La policía patriótica nos ha manchado a todos

Las noticias sobre la financiación del embrión del partido de Iglesias tenían un interés informativo, pero eran un balón de oxígeno para el PP

Foto: Pablo Iglesias. (EFE)
Pablo Iglesias. (EFE)

Parece que lo que llaman policía patriótica, un grupo específico de agentes creado al amparo del ministerio de Jorge Fernández Díaz, tenía entre sus funciones investigar la financiación de Podemos y filtrar a la prensa todo aquello que pudiera perjudicarlos. La noticia que publicó este miércoles José María Olmo sobre la conversación en Nueva York de agentes de la policía para dar un salvoconducto a la familia de un exchavista a cambio de información es una prueba del interés de aquel ministerio en encontrar pruebas incriminatorias, y de los medios poco ortodoxos. La Justicia no condenaría a Podemos con base en los informes creados, pero la mancha a su reputación fue un éxito.

Las noticias sobre la financiación del embrión del partido de Iglesias tenían un interés informativo, pero eran un balón de oxígeno para el PP porque alejaban el foco mediático de su escandalosa corrupción. Las filtraciones policiales siempre responden a un interés partidista: cuando enmierdan a Bárcenas y Rajoy, o cuando enmierdan a Podemos.

La diferencia es la implicación directa del Ministerio de Interior en este caso. El 'interés' de Moncloa. Y el 'timing'. Interesaba en Génova, y mucho, esparcir la idea de que todos son iguales. Las grabaciones publicadas por Olmo dejan claro el interés específico de Moncloa y el Ministerio de Interior por que fuera así. El Gobierno estaba utilizando herramientas del Estado de derecho contra un adversario. El propio Maduro no lo hubiera hecho mejor.

Hoy es habitual que, al mentar la corrupción del PP, salgan tuiteros y tertulianos con el falso 'y tú más'. La intoxicación fue evidente. La envergadura del escándalo debería permitirnos olvidar las siglas. Repito: un Gobierno utilizó el Ministerio del Interior y sus recursos policiales para difamar a un partido de la oposición. Hubo periodistas que se limitaron a explicar los informes y otros que sacaron punta para acusar a Podemos de un delito que la Justicia no probaría. Espero que rueden cabezas, pero tengo muy pocas esperanzas.

El Gobierno estaba utilizando herramientas del Estado de derecho contra un adversario. El propio Maduro no lo hubiera hecho mejor

Se puede hacer como si nada o mirar de frente el asunto. Muchos están mirando para otro lado. Se dan tiempo: ¡no hay sentencia! Tampoco hubo sentencia en el momento en que estalló el Watergate. Pero tanto en un caso como en el otro hubo periodistas que investigaron para sacar a la luz la verdad antes de que los tribunales tuvieran tiempo de hacer su trabajo. A los que estáis publicando estas informaciones os doy las gracias. Sois vosotros los que limpiáis la mancha que terroristas mediáticos como Eduardo Inda esparcen en esta profesión.

Estamos asistiendo a la demolición de las instituciones por parte de un partido podrido que intenta salvarse. Lo ayudan en esto sus adversarios cuando, por ejemplo, hablan de una Justicia patriarcal. Pero los hechos gravísimos con el sello del PP se multiplican.

Sospecho que los responsables directos activarán el ventilador. ¿No hicieron esto mismo con esa supuesta policía patriótica? Pondrán en duda cualquier cosa que les afecte, cualquier informe policial, cualquiera investigación judicial. Preferirán sembrar su cinismo y fomentar la desconfianza hacia las instituciones que acatar su responsabilidad. La creencia de que las instituciones son herramientas a su servicio prevalecerá. No les importará destruirlas para salvarse. No les ha importado nunca.

Nos tienen habituados a sus monsergas sobre las 'fake news', a sus recetas para combatirlas. El diablo habla de su amor a los animales mientras mata moscas con el rabo. Nos hablan de 'bots' partidistas, de polarización, de oscuros intereses de potencias extranjeras. Señalan siempre el pecado lejos de sí mismos, la paja en el ojo ajeno. Me recuerdan al tipo que intentaba pillar cacho en la manifestación del 8 de marzo.

La actualidad es una forma de amnesia, voraz e implacable, pero no podemos permitirnos que este escándalo pase sin más

Corruptores más allá del sabor dulce del dinero: corruptores de la verdad, de las instituciones y de las profesiones que desempeñan. Prefieren herir de muerte la credibilidad de la política, del periodismo y de la policía a entregarse. Y lo que es más grave: tienen una posición suficientemente poderosa como para ponerse a salvo y erigirse en guardianes de la verdad. La verdad vive su decadencia en el reino de la relatividad.

El torbellino escandaloso señalará mañana a otros, aparecerán una nueva Manada, un nuevo caso de corrupción, otro niño muerto en un pozo o una playa. Han pasado unos pocos días desde que empezó el goteo de noticias y ya tengo la impresión de que escribo tarde: de que nadie va a leer esto. La actualidad es una forma de amnesia, voraz e implacable, pero no podemos permitirnos que este escándalo pase sin más mientras hacemos el avestruz. Sencillamente: no podemos.

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