Posibles efectos secundarios adversos de la ley trans del Ministerio de Igualdad

El espíritu de la ley es proteger a los transexuales. Pero las leyes deben aclarar la realidad y no crear nuevos espacios de sombra; solucionar problemas y no provocar otros nuevos

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE)
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1. La pesca de la carpa en Alaska

Si te digo que siento que escribo sobre la pesca de la carpa en Alaska, te bastará leer mi artículo en diagonal para despertar la suspicacia. ¿Carpas? ¿Alaska? ¿Dónde? ¿En qué momento? Según todos los elementos objetivos, todas las piezas y características del texto, dirás que hablo de la ley trans que ha propuesto el Ministerio de Igualdad y de los posibles efectos adversos que su inclinación posmoderna puede desencadenar.

Pero yo insisto: siento que este artículo habla de carpas, así que tú estás obligado a creerme. Con esta tontería de ejemplo, con esta hipérbole, planteo un problema real: el que brota cuando los elementos objetivos se desplazan al reino de los elementos subjetivos. Este es el problema del relativismo, y este es el problema de inclinación del anteproyecto de ley trans.

Ante mi afirmación de que este es un artículo sobre la pesca de la carpa en Alaska, se nos presentan dos alternativas: A) el artículo podría estar mal escrito y sería necesario modificarlo; b) yo podría estar confundido y no saber de qué va mi propio texto. Según la filosofía de la ley que plantea el Ministerio de Igualdad, daría igual A que B. Mi sentir disolvería las diferencias entre dos supuestos distintos. Daría igual. Así que hablemos de carpas en Alaska.

2. Elementos objetivos

Los elementos objetivos y visibles de un bebé nacido en cualquier hospital español provocan su primera inscripción, sin tener en cuenta su voluntad, en un club. Sus genitales determinan si pertenece al club de los hombres o al de las mujeres, y esto tendrá consecuencias enormes para su vida y su desarrollo, para su identidad, empezando por su nombre de pila.

En una pequeña porción de los bebés, el examen arrojará un resultado incorrecto. La disforia de género, una enajenación del individuo respecto de su sexo biológico, está entre nosotros, junto a los hermafroditismos y otras condiciones intersexuales, desde la más remota antigüedad y en todas las culturas. Lo trans existe, no es ningún invento moderno.

Señala Douglas Murray que hasta en los países más atrabiliarios se toleran algunas categorías intersexuales. En Afganistán, donde las mujeres son condenadas por el mero hecho de nacer hembras a una vida penosa y esclava, existe la figura del 'bacha posh', según la cual las familias sin hijos varones pueden elegir a una de sus niñas para que se convierta en chico, viva como tal y sea reconocido de esta forma.

En Irán, el ayatolá Jomeini promulgó una fetua que declaraba permisibles las operaciones de cambio de sexo. Actualmente, Irán es el país de la región donde más operaciones se realizan, entre otras cosas porque convertirte en mujer es mejor que ser considerado homosexual, crimen castigado con la cárcel y hasta con la muerte. Irán y Afganistán son dos países donde lo 'trans' no parece tanto un derecho como un salvoconducto.

También es un hecho objetivo que en España la gente transexual vive discriminada. Es un colectivo con problemas enormes, pero pasa otra cosa: es un colectivo lleno de diferencias internas. No hay una única razón por la que una persona nacida hombre se convierte en mujer o viceversa en un momento de su vida.

No todos los trans tienen los mismos problemas ni se enfrentan a los mismos obstáculos. Una mujer que transiciona a hombre no es igual que un hombre que transiciona a mujer. Cuanto más se observa este colectivo vaporoso, más diferencias aparecen. No todos los individuos quieren hormonas, no todos cambian de indumentaria, no todos desean someterse a durísimas operaciones. Y aquí es donde la cosa se complica.

Estamos ante formas de construcción de la subjetividad. Pero el sexo sigue siendo algo polar con elementos objetivos y su cambio requiere procesos objetivamente irreversibles.

3. Elementos subjetivos

Las teorías queer que inspiran la ley trans del Ministerio de Igualdad (presentes ya en algunas comunidades autónomas) van más allá de la aceptación y defensa de la transexualidad, es decir, de la conquista de los derechos para este grupo de personas, y proponen una revolución: el transgenerismo, donde la identidad sexual fluctúa y se rige por la autodeterminación del individuo con el concepto del 'género sentido'.

Esto sería bueno si no fuera porque, tras la autoproclamación, es común que se inicien procesos médicos irreversibles. La ley quiere poner fin a lo que llama “patologización”. Esto significa que apartan a los psicólogos y psiquiatras de la primera casilla del proceso de transición, que puede culminar en hormonaciones artificiales y operaciones durísimas e irreversibles. Aquí surge un problema y hace falta estar ciego para no verlo: si un hombre se autopercibe como Napoleón, entendemos que tiene una tara psicológica. La cosa no puede quedar resuelta por arte de magia si se percibe como mujer y pide que lo llamen María Antonieta.

La Organización Mundial de la Salud sacó la disforia de género de la lista de trastornos mentales. Fue un gran paso adelante en la aceptación de las personas transexuales. Lo que yo sugiero es que personas con trastornos de personalidad podrían quedar ocultas en la realidad transgénero. Se plantea aquí una pregunta polémica: ¿cómo distinguir entre una persona transexual y otra que padece un trastorno mental que le hace creer que su sexo biológico no concuerda con su género sentido? Es decir: ¿cómo distinguir entre un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer y un hombre que cree, confundido, que está encerrado en el cuerpo de una mujer en un momento dado, de forma transitoria?

Somos buenos engañándonos a nosotros mismos y nadie lo hace de forma tan convincente como una persona con traumas profundos, o un adolescente que está todavía buscándose a sí mismo en el proceso confuso de la pubertad. Nuestras heridas remotas, alojadas en el inconsciente, se manifiestan mediante el síntoma de las formas más abigarradas y confusas. Alguien puede creer que odia a los catalanes cuando en realidad odia a sus padres. Un chico puede creer que es una chica por sus problemas con su madre. Estas cosas pasan.

Repito: si estos cuestionamientos de uno mismo desencadenan procesos clínicos irreversibles, surgirán problemas. Alguien puede creer que nació en el cuerpo equivocado como consecuencia de un problema secundario e invisible, de una falla en la personalidad. Hay transexuales definitivos y personas que fluctúan. Si el sentir puntual de una persona inicia un proceso de hormonación y operaciones, estamos dejando en la más absoluta vulnerabilidad a personas simplemente confundidas.

Sería algo criminal, sobre todo si entran en la ecuación menores.

4. Asimetrías y ventajas

No es el único problema derivado de esta ley. La jurista Guadalupe Sánchez lleva años advirtiendo de cómo las asimetrías se han infiltrado en nuestra legislación. Leyes y penas distintas para el hombre y la mujer por el mismo delito, cuotas y discriminación positiva —mecanismos que buscan proteger a las mujeres y subvertir la opresión— son percibidas ahora, cuando algunos hombres aprovechados podrían declararse mujeres, como un grave problema.

Con la nueva ley, ¿podría un hombre condenado por agresión machista cambiar su sexo e ir a parar a una cárcel de mujeres? Ha ocurrido en otros países. ¿Podría un deportista segundón hacer la transición a mujer para arrasar en una categoría donde obtiene una ventaja automática por ser más corpulento? La Federación Internacional de Rugby ha tenido que excluir a las mujeres trans de la categoría femenina. ¿Podría un parado de larga duración ir al registro a cambiar de sexo, sin cambiar su nombre o sus hábitos, para acceder a una bolsa de empleo con cuota reservada a mujeres? De nuevo: sí, podría.

En un país con plena igualdad entre hombres y mujeres, donde las leyes no segregaran por sexo en ningún ámbito ni hubiera mecanismos de discriminación positiva, la oposición de las feministas a esta ley sería simbólica y minoritaria. Pero lo que se está señalando en las cartas abiertas contra la ley es, de forma tácita, un paradójico ventajismo. Este es el elefante rosa: ¿puede convertirse esta reforma legal en una manera de obtener ventajas para algunos hombres? Si la respuesta es afirmativa, surgen nuevas preguntas que no vamos a responder aquí.

Supongo que los hombres dispuestos a convertirse en mujeres para obtener ventajas puntuales serían una anécdota, pero las leyes tienen que redactarse con previsión. Si el género se reasigna a voluntad y el cambio no implica más que ir al registro, será imposible evitar que esto ocurra. ¿Cómo hacerlo, si la propia ley garantiza que nadie puede ponerte impedimentos o cuestionarte? Si el sexo biológico es irrelevante y prima la autodeterminación sentida, ¿quién pone puertas? ¿Dónde? ¿Cómo se cierran?

5. El espejo extranjero

Vuelvo al caso de las personas que creen que se identifican como transgénero sin que la transición sea definitiva, y en particular las más jóvenes. Tenemos que mirar a los países donde estas cosas llevan haciéndose años para contemplar nuestro futuro. Las teorías queer defienden que una persona con genitales masculinos puede ser una mujer con su sola voluntad y su expresión, es decir, sin cirugía ni hormonas, pero lo que estamos viendo en los países con leyes como esta es que, tras el cambio en el registro, se inician procesos automáticos de medicalización y cirugía.

La investigadora Abigail Shrier ha publicado un libro demoledor en este sentido, 'Irreversible Damage' ('Daño irreversible'), donde recopila casos de chicas que creyeron que eran chicos, sin serlo. Se vieron arrojadas a “cintas transportadoras” y terminaron hormonadas y operadas sin cuestionamiento alguno. Nadie les planteó dudas, nadie opuso resistencia, nadie las acompañó en sus dudas sino que se les ofrecieron certezas y terapias, porque estas leyes entienden que cualquier cuestionamiento es una agresión tránsfoba.

Años después, muchas han emprendido batallas legales contra el Estado o sus padres, en el mejor de los casos, o se han suicidado. He aquí otro elefante rosa: la tasa de suicidios es altísima entre los transexuales, tanto antes como después de haberse sometido a una intervención. Una causa puede ser la opresión simbólica y la discriminación, pero no la única. En mi opinión, estas cifras deberían plantear algunas dudas sobre la 'despatologización'. Al menos, que eso no se convierta en la absoluta 'desproblematización'.

El camino de un sexo a otro no está exento de trampas y ramales sin retorno. Si la ley quita las señales de peligro, provoca vulnerabilidad

Podemos y debemos naturalizar la existencia de la transexualidad, integrarla, celebrarla si se quiere. Solamente conozco a dos personas transexuales, y las dos llegaron al destino correcto tras un proceso doloroso. Hay muchas historias que terminan bien, pero no por ello debiéramos suponer que ocurre así en todas. El camino de un sexo a otro no está exento de trampas y ramales sin retorno. Si la ley quita las señales de peligro, provoca vulnerabilidad.

El espíritu de la ley es proteger a los transexuales, y esto solo puede motivar apoyos. Pero las leyes deben aclarar la realidad y no crear nuevos espacios de sombra; solucionar problemas y no provocar otros nuevos. No olvidemos que, más allá de los activistas trans, existe una industria lucrativa, farmacéutica y quirúrgica, muy interesada en que este proyecto de ley siga adelante. Así que cuidado, mucho cuidado con esto.

6. Un debate sin tabúes

He planteado estas dudas consciente de que paseo por un campo de minas. Es de esos artículos que uno preferiría no escribir y no publicar, pero entiendo que algunas cosas deben ser dichas desde una posición como la mía, ajena a la polarización del debate. Si cualquiera de las cosas que digo es inadecuada, estaré encantado de discutirla, pero sería una tragedia emular las experiencias de otros países donde esta clase de opiniones solo se publicaron 'a posteriori'.

Para que la ley trans salga adelante sin poner en peligro a nadie, es necesario un debate sin tabúes

Para que la ley trans salga adelante sin poner en peligro a nadie, es necesario un debate rico y sin tabúes. Así que espero que estas líneas aporten algo. En caso contrario, insistiré en que la pesca de la carpa en Alaska era el tema central.

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