Festival solo para mujeres negras, o el gueto voluntario de las minorías

Mwasi justifica esta discriminación porque, según la creencia de las organizadoras, las mujeres negras necesitan una zona de confort para sentirse libres de toda opresión y “expresarse”

Foto: Foto: Mwasi.
Foto: Mwasi.

En París hay montada una bien gorda por la celebración de un festival solo para mujeres negras. Resumiendo mucho, es un motivo más para que todos —blancos, negros, amarillos y murcianos— pongamos una velita en memoria del pobre Martin Luther King, cuyo sueño ha fracasado tan estrepitosamente. Él dijo que el único camino hacia la prosperidad de la 'black people' pasaba por la unión de negros y blancos pobres en la lucha de clases, pero lo que nos ha traído el siglo XXI es exactamente lo contrario: blancos pobres que votan a Trump para que eche a mexicanos pobres, mientras blancos pobres y negros pobres se enzarzan en una batalla racial y cultural.

El último episodio es el festival Nyansapo, que iba a celebrarse en París en el mes de julio, y ahora está pendiente de prohibición por parte de la alcaldesa de la ciudad. Lo había organizado el colectivo Mwasi, que se define en su web como un grupo “afro-feminista, no mixto, de mujeres y personas asignadas mujeres, negras y mestizas”, y consistía en una serie de conciertos, charlas y actividades, la mayor parte de las cuales era solo para mujeres negras. Dicho de otra forma, un festival donde no se admitía la entrada a blancos.

El colectivo Mwasi justifica esta discriminación porque, según la creencia de las organizadoras, las mujeres negras necesitan una zona de confort —rigurosa femineidad y negritud— para sentirse libres de toda opresión y “expresarse”. Comparan esto con los grupos de tertulia feministas con acceso vetado a los hombres, pero creo que la línea roja entre una reunión para mujeres y una reunión solo para mujeres negras salta a la vista: basta imaginarse el escándalo que provocaría una reunión feminista solo para mujeres blancas.

La línea roja entre una reunión para mujeres y una reunión solo para mujeres negras salta a la vista

Pero lo que complica el asunto es la razón por la que han saltado las alarmas. Lo que estaba destinado a ser el equivalente a un concierto en una casa okupa, ha terminado acaparando las portadas de los medios franceses gracias a la extrema derecha. Han sido ellos, lepenistas y sus satélites, quienes han puesto el grito en el cielo por esta discriminación racial. En una especie de escándalo de los titiriteros a la parisina, Mwasi acusó a los derechistas de usar el festival para dañar a la alcaldesa de París, pero entonces se complicó: SOS Racismo y La Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo se alinearon junto a la condena contra el festival ¡¡junto a los lepenistas!!

Tenemos, pues, a negras que no permiten entrar a su fiesta a blancas ni blancos, denunciadas por supremacistas blancos que en realidad no quieren asistir a la fiesta, apoyados a su vez por sus enemigos íntimos, los luchadores contra el racismo... ¿Alguien se ha perdido? Lo resumo: París arde en una guerra cultural con cabezas que se muerden sin ton ni son. Resumo más todavía: Martin Luther King está revolviéndose en la tumba.

Ha terminado acaparando las portadas gracias a la extrema derecha. Han sido ellos quienes han puesto el grito en el cielo por esta discriminación racial

Esas diferencias odiosas —el género, la raza, la preferencia sexual— que nos educaron para erradicar se convierten hoy en mamparas infranqueables. Los oprimidos se sienten legitimados en su opresión, y no dejan que otros menos oprimidos se les acerquen, ni que sea con buena voluntad. De esta forma, la condición humana se convierte en un mapa político repleto de fronteras. Lo peor es que ya no las impone solo la élite económica blanca y masculina, sino que las defienden con orgullo los oprimidos. Como si los presos se hubieran atrincherado dentro de la cárcel, como si los judíos no quisieran salir del gueto, ahora llamado 'safety space'.

Las nietas de Rosa Parks, que cambió el rumbo de la historia cuando entró en un autobús y aposentó sus nalgas cansadas en un asiento solo para blancos, quieren ahora asientos solo para negras. Y lo peor es que no son las únicas: en cada colectivo hay una punta de lanza que pugna por su 'empoderamiento' en solitario, contra el colectivo de al lado si es necesario, y contra miembros del propio colectivo que no quieren participar de su guerrilla cultural.

La única forma de lograr la igualdad es conocernos mejor los unos a los otros. Dejar de vernos como grupos enfrentados y vernos como individuos

Nos recuerda Carolin Emcke en su ensayo 'Contra el odio' (Taurus) que la única forma de lograr la igualdad, o de acercarnos, es conocernos mejor los unos a los otros. Dejar de vernos como grupos enfrentados —blanco, negro, moro, mujer— y vernos como individuos. Morgan Freeman lo expresó muy bien cuando le preguntaron si estaba orgulloso del 'mes de la negritud' impuesto por la corrección política norteamericana.

—¿Estás loco? ¿Acaso hay un 'mes de la blanquitud'? Yo no quiero un mes. Soy un ser humano. Igual que tú. Merezco todo el año.

Pero Freeman pertenece a una minoría: la de los individuos con sentido común. Mientras tanto, blancos pobres contra negros pobres, hombres contra mujeres, gitanos contra rumanos... ¿Os habéis dado cuenta de que siempre pelean los mismos? También ganan siempre los mismos. Desde la retaguardia se oyen las risas.

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