¿Pueden hacer el favor de dejar el guerracivilismo?

La derecha entiende la oposición como carta blanca para el torpedeo. Por eso se les adivina el goce cuando pronostican el fin de España y de la sociedad liberal

Foto: Vista general del hemiciclo durante la intervención de Pedro Sánchez. (EFE)
Vista general del hemiciclo durante la intervención de Pedro Sánchez. (EFE)

“Ser malos” (sic), dice el presidente Pedro Sánchez en uno de esos tuits de hace años que la gente le reflota para el cachondeo descontextualizado. El alcalde de Madrid cumple sus órdenes: Almeida le decía el miércoles a Cristina Cifuentes, risueño y rodeado de periodistas, que si quiere participar en el programa 'Supervivientes' no hace falta irse tan lejos, “porque con este Gobierno también vamos a tener que hacer un programa de 'Supervivientes' tal y como se van a poner las cosas, y por tanto, aquí también va a haber emociones muy fuertes”. Y jijí, y jojojó.

Se le veía excitado como un crío en el parque de atracciones. No es el único al que se le nota la alegría. Los últimos días en el Congreso, más atiborrados de traviesillos que la fila de atrás de un autobús escolar. Entre hiperbólicas alocuciones guerracivilistas, los diputados de la oposición se lo pasan bomba con su papel de trol. Para ellos, estar fuera del Gobierno los libera de toda responsabilidad. Como en los tiempos de Zapatero, es decir, los de las manifestaciones contra el aborto y el matrimonio gay, los de la recogida de firmas contra el Estatut y el boicot a productos catalanes, la derecha entiende la oposición como carta blanca para el torpedeo. Por eso se les adivina el goce cuando pronostican el fin de España y de la sociedad liberal. Deberían decirlo serios, pero se les escapan los dientecillos. Como a Almeida.

Que sí. Que lo que pone en la ley es que la oposición será leal y controlará al Gobierno, pero su verdadera misión no escrita es tocarle los cojones. El cachondeo parlamentario es divertido, pero debe tener un límite, o los diputados se 'destarabican' y acaban descompuestos: la cara roja y el nacimiento del pelo empapado de sudor. Las invocaciones a 1936, a las checas, los fusilamientos y la quema de iglesias (cuando se refieren en realidad a la quema de Iglesias) tienen efectos nocivos en la población civil. Calientan irresponsablemente al personal, lo mismo que las pueriles alertas antifascistas de los otros.

Las invocaciones a 1936, a las checas, los fusilamientos y la quema de iglesias tienen efectos nocivos en la población civil. Calientan al personal

Así, pasa por ejemplo esto: estaban los del programa de Risto haciendo un directo con un venerable turolense y apareció una chica con evidentes síntomas de tener una hipoteca a plazo fijo. Gritó "¡viva Vox!" y luego regresó a la cámara para un breve y desapacible careo con el anciano turolense. “Cuando nos fusiléis”, empezó a decir este, a lo que la chica respondió que si hay que fusilar, se fusila. La escena dio pie a titulares irrefrenables: una militante de Vox amenaza con fusilar, etc., pero a mí me recordó más bien a las grabaciones de 'Callejeros' en controles de alcoholemia y aparcamientos de discoteca. El problema es que, aquí, las anfetaminas y la farlopa ideológica la reparten gratis los diputados.

España siente fascinación por la Guerra Civil, que vuelve reptando y convierte el intercambio político en Apocalipsis dialéctico. Siempre ha sido así, pero desde las últimas elecciones, y más todavía desde la investidura, las referencias guerracivilistas se han vuelto el pasatiempo irrefrenable de la oposición. Es tan acentuado en una parte de la derecha como lo fue el patético 'no pasarán' de la izquierda con la formación del Gobierno andaluz. Pero no es la Guerra Civil lo que nos quita la cordura, sino la gilipollez irresponsable de los diputados. Nuestro pecado es el vicio por la épica.

Desde las últimas elecciones, y más aún desde la investidura, las referencias guerracivilistas se han vuelto el pasatiempo irrefrenable de la oposición

Si, como dicen los exacerbados, media España es fascista, machista y racista, y la otra media comunista, etarra y separatista, la única conclusión sensata sobre España es que hay que dinamitarla. ¿Merecen sus habitantes algo tan bueno como un país si son tan asquerosos como ellos mismos dicen ser? Merecen un sanatorio. Porque es insostenible creer en la existencia de España si atribuyes a la mitad de tus compatriotas el deseo de aniquilarla, y tampoco se sostiene decir a los cuatro vientos que la sociedad ha cambiado hacia el progreso mientras acusas a otros tantos de cráneo neandertal. Son cosas que no se entienden.

El 'otro' no es tan abominable como lo pintan. Twitter y el Congreso son lupas que agrandan las abominaciones ideológicas con tanta obscenidad como Instagram oculta las arrugas. En España, hay gente con distintas visiones del mundo, y no pasa nada. Tenemos además el problema de que cada región pide más sopa, pero con estos bueyes hemos de arar. Así son los países democráticos, a diferencia de las dictaduras. La única herramienta capaz de poner en equilibrio tantas sensibilidades es el Congreso de los Diputados, pero ese edificio no funciona cuando allí va la gente a divertirse a 'El hormiguero'.

Hay abuelos que, al escucharles, se lo creen y se asustan. Así que hagan ustedes oposición bruta si quieren, pero dejen en paz la guerra

Es verdad que Sánchez e Iglesias llegan al Gobierno con el permiso de gente poco de fiar, pero eso es problema suyo, no de un señor de Murcia. No es un Gobierno Frankenstein, sino de bolillos. La primera coalición de nuestra democracia es una criatura frágil e inestable. Se pondrá en peligro a sí misma, y no a España, a cada paso que dé. ¿Cuánto durará? ¿Podrán sacar Presupuestos? ¿Estallará pronto la primera gran crisis interna? Sánchez e Iglesias se comportan ahora como si ayer no se hubieran sacado los ojos, pero eso no es amistad: es propaganda.

Quien esté preocupado por la inminente destrucción de España, que recuerde qué votó el partido de Puigdemont en la investidura. Lo único que se puede romper ahora es el Gobierno, y la oposición va a intentarlo como quien juega al tiro al plato. Sánchez va a tener más problemas dentro que fuera. Así que, por favor, toquen los cojones los de la oposición cuanto quieran, pero dejen el guerracivilismo un rato. Hay abuelos que, al escucharles, se lo creen y se asustan. El mío, por ejemplo. Así que hagan ustedes oposición bruta si quieren, pero dejen en paz la guerra.

España is not Spain
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