Luis Bolívar, el populismo y la estocada bolivariana

Casi 'in extremis' ha aparecido un torero de apellido libertador y revolucionario que ha revolucionado el cotarro con 16 naturales dados con mucho ritmo y con una estocada al salto

Foto: El diestro colombiano Luis Bolívar entra a matar a su segundo astado. (EFE)
El diestro colombiano Luis Bolívar entra a matar a su segundo astado. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, martes 5 de junio de 2018.

29ª de feria. Tres cuartos de plaza en tarde que amenazaba lluvia, algo fresca y con ligero viento que molestaba a rachas a los toreros.

Seis toros de José Escolar, de entre 510 y 577 kilos, cuatro de ellos cinqueños, todos cárdenos y en el tipo de la ganadería, un poco justos de presentación y desiguales, más grandes los tres últimos. En general, de mal juego y difíciles para la muleta, con más peligro del que aparentaban. Sin bravura sobresaliente ni entrega. El sexto, el más completo y serio, pero que también desarrolló peligro.

Rafaelillo, de nazareno y oro. Silencio y silencio.

Fernando Robleño, de grana y azabache. Ovación tras aviso y silencio.

Luis Bolívar, de catafalco y oro. Silencio y ovación tras dos avisos.

Que nadie se llame a engaño. Luis Bolívar no es venezolano, es colombiano de Cali. Y que nadie se confunda. Yo no me atrevería a mezclar política con muletazos, ni ideologías con estocadas, ni partidos con largas cambiadas, ni políticos con cuernos, ni debates con cornadas. Y eso a pesar de lo fácil de la mezcla, de la cantidad de términos taurinos aplicables a las políticas circunstancias y a pesar del empeño de algunos por embestirse en directo cuando les ve toda España... Y sobre todo a pesar de la escasez de recursos que se empieza a manifestar cuando llevas 30 tardes y ya no sabes de qué hablar.

Así que no pienso hablar ni del Bolívar histórico, ni del origen del populismo, ni de principios ni finales bolivarianos. Pero es que este martes, casi 'in extremis', ha aparecido un torero de apellido libertador y revolucionario al que al rendirle honores nos ha revolucionado el cotarro y librado del hastío con 16 naturales dados con mucho ritmo y con una estocada al salto que de sorprendente y rara me he atrevido a denominar estocada bolivariana.

El diestro colombiano Luis Bolívar es volteado por su segundo astado. (EFE)
El diestro colombiano Luis Bolívar es volteado por su segundo astado. (EFE)

Así que, cuando hablo de Bolívar, me refiero al matador, señor Luis, para más señas. Y solo por una razón, por lo que me ha impresionado. Porque he visto matar toros de todas formas y en todos sitios. He visto a algunos sin muleta volcarse sobre el morrillo. He visto estocadas recibiendo, al volapié y al encuentro. He visto estocadas al paso, incluso he visto a algunos pasando de dar estocadas. He visto estocadas contrarias, delanteras y atravesadas. He visto hasta navajazos y dejarse toros heridos y sin poder rematarlos. He visto hacerles la guardia, que es cuando asoma el estoque. He visto espadas tendidas, traseras o golletazos, bajonazos, y en la cruz y hasta en el rincón de Ordóñez. He visto entrar a matar apoyándose en las tablas y hasta he visto en algunos pueblos hacerlo desde el burladero. He visto estocadas perfectas, he visto espadas partidas, rebotadas y dobladas. Y podría seguir rebuscando en el tercer tercio de mi memoria, que sé que no voy a encontrar ni rastro de esta extraña y espectacular suerte que me atrevo a denominar, en homenaje a su autor, la nunca vista hasta hoy estocada bolivariana.

Y la definición sería, y solo es una propuesta, la suerte que se ejecuta en términos de me da igual todo, me arrojo de un salto al morrillo, me estampo contra los lomos, del rebote me la pego contra el suelo y mientras le hundo la espada dejo a todos sin aliento por la voluntad demostrada.

Me arrojo de un salto al morrillo, me choco contra los lomos, del rebote me la pego contra el suelo y mientras le hundo la espada dejo a todos sin aliento

Y es que eso ha hecho Luis después de una gran faena. Tragando lo suyo ante un toro que, siendo seguramente el mejor de toda la tarde, ha sido difícil y complicado, peligroso y contundente. Un toro que ha embestido a ratos y solo por un pitón. Que ha tenido momentos sosos y momentos de transmisión. Pero donde este torero le ha puesto buen gusto y temple, colocación y afición para exprimirle los pases y elevar una faena que venía cuesta abajo después de que cinco toros no permitieran ni un lance. Y luego vino la estocada de matices guerrilleros, cuando piensas que los pitones son lugar para emboscada, cuando no sabes si es la consciencia o la desesperación lo que te lleva a la idea de poder ir a la guerra dispuesto a la inmolación.

El diestro Rafaelillo da un pase a su segundo toro. (EFE)
El diestro Rafaelillo da un pase a su segundo toro. (EFE)

Creo que nos ha sorprendido a todos de este torero la determinación con que ha querido poner fin a su oponente. Y ha sido de verdad una pena que el toro no cayera rápido porque habría habido oreja y triunfo del colombiano.

Toros complicadísimos de Escolar, en esa línea Saltillo, que no se dejan torear ni dejan ver su peligro. Muy aseado Rafaelillo y muy inspirado Robleño, que ha dado buenos pases y se ha jugado el pellejo. Ovación a ambos toreros y ovaciones a sus cuadrillas, porque con estos toros que son de tamaño justito se puede sufrir mucho más que con otros con más kilos. Toros listos de mirada y muy rápidos en los giros, que odian las banderillas y buscan las zapatillas como si fueran las suyas. Que se lo digan a Miguel Martín o a Fernando Sánchez, que se jugaron la vida en el sexto de la tarde poniendo las banderillas con mucho riesgo y buen arte.

El diestro Fernando Robleño da un pase a su segundo toro. (EFE)
El diestro Fernando Robleño da un pase a su segundo toro. (EFE)

Buenos tercios de varas, y ahí viene lo del populismo de algunos en los tendidos, que no me parece mal, que puedo entender sus principios. Que persiguen encumbrar la suerte de picar los toros haciendo las cosas bien alejándolos de los jacos. Nada a lo que oponerme, porque cuando defiendes esas cosas que no se pueden atacar, o te pones de su parte o te pueden arrollar. Lo único que pido es coherencia, sensatez y ausencia de demagogia para tratar con el mismo rasero a otros toros y toreros y defender otras suertes que tienen la misma pureza, y no exagerar el premio por las formas o apariencias. Que se mida bien al toro cuando embiste a los caballos, que a veces arrancarse de lejos no es solo lo que cuenta y maldecir a un picador no es justo, que pueden fallar más fácil cuando complicas la suerte. Que se respete igual el tamaño de los toros en otras ganaderías, que se espere a los toreros al inicio de las faenas aunque sean las figuras... y así veinte mil ideas. Pero entiendo que ganar razonando al populismo pueda no ser buena idea.

Feria de San Isidro

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