de que hace mucho que dejó de ser autónoma. España vive en una peligrosa burbuja política.

Para terminar, una pregunta: ¿qué habría pasado con el intento de golpe de Estado independentista si España no hubiera sido miembro de la Unión Europea? Respondan y entenderán por qué los Balcanes son y serán el tema de actualidad.

Wiertz, 60
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