Carta a la gente que va por la calle sin mascarilla
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Carta a la gente que va por la calle sin mascarilla

Sois un referente de rebeldía y de sentido común para los que, como yo, vivimos esclavizados por las recomendaciones de los matasanos. ¡Envidio vuestra valentía y vuestra personalidad!

placeholder Foto: Mascarilla en el suelo de los Campos Elíseos, en París. (EFE)
Mascarilla en el suelo de los Campos Elíseos, en París. (EFE)

Queridos amigos, queridas amigas, no sabéis cuánto os agradezco que hayáis decidido salir una vez más, en esta hermosa mañana de mayo, a la calle sin mascarilla. Sois la imagen viviente de la libertad y el criterio personal, y además sois todos guapísimos. Mi trayecto hasta el supermercado sería mucho más sombrío sin la posibilidad de contemplar vuestros bellísimos rostros, vuestras bocas y narices respingonas, vuestros bigotes orgullosos.

Sois un referente de rebeldía y de sentido común para los que, como yo, vivimos esclavizados por las recomendaciones de los matasanos. Sois los adalides de la civilización occidental, los resplandores de la calma y el sosiego, los líderes del "todo va a salir bien". ¡Envidio vuestra valentía y vuestra personalidad!

Foto: En orden de izquierda a derecha y de arriba a abajo: una mascarilla quirúrgica, una higiénica, una FFP3 y una FFP2 (Reuters)

Te me acercas, señora, en la sección de congelados del Caprabo, y te pegas bien adonde estoy yo porque quieres agarrar tus productos básicos (helado de Toblerone) no vaya a ser que algún maldito comunista te los arrebate. Cuando me aparto discretamente, me echas una mirada llena de desprecio, como a un apestado. Y veo en tu bellísima boca de piñón un fruncido anal que me informa, en un instante, de la idea que tienes de la gente con mascarilla.

Te cruzas conmigo, señor, en el paseo de Sant Joan. Vas caminando del brazo con tu mujer, que también se ha rebelado contra las mascarillas, y quizás alguien te ha mirado raro, algún esclavo mirando a su señor. ¡Culpa suya! Te oigo comentar a tu pareja lo aborregado que está todo el mundo. Y no sabes, señor, cuánta razón tienes. Quizá nuestra debilidad es tener una pareja asmática —de raza inferior— o incluso haber cedido al miedo mediático de que esta epidemia repunte y siga llevándose abuelos por delante. ¡Quizás! Débiles mentales, en cualquier caso.

Foto: El diseño que prometía Closca al inicio, con filtros FFP2, y el diseño final, con filtros quirúrgicos, ambos al mismo precio.

Lo cierto es que entiendo muy bien vuestras miradas y vuestra arrogancia. Son los gestos propios de los dioses, de los inmortales, de quienes viven sin el lastre de la culpa o el miedo. ¡Arcadi Espada se arrodillaría ante vosotros! ¡Y Willy Toledo! ¡Y Albert Camus os pediría fuego y, tras reconoceros, un autógrafo!

Nada me gustaría más que caminar, como vosotros, con alas en las sandalias y ajeno al devenir deprimente y decadente de este mundo que no os comprende. Nada me gustaría tanto como vivir liberado de la tiranía de los periódicos y las gráficas de epidemia. Sin embargo, no soy más que un mediocre mortal. Quisiera seguir vuestro ejemplo y arrancarme la odiosa mordaza para restregársela por la cara al primer neumólogo que me cruzase, y decirle cuatro cosas bien claritas a esos expertos sabelotodo.

¿Cómo explicar que tanta gente la lleve? Sin duda, porque todo el mundo es borrego, menos vosotros

Pero no me atrevo. Como el buey bajo el yugo, destaco solamente por mi capacidad de sumisión. Llevar esta máscara alienadora es incómodo y antiestético. Si tienes gafas, te las empaña. Con el calorcito, te deja marcas. Y se respira regular. ¿Cómo explicar que tanta gente la lleve? Sin duda, porque todo el mundo es borrego, menos vosotros.

Os escribo esta carta para que no malinterpretéis las miradas lacónicas que quizá se me escapan, a veces, cuando nos cruzamos. No son miradas de desprecio, ni de recelo, sino de envidia y admiración. Las ratas admiramos a los gatos. Vuestra mera presencia ya es un regalo. ¿Cómo vivir sin contemplar vuestras orondas mejillas, vuestros dientes inmaculados, vuestros ocurrentes lunares? El mundo sería más gris.

En fin, amigos, amigas. Si yo me atreviera a dar este salto a la libertad, caminaría por la calle como vosotros. Con la cabeza bien alta. Y la punta de mi napia sería resplandeciente como la antorcha de la Estatua de la Libertad.

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