Contra la prensa: cuando Podemos y Vox comparten trinchera

Los ataques y señalamientos de Podemos contra periodistas se parecen a los de Vox, pero son algo más graves porque solo uno de los dos partidos forma parte del Gobierno de España

Foto: Santiago Abascal y Pablo Iglesias. (EFE)
Santiago Abascal y Pablo Iglesias. (EFE)

Los últimos días han estado marcados por las encíclicas de miembros de Podemos contra la prensa como reacción a las informaciones veraces y no cuestionadas sobre el caso de la tarjeta de memoria llena de fotos íntimas de Dina Bousselham, que Pablo Iglesias guardó durante años, según ha dicho él mismo, “para protegerla”. A Bousselham, justo cuando se destapaba el caso, supimos que le habían dado un medio de comunicación. Ignoro si la ofrenda está relacionada con la tarjeta de memoria, pero sí está claro que 'La Última Hora' es la prueba de que nada de lo que digan en Podemos sobre la libertad de prensa debe ser tomado en serio.

Es un panfleto de la línea oficial del partido, tan explícito y vulgar que ni siquiera merece el apelativo de medio de comunicación. Todo cuanto han perorado Monedero, Echenique o Iglesias sobre la prensa y sus vasallos estos días queda desautorizado con dos minutos de lectura de su medio cortado a medida. Allí no se informa, se hace activismo. Puedo encontrar muchos ejemplos vergonzosos de activismo partidista en casi todos los medios de comunicación, pero apenas unos cuantos medios tan unilaterales y sesgados como el de Podemos. Hay que irse a 'OkDiario' para encontrar analogías válidas, y ese, por lo que sé, ni siquiera está a sueldo de un solo partido.

Los ataques y señalamientos de Podemos contra periodistas se parecen a los de Vox, pero son algo más graves porque solo uno de los dos partidos forma parte del Gobierno de España. Gobiernos del PSOE y el PP han atacado a la prensa, pero siempre entre bambalinas. A Javier Ruiz y Jesús Cintora se les cayeron los programas y había un rastro de sangre que conducía a los despachos del PP; en Andalucía, el PSOE maltrató a la prensa no adicta, y aquí en El Confidencial tenemos a Javier Caraballo que puede dar testimonio de ello. También tenemos a Zarzalejos, que ha explicado públicamente cómo el PP de Esperanza Aguirre se lo cepilló como director de 'ABC' por negarse a participar de la teoría de la conspiración del 11-M.

No hay, en este sentido, un solo partido político en España que haya tocado poder de verdad y no haya intentado convertir la prensa en su departamento de relaciones públicas. Podemos ni siquiera engañó a nadie. Ya en sus inicios, se encargaron de que un izquierdista ponderado y crítico como Xabel Vegas dejase de escribir en 'Público': Vegas no era tan famoso como otros y aquella guillotina hizo menos ruido del habitual. Sin embargo, a mí aquello me sirvió para aprender muy pronto que nada de lo que dijeran desde este partido 'diferente' sobre la libertad de prensa debía ser tomado en cuenta.

La diferencia es que ellos darían lecciones. Hasta el crecimiento de Vox, que nació al mismo tiempo, no íbamos a encontrar la némesis. La diferencia entre la política tradicional y el populismo es que los segundos hacen bandera con sus discursos contra los periodistas incómodos. Rajoy, González y otros de esa cuerda podían mover los hilos que tuvieran a mano para borrar del mapa a un periodista tocacojones, pero en general, salvo excepciones, disimulaban. Vox y Podemos llevan a gala su señalamiento. Me pregunto a cuál de los dos partidos le molesta más que lo pongan en el mismo saco con el otro, pero la respuesta me importa un carajo.

La diferencia entre la política tradicional y el populismo es que los segundos hacen bandera con sus discursos contra los periodistas incómodos

Tienen la misma idea de la única postura aceptable para la prensa: de cúbito supino, babeando a los pies del líder. Y todo el que no baile al ritmo, es porque forma parte de una conspiración. Por favor...

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La canalla más canalla

Si los periodistas critican a los políticos, ¿por qué los políticos no pueden criticar a los periodistas? Porque esta es una equiparación sin sentido. El trabajo de los periodistas es contar la verdad aunque no le guste al poder. Si lo hacemos mal, el poder está conforme. Si lo hacemos bien, tenemos el rencor garantizado. Para esto está blindada la libertad de prensa, que se caracteriza por hacer posible el derecho de los ciudadanos a saber la verdad sobre la gente a la que ha votado y que maneja sus destinos. Periodistas y políticos se llevan estupendamente en las dictaduras.

Pero que nadie crea que estoy defendiendo este gremio mío. No me atrevería y no sería honesto. Entre las filas de la prensa, que son heterogéneas como la sociedad, hay gente sin escrúpulos y profesionales excepcionales. Para decir la verdad, el periodista se enfrenta a cuatro enemigos terribles. Uno es el poder empresarial y político de turno; otro, su propio periódico con su línea editorial; el tercero son los lectores de su parroquia, que no querrán saber ciertas cosas y le reprocharán que las diga, y el último es el propio periodista, su visión del mundo, sus tabúes. Este es el más formidable. Anida en cada uno de nosotros, y es sutil.

Los que trabajamos en la prensa somos quejicas, corporativistas. Tenemos manías y sesgos, exageramos. Pero no se pueden pintar detalles con la brocha gorda. Algunos hay que pretenden cobrar oscuramente para decir ciertas cosas, y otros que trabajan por dos duros para contarte la verdad. Las líneas editoriales de los periódicos son a veces tan clamorosas que tiran para atrás, pero hay una diferencia brutal entre la prensa y el poder político, y es que nuestra reputación es pública, siempre está a la vista, mientras que la de los políticos necesita periodistas críticos para ser percibida. Por eso no se puede equiparar a un político criticando un periodista con la viceversa. No hay viceversa posible.

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Al periodismo hay que juzgarlo con la máxima severidad, pero este es un trabajo de los lectores de prensa, no de los políticos, y menos de los que ostentan el poder. El populismo, con sus señalamientos, viola algo que va mucho más allá de las normas de la cortesía profesional: está atacando el derecho de los lectores a una información veraz. En lugar de dinamitar cloacas entre periodistas y políticos, como dicen que hacen, los populistas usan la tuneladora para excavar otras a su gusto. Víctimas en el poder, ¡dónde lo habré visto antes!

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