David Suárez, aplastado por Google, es el mejor cómico de todo Canadá

La condena de Google contra David Suárez consiste en una reputación tóxica y parcial, y la duración de la pena es indeterminada

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La mitad del titular de esta noticia es falsa. David Suárez no es el mejor cómico de todo Canadá. En la liga del 'stand up' canadiense, posiblemente no saben ni quién es Suárez. Hablamos de un chistoso español, y no de uno de los que gustan a todo el mundo. Su mente es un sitio torturante lleno de demonios y fracturas que ofrece chistes cargados de humor negro y cruel, a veces mucho más sutiles de lo que aparentan ser.

Algunos de los chistes de Suárez tienen una forma tan dura como el pico de la mesita del salón donde te dejas la espinilla cuando vas a tientas buscando un paracetamol. Requieren un libro de instrucciones al lado, sobre todo en tiempos de literalidad, porque a primera vista no se entienden. Suárez, para desgracia suya, hace humor con la provocación. Y ya sabéis que no están los tiempos para andar provocando.

Lo de Canadá es mentira, pero lo he puesto en el titular para engañar un poco a Google. No es falso que Google aplasta a David Suárez. Su historia nos habla de una forma de justicia paralela sofisticada: la de una mala reputación que depende de un buscador que ni se preocupa por la moral, ni debería ser el juez de nadie. Google, de manera autómata, ha condenado a David Suárez. En el juicio, que no se ha celebrado, no hubo defensa: solamente algoritmos.

La condena de Google contra David Suárez consiste en una reputación tóxica y parcial, y la duración de la pena es indeterminada. Podría pasar que todo cambie con un algoritmo nuevo o que la única salida del cómico sea elegirse un nuevo nombre. Carmen Romero, por ejemplo. Porque si buscas hoy a Suárez, lo que te encontrarás en la primera página de Google es una colección de titulares que tiran para atrás a más de un programador.

Y esto, claro, es lo que está pasando. Le ocurre que le contratan y que de pronto se echan atrás. Les han hablado bien de Suárez, saben que ha llenado teatros, su agente lo vende claramente como autor de un tipo de humor polémico que no es para todos los estómagos... Pero entonces el programador lo busca en Google, y pasa lo que pasa.

No encuentra información falsa, pero sí noticias que se apoyan exclusivamente en lo viral. Pese a que Suárez tiene su público, Google refleja solo la opinión de sus enemigos. 'Links' a noticias de grandes medios que hablan de un cómico que supuestamente humilló a los síndromes de Down, fue despedido por Andreu Buenafuente en directo, deseó el sida para los Javis, perdió un contrato con Vodafone Yu y acabó expulsado de la SER.

Es decir: un paria radiactivo, un tipo indeseable, por más que la mala fama sea solo una cara de la moneda. Que el octanaje de su humor no es para todos los gustos es tan evidente como que la trayectoria de Suárez ha consistido en algo más que burdas polémicas virales. ¿Dónde está el resto de la información? Sepultada más allá del interés de los algoritmos. Y Suárez no puede hacer nada para evitarlo.

La reputación en tiempos del algoritmo

La gran batalla de los artistas en tiempos de internet es la reputación digital, que es el infierno en la tierra. Si en 1990 una polémica podía perseguirte a lo largo de una semana, también es cierto que quedaba sepultada en las hemerotecas rápidamente y podías seguir adelante con cierta impunidad. Hoy, las cosas son muy diferentes.

Dado que las polémicas son mucho más virales que los elogios, dado que se contagia más rápido la ofensa que la celebración, un individuo puede quedar marcado de forma permanente por unos cuantos exabruptos. Esto, que para cualquiera que trabaje frente al público es una pesadilla y una invitación a la cobardía, para un artista de la provocación como es David Suárez es sencillamente letal.

Es justo y comprensible que el humor de Suárez no te haga gracia o te ofenda, y tienes todo el derecho del mundo a no prestarle atención, incluso a insultarlo en Twitter. Hasta puedes pensar que él se ha buscado la mala fama por ser un provocador. Pero lo que yo estoy señalando es diferente. Está más allá de lo que pienses de Suárez.

El buscador oculta sus méritos, discrimina las opiniones de sus fans y presenta sus polémicas más desagradables como si fueran toda su obra

El resultado de las búsquedas en Google es mucho más que una fama de provocador: es un castigo permanente que no depende de la acción humana, ni siquiera del boca a oreja de la opinión pública, sino de una máquina insensible de memoria infinita que toma decisiones arbitrarias sin preocuparse un instante por ofrecer una imagen neutral.

No es que Google quiera hundir a Suárez, sino que el buscador oculta sus méritos, discrimina las opiniones de sus fans y presenta siempre sus polémicas más desagradables como si fueran toda su obra. Dado que ninguna de las noticias sobre Suárez es falsa, dado que él mismo ha desatado esas polémicas, la ley del olvido no ampara al cómico. ¿Cómo podría salvarse del ostracismo alguien como él?

Por supuesto: renunciando a hacer el humor en el que cree. Siendo cuidadoso, participando en campañas solidarias, olvidándose para siempre de agarrarse a una vara metálica en días de tormenta y salir a la intemperie para atraer los rayos con la absurda intención de hacerte reír. La historia de David Suárez y Google nos deja claros los límites del humor: están donde el cómico aguante hasta que se haya muerto de hambre.

No los establece una moral compartida, sino que los dibuja el ruido. La matemática siniestra del espejo deformante que usamos para buscar información.

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