GOOGLE, simplemente, no quiere polémicas

La cobardía de echar a un machista: Google ha hecho mártir a un sexista del montón

El ingeniero despedido por Google es ahora el héroe de lo 'políticamente incorrecto'. Es decir, de quienes quieren seguir soltando barbaridades sin que nadie crea que puede rebatirlas

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Hace tres años, un español que trabajaba en la sede de Google en Silicon Valley me contaba una anécdota. Él era un jefe intermedio con varios empleados a su cargo. Cuando una mujer de su equipo le contó que estaba empezando a hacer ejercicio para ponerse en forma, él se sumó a su plan. De hecho, de manera amistosa, ambos decidieron 'picarse' para ver quién perdía más peso a los pocos meses.

Una mediana directiva de Google oyó el comentario y se dirigió rápidamente a él: "Ten cuidado, un comentario así puede considerarse acoso y podrían echarte". Según mi amigo, tanto él como su empleada tenían una estupenda relación, y en ningún caso ella habría podido asimilar su comentario como una ofensa, mucho menos como una vejación o acoso. Sin embargo, Google podría ponerlo de patitas en la calle sin mediar palabra.

Si has leído con atención la anécdota, quizá creas adivinar por dónde voy. Qué vergüenza, ¿eh? La dictadura de lo políticamente correcto está acabando con todo y ya no se puede hacer ni un comentario de lo más inocente. ¿A dónde vamos a llegar? El feminazismo y la tontería de la igualdad está más pendiente de las chorradas que de lo que realmente importa. Y encima una empresa tan innovadora como Google cediendo al buenismo y subiéndose al carro de la censura contra la libertad de expresión.

Google no es feminista, solo huye de la polémica

Pues no, no van por ahí mis tiros. No te confundas: Google no tiene nada de feminista. Mi amigo me resumió la situación en un segundo: Google, como cualquier otra empresa grande, simplemente no quiere polémicas. Y en cuanto la huele, la corta de raíz.

Como les ocurre a otros imperios empresariales –especialmente en Estados Unidos–, no quiere ser noticia por nada que no le dé buena prensa. No quiere soportar ni un solo segundo de discusión: si creas la más mínima polémica, te vas a la calle y se acabó.

Google no quiere soportar ni un solo segundo de discusión: si creas la más mínima polémica, te vas a la calle y se acabó

Y eso es precisamente lo que ha pasado con James Damore, el ingeniero que acaba de ser despedido por poner en tela de juicio las aparentes políticas de igualdad de la compañía tecnológica más importante del mundo.

A muchos jefes de Google seguramente se la sude lo que ha dicho Damore. De hecho, igual muchos hasta están de acuerdo (¿Google machista? No, por Dios, qué cosas dices). Pero no nos engañemos ni sigamos poniendo a Google la etiqueta de empresa joven, incipiente y valiente que sí tuvo hace 15 años: Google es una gran empresa que, con más o menos acierto, protege su imperio. Y si gente como Damore lo pone en peligro, sencillo: a la calle.

La ciencia que demuestra lo que tú quieres que demuestre

En el alegato que le costó su puesto de trabajo, James Damore mezcló algunos datos ciertos con otros totamente falsos. Pero, si me apuran, ni siquiera eso importa: lo verdaderamente relevante era el tufo que deslizaba su discurso. Damore simplemente se limitó a recolectar una serie de hechos cientificos para llegar a unas conclusiones absurdas.

En otras palabras, Damore hizo lo que habitualmente se llama conclusión inversa: partir de una opinión previa y, una vez decidida, buscar desesperadamente los datos que la confirmen, aunque sea de manera superficial y en absoluto correlativa. Que Damore parta de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres para decidir que es lógico que ellas no tengan puestos de responsabilidad es como si yo digo que un hombre no puede encargarse de sus hijos porque no los ha llevado dentro durante nueve meses.

Damore partió de una una opinión previa para buscar desesperadamente los datos que la confirmasen

¿Merecía Damore ser despedido? No lo sé, la verdad, creo que me falta deontología y experiencia para tener una opinión inamovible. No sé si Google debió despedirlo, reeducarlo, darle una clase avanzada de silogismos o qué. Lo que tengo claro es que el discurso no cuela, Damore: pese a que todo el mundo te tache de abiertamente machista, en realidad has sido un machista disimulado. Has intentado acudir a la ciencia para ocultar o disfrazar tus verdaderas opiniones, pero el tono que desliza tu documento es demasiado evidente.

La próxima vez intenta dismular mejor, Damore. Mira, a Javier Marías parece irle bastante bien disfrazando de ataques lo que en realidad es su faceta más cascarrabias contra mujeres, ciclistas, perros y, básicamente, todo aquello que odia.

Un señor superenfadado.
Un señor superenfadado.

Hemos hecho mártir a un machista del montón

¿Saben lo peor de todo? Que, con esta decisión despido, Google acaba de crear un mártir. Desde su despido, James Damore se ha convertido en el ídolo de un sinfín de machistas que, supuestamente amparados en la libertad de expresión y la lucha contra la censura, han convertido al ingeniero en la nueva víctima del terrible feminazismo. Incluso Julian Assange, ferviente defensor del feminismo (pista: no, no y no), le ha ofrecido trabajo en Wikileaks.

Juliann Assange, preocupadísimo por los mártires de la dictadura feminazi.
Juliann Assange, preocupadísimo por los mártires de la dictadura feminazi.

Los voceros de Damore no han parado estos días. Aseguran que ya no se puede decir nada, oiga, que cualquier cosa es tomada a la tremenda. Que madre mía lo políticamente correcto, a dónde nos está llevando, que vaya nivel de chorradas. No se confundan: a menudo, los que más se autodefinen como políticamente incorrectos son precisamente lo contrario.

Y es que no es casualidad que, a día de hoy, los mayores defensores de la 'incorrección política' sean machistas, racistas, xenófobos o incluso homófobos. No defienden poder expresarse en libertad (cosa que en realidad hacen sin problema alguno): lo que defienden es poder expresarse en libertad desde su púlpito unidireccional. Poder soltar sus barbaridades sin que nadie, ni aunque sea una sola persona, se crea con derecho a recriminarles.

Los mayores 'defensores de lo políticamente incorrecto' solo quieren soltar barbaridades sin que nadie se las recrimine

Por algo se ganaron hace tiempo la fama de intelectuales y grandes pensadores, oiga: para que nadie les rechiste. Y en cuanto alguien lo hace, aunque sea de manera mínima y casi inapreciable (no nos flipemos: que 200 o 2.000 tuiteros se te echen encima es una represión bastante flojita), se ponen a llorar y a autoclavarse puñales para enseñarnos lo grande que es su herida.

Al final, el despido de James Damore ha sido, efectivamente, un triunfo de lo políticamente correcto: del machismo, del pensamiento unidireccional y de los que quieren soltar sus barbaridades como hacían antes: sin que nadie les replique lo más mínimo. Todo un héroe para aquellos que han convertido en mártir a un mero idiota, a un machista del montón. ¿Acaso hay algo más políticamente correcto que eso?

#emprendedorfurioso

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