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La izquierda facha

La gente de izquierdas vive acojonada por una amenaza: que cualquier desconocido los llame fachas, machistas, racistas, etc. Es decir: que cualquiera piense que no son de izquierdas

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un discurso en el Ritz. (E. Villarino)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un discurso en el Ritz. (E. Villarino)

Se escribe sin parar sobre los motivos por los que la derecha está aplastando a la izquierda en todas las elecciones y todos los países, pero no he leído a un solo analista que señale la ventaja más indiscutible y absoluta que tiene el bando conservador. ¿Preparados? Es simple. A la gente de derechas le importa un pito la percepción que tengan los demás sobre su ideología, mientras que a la gente de izquierdas este asunto le obsesiona hasta la psicosis.

Cada ideología tiene su miedo atávico. Quizás el más atroz para la derecha sea la posibilidad de que un hijo le salga marica. Es un peligro concreto y poco probable, siempre que el hijo no pase demasiado tiempo en casa de su catequista. En cambio, la gente de izquierdas vive acojonada por una amenaza mucho más tangible: que cualquier desconocido los llame fachas, machistas, racistas, etc. Es decir: que cualquiera piense que no son de izquierdas.

Por eso envidio a la gente de derechas. Si alguien los llama progres, lo más probable es que se rían en su cara. De ahí que se permitan decir que son de centro. Juegan a confundir porque no les importa lo más mínimo el verdecito. ¿Recordáis que Gallardón se pusiera nervioso cuando 'El País' decía que era un alcalde tan guay que incluso podría ser del PSOE? Evidentemente que no. Pero pensad en los nervios de Errejón cuando medio Podemos empezó a llamarlo menchevique. Para un izquierdista no hay nada peor.

Pensad en los nervios de Errejón cuando medio Podemos empezó a llamarlo menchevique. Para un izquierdista no hay nada peor

En realidad, no deberíamos preocuparnos tanto, pero no podemos evitarlo. Pensemos un momento en lo que significa ser de izquierdas. ¿Preocuparse por el Tercer Mundo, leer a Marx, creer en la redistribución de la riqueza, luchar por la dignidad de los saharauis, llevar pegatinas en el jersey? Un poco de todo eso, pero sobre todo algo mucho más extenuante: es hacer un esfuerzo constante de relaciones públicas.

¿Queréis pruebas? Vale. ¿Cuántos libros existen sobre lo que significa ser de derechas? Ni uno solo. Coged ahora cualquier libro de política progresista de las mesas de La Central, y las probabilidades de que os topéis con alguna clase de manual de autoayuda para izquierdistas serán enormes. Y más. ¿Cuántas canciones para adolescentes hablan sobre lo mucho que mola ser de derechas? Exacto, ni una. Pero haced un repaso a las letras de todos los grupos estilo Reincidentes y, cuando terminéis, podréis escribir un manual de izquierdismo y con un poco de suerte vender tres ejemplares en La Central.

¿Cuántas canciones para adolescentes hablan sobre lo mucho que mola ser de derechas? Ni una

Un brevísimo ejercicio de imaginación terminará de asentar esta teoría. Imaginemos un mundo en el que todos los habitantes son de derechas y estaremos viendo un lugar en el que han desaparecido por completo las discusiones ideológicas. El equilibrio parece la consecuencia lógica de hacer trampas con la balanza, pero ahora imaginemos lo contrario, un mundo donde todos los habitantes son de izquierdas. ¿Cabe imaginar un escenario donde abunden más las valoraciones sobre la ideología de los demás?

La psicosis, el postureo y la vigilancia mutua de la izquierda son las tres patas del bicho que la está devorando por dentro. Y esto es así porque una parte de la izquierda, además de vivir obsesionada con su propia ideología, vive obsesionada con la ideología de los demás. Son lo que llamo para mis adentros la izquierda facha: dogmáticos, superficiales y autoritarios. Vigilantes de oficio que encuentran un enorme placer y cosechan un gran éxito en el ejercicio inquisitivo de desenmascarar.

Una parte de la izquierda vive obsesionada con la ideología de los demás. Son lo que llamo para mis adentros la izquierda facha

Pues bien: son más fuertes que nunca y le están alfombrando el camino a la derecha. El miedo atávico de los izquierdistas a ser considerados fachas se ha convertido en nuestra mayor debilidad. Dedicamos tanta energía a los ejercicios enrevesados de corrección política y a la gestión pública de la reputación y la identidad, que no nos queda ni un suspiro para sacar de La Moncloa a Mariano Rajoy, y no digamos para planificar una alternativa sólida a las políticas atroces de precariedad y austeridad.

Dado que esto no tiene pinta de ir a cambiar en los próximos años, los auténticos fachas podéis estar tranquilos. Pase lo que pase, vais a ganar.

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