La letra con sangre entra

Román cortó una oreja en la corrida con la que concluía el homenaje al encaste Albaserrada, una tarde en la que Roca Rey rozó el triunfo, mientras que Manuel Escribano cayó herido grave

Foto: El diestro Román da un pase a su primero durante el decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro Román da un pase a su primero durante el decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, jueves, 30 de mayo de 2019.

17ª jornada de feria, tercer festejo de la serie de corridas homenaje al centenario de la presentación del encaste Albaserrada. Presenció la corrida el rey emérito Juan Carlos, al que le brindaron todos los toreros sus primeros toros entre ovaciones del público.

Lleno de no hay billetes en una tarde agradable con algo de viento y de expectación inusitada por la presencia de Roca Rey después de abrir la puerta grande en su última actuación y estando anunciado con los difíciles toros de Adolfo Martín.

Seis toros de Adolfo Martín, procedencia Albaserrada como los Victorinos de su hermano, de entre 501 y 607 kilos. Serios de presentación, todos cárdenos y como en dos tipos. Los tres primeros, bajos y cuajados más en tipo Saltillo, muy peligrosos y orientados, y los últimos, más altos y ofensivos, paradójicamente dieron el mejor juego, manteniendo su peligro pero con embestidas más largas. Gran toro el quinto, de imponente presencia, que embistió bravo, noble y con transmisión a la muleta y fue muy ovacionado en el arrastre.

Manuel Escribano, de grana y oro. Silencio y silencio tras dos avisos. Resultó dramáticamente cogido en su segundo. Fue atendido y operado en la enfermería de una fortísima cornada en la cara interna del muslo izquierdo con una trayectoria hacia externo craneal y posterior de 25 centímetros que produce grandes destrozos musculares en aductores, vasto interno y contusiona vena femoral, rodeando la cara posterior del fémur y lesionando tejido arterial colateral, de pronóstico grave.

Román, de burdeos y oro, ovación y oreja. Fue también intervenido bajo anestesia local después de su primer toro por herida en la región glútea izquierda de cinco centímetros que le lesiona la fascia superficial y el glúteo mayor. Pronóstico leve que le permite continuar la lidia.

Roca Rey, de tabaco y oro. Silencio y fortísima ovación tras petición mayoritaria de oreja.

Quedó dicho que estamos en semana de homenaje al hierro de Albaserrada. Un encaste del que salen ocho o 10 ganaderías que todavía perduran y que compendian unos genes que dan toros peculiares. Toros grises y bajitos, todos con cara de rata. Toros que parece que saben que detrás de ligeras telas se mueven algunos mortales. Hierros como el de La Quinta, Victorino, José Escolar o Moreno Silva, y también los de este jueves de Adolfo, beben de aquellas dehesas que gobernaban los nobles más camperos de la época. Y se mezclan en la historia, como mezclaron sus toros, títulos y sementales del marqués de Albaserrada, el duque de Vistahermosa, los del marqués de Saltillo, o el conde de Santa Coloma. Historia de nombres nobles y de notable abolengo que criaban un toro inquieto, pequeño pero muy vivo, listo, con mando y, por encima de todo, peligro.

De todas aquellas mezclas prevaleció por su fama el hierro del más pudiente: el marqués de Albaserrada. Su seña de identidad, marcada a fuego en sus toros, resultó ser una A coronada con decoro. Una A y una corona que, debutando en Madrid hace ahora 100 años, da marca a la compostura de estos toritos tan cárdenos. Durante ya más de un siglo han dado miedo y cornadas y también triunfos y éxitos, no diré a partes iguales, pero con la proporción suficiente para que muchos toreros noveles relanzaran sus inicios y figuras consagradas consiguieran demostrarse y demostrarnos su maduro magisterio. Y por eso se anunciaban, en muchas ocasiones, como estrellas de las ferias, por su sangre noble y su fama y por las grandes faenas.

El diestro peruano Roca Rey da un pase con la muleta a su primero. (EFE)
El diestro peruano Roca Rey da un pase con la muleta a su primero. (EFE)

Luego ya se veía que la nobleza de esos toros les venía por sus dueños, por esa corona marcada, nunca por sus ideas ni modos, que embistiendo y persiguiendo de nobles mostraban poco y de educados, más bien nada. Pero había un factor en esto, repartido en el tendido, aficionados les llamaban, que daba equilibrio al misterio de que toros sin recorrido facilitaran los éxitos. El público durante décadas entendía que esa A de Albaserrada marcaba, no solo una morfología, también un comportamiento. Y era capaz, qué maravilla, de comprender que con esa A a la espalda era lógico lo imposible de torear como Dios manda. Pero que había otros modos.

La A y sus derivados siguen en su misma línea, ya sin nobles que la guarden ni fincas que eran provincias. Siguen con esos pitones que dan miedo hasta en la grada, con esa mirada fiera, con ese hocico de rata. Con esas malas intenciones que recomiendan prudencia y muleta baja mientras le buscas el rabo por los costados. Con poderlos y con matarlos se cortaban las orejas. De eso no hace 100 años, ni siquiera hace 50, que yo he llegado a verlo con Curro Vázquez o Robles, con Domínguez o El Capea.

Pero hoy no pasa eso. Hoy no hay nobles ganaderos que justifiquen la afrenta. Hoy no hay clase en los tendidos que respeten estas fieras, y me refiero a los toros y a los que llevaban coleta.

El diestro Manuel Escribano pone las banderillas a su segundo. (EFE)
El diestro Manuel Escribano pone las banderillas a su segundo. (EFE)

Puede que haga 20 años que no había expectación comparable a la que el bombo, Roca Rey y los de Adolfo levantaron para este jueves. Y van unos cuantos dementes y abren el paseíllo con carteles estridentes pidiendo que el presidente abandone su palquillo. Y no conformes con eso les pitan a los toreros por no hacer lo que les hacen a toros a los que otras tardes no les dejan hacer eso. No es posible torear un toro de Albaserrada como piden esos locos a los que les gustan las cornadas. Tienen que distinguir y leer la letra pequeña que viene en los contratos de estas ganaderías señeras.

Se han jugado la vida tres tíos. Tres toreros, tres artistas. Y dos salieron airosos.

El diestro Manuel Escribano es llevado a la enfermería.
El diestro Manuel Escribano es llevado a la enfermería.

El primero, Escribano, salió vivo, que no es poco. Se fue a porta gayola a recibir el primero. En el segundo, ni siquiera le dio tiempo a ponerse, que el torilero, asustado, prefirió abrir la puerta antes de tener que verlo. ¡Cómo ha estado Escribano!, ¡cómo se jugó la vida! Cómo ha acabado el pobre con la pierna en carne viva. Cornada de retirarte, y no es la primera que sufre, pero este jueves que iba camino de orejas y ha dolido a tanta gente que cuando se lo llevaban han crecido los insultos, pero hacia los tontos dementes que protestaban el triunfo.

Cornalón que ha marcado ya el resto de la corrida y, sugestionados o conscientes, ha devuelto la consciencia a todos los allí presentes, de la A de Albaserrada y de su toreo consecuente.

El diestro Román sufre una cogida en la faena de su primero. (EFE)
El diestro Román sufre una cogida en la faena de su primero. (EFE)

Román escapó del segundo de milagro, tantas veces, que al terminar la faena en vez de milagro fue hábito esquivar los navajazos del cárdeno malhumorado. Impresionante el valor, la disposición y el arrojo de un Román que en su segundo cortó una oreja a fuego con una cornada en el culo. Más crédito para este torero al que todos le vemos futuro.

Roca Rey da un pase con la muleta a su segundo. (EFE)
Roca Rey da un pase con la muleta a su segundo. (EFE)

Y Roca Rey, hoy la estrella, se ha estrellado en su primero con sus malas intenciones y con sus giros de cuello. Y lo ha dado todo en el sexto, generando la energía que parecía que abría de nuevo la puerta grande. Algunos pitos y la espada impidieron tal desenlace. Pero no perdió ningún crédito y quedan la puerta lista, los aficionados y el resto para que la semana que viene haga historia del toreo.

Espero que algunos entiendan lo de la A de los toros. Si es verdad que la letra al final con sangre entra, este jueves lo han tenido todo.

Feria de San Isidro
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