Fabricantes de sofás haciendo mascarillas: el prodigioso vuelco de un pueblo trabajador

"El hospital de Yecla se puso en contacto con mi jefe, con la idea de que pudiéramos fabricar mascarillas, con idea de pagarlas. Pero mi jefe se ofreció a fabricarlas voluntariamente"

Foto: Un hombre con mascarilla camina por la calle durante la quinta jornada de confinamiento. (EFE)
Un hombre con mascarilla camina por la calle durante la quinta jornada de confinamiento. (EFE)
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La crisis de 2008 azotó sin piedad una ciudad murciana, Yecla, que durante décadas había hecho riqueza con una industria pujante de muebles de gama alta. La caída del sector inmobiliario arrastró consigo esta ciudad de obreros y emprendedores. En las carreteras que conectan este lugar remoto con las arterias de la capital, dejaron de verse las filas de camiones que habían sido el rostro visible de la fortuna. Muchas fábricas cerraron entonces, y los yeclanos tuvieron que inventar nuevas empresas.

Los yeclanos tuvieron que aprender palabras nuevas, como grafeno. En el pueblo, apareció una industria de este material, fábricas de zapatillas para exportar, y algunas fábricas se convirtieron en restaurantes para celebrar bodas. Poco a poco, algunas de las industrias moribundas de muebles empezaron a despertarse, inmunizadas tras la penosa enfermedad. Mientras tanto, cientos de mujeres, despedidas de sus empleos, pasaron a coser tapicerías en el interior de talleres minúsculos o en sus propias casas, con los maridos arrimando el hombro.

En los últimos tiempos, había signos de recuperación, pese a que los yeclanos saben que la nostalgia por la riqueza del pasado es algo con lo que no merece la pena perder el tiempo. Yecla hizo fortuna como un pueblo trabajador, y como un pueblo trabajador sobrevivió a aquella crisis. Pero de pronto, cuando las cosas iban mejor, llegaron febrero y marzo de 2020 con su infección de coronavirus. Con el mercado mundial paralizado por la enfermedad, las fábricas tenían que volver a echar el cierre hasta nuevo aviso.

Pero algunos empresarios y trabajadores no estaban dispuestos a quedarse de brazos cruzados. Hablo por teléfono con José Mateo, informático en la empresa Fama, que vende sofás en más de 80 países, pero ha dejado de hacerlo para ponerse a fabricar... mascarillas. “El hospital de aquí, de Yecla, se puso en contacto con mi jefe, con la idea de que pudiéramos fabricar mascarillas, con idea de pagarlas. Pero mi jefe se ofreció a fabricarlas voluntariamente. Cuando vino a decirlo, descubrió que los trabajadores, por nuestra cuenta, habíamos pensado lo mismo”.

Dicho y hecho, en Fama, los trabajadores se ofrecieron voluntarios para desinfectar todas las máquinas a lo largo de una mañana. El hospital entregó a Félix López, el dueño de la empresa, muestras de mascarillas, calzas, gorros y delantales sanitarios, “y rápidamente hicimos las plantillas informáticas para empezar a cortar y coser. Todos los compañeros, la verdad, muy emocionados. Yo he visto compañeros llorar mientras trabajaban. Y nada: una vez que lo tuvimos todo desinfectado, eso, a cortar telas, a coser”.

José Mateo cuenta cómo, en cuestión de horas después de desinfectar la maquinaria, los trabajadores se especializaron en su nueva tarea. “Trabajamos con guantes y mascarillas puestos en todo momento, extremando las medidas de higiene. Queremos apretar y que no haya un hospital sin material. Todo el mundo tiene que hacer su parte. Mi jefe también: les dio su toque de mejora a algunas de las piezas. Nosotros estamos entregados por lo que pasa en España, pero también porque él nos ha tratado a todos siempre muy bien”.

Fabricantes de sofás haciendo mascarillas: el prodigioso vuelco de un pueblo trabajador

Me cuenta que utilizan el tejido que suele ir en la parte de abajo de los sofás, “en el culo”, la tela blanca de filtro que llaman 'tejetex', especialmente pensada para filtrar el polvo y otras partículas de manera que no penetren en la estructura del sofá. “Les estamos poniendo dos capas para que haya la mayor filtración. Te repito: no son telas de sofá, sino de las que se utilizan en la forrería para la parte baja, especialmente filtradoras”.

Uno de los primeros casos de coronavirus de la ciudad se detectó este miércoles, y le tocó de cerca a uno de los trabajadores de la fábrica. Dice José que el jefe tuvo que cerrar tras conocerse el caso, por prudencia, pero que los cortadores y las cosedoras se presentaron igualmente para seguir fabricando mascarillas. “Esto es muy emocionante. Estuvieron allí cortando y cosiendo. Y hoy, a pesar de ser festivo por San José Obrero, igual”. Están entregando al sistema sanitario, según sus cálculos, unas 1.000 mascarillas al día.

“Todo el mundo quiere arrimar el hombro, poner las máquinas y las manos al servicio de la sanidad”

Al conocerse la nueva dedicación de esta fábrica de sofás a través de las redes sociales, otras empresas de tapicería han empezado a hacer lo mismo. Comparten las plantillas y el material. “Todo el mundo quiere arrimar el hombro, poner las máquinas y las manos al servicio desinteresado de la sanidad”. También esas mujeres que durante los años más negros de la crisis han cosido en sus casas para las fábricas “por cuatro perras”. Incluso la tienda local de corte y confección, Tejidos Virginia, se ha puesto a cortar y coser mascarillas “para las residencias de ancianos”.

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