las galletas de dinosaurio ya pueden pelear

Cómo cambié con un 'tuit' la línea de producción de Artiach

Las famosas galletas con forma de dinosaurio miran todas hacia el mismo lado y no se las puede hacer pelear entre sí. Un comentario al respecto en las redes sociales encontró un respaldo masivo

Foto: Cómo cambié con un 'tuit' la línea de producción de Artiach

Hay cosas que nos gustan especialmente porque nos evocan recuerdos del pasado. A mí me ocurre con el olor a cloro de la piscina, que me recuerda a veranos largos sin nada que hacer más que pasar horas y horas en remojo, y me pasa con las galletas Dinosaurus, con las que he pasado incontables desayunos jugando en la misma medida que comía, organizando todo un estropicio a mi alrededor y pringándome hasta las orejas de migas de galleta mezcladas con leche y chocolate.

Tengo que reconocer, ahora que no nos oye nadie, que aún lo hago a veces. Desayunar galletas de dinosaurio, digo, lo de jugar ya lo hago menos. Aunque me acuerdo de aquellas carreras de brontosaurio contra triceratops, en las que mi hermana y yo apadrinábamos cada una a un corredor y recorríamos la mesa de la cocina a la velocidad del rayo.

Los dinosaurios solo tienen relieve por un lado, están todos orientados en la misma dirección. Y como es imposible enfrentarlos, es imposible hacerlos pelear

Y digo carreras porque cualquiera que haya comido estas galletas alguna vez y les haya prestado un poco de atención se habrá dado cuenta de que tienen un pequeño defecto: los dinosaurios, que solo tienen relieve por un lado, están todos orientados en la misma dirección. Y como es imposible enfrentarlos, es imposible jugar a hacerlos pelear. Sí, ya sé, no se deben promover los juegos violentos y todo eso. Cuéntenle a un niño con un dinosaurio en cada mano que los rugidos deben ser de arrullo y no de pelea mortal, a ver qué les dice.

Quizá mi pesar por las galletas unidireccionales no parezca gran cosa, pero hace un año descubrí que se trataba de una pena compartida por mucha, mucha gente. Tanta que el clamor ha llegado a oídos de la propia marca que ha querido darnos una solución (más o menos).

Un mensaje que se extendió por Twitter

Hace algo más de un año, el 1 de abril de 2014, desayuné galletas dinosaurio. Y me acuerdo porque ese momento dio pie a toda una serie de acontecimientos que me han llevado a escribir este texto. Esa mañana, mientras mojaba las galletas en el café, volví a pensar en esas peleas de galletas que nunca tuvieron lugar por la limitada morfología de mis dinosaurios. Así que entre prisas para salir de casa a tiempo, escribí el siguiente tuit:

No sé si fue lo afortunado del mensaje, que era corto, sencillo y completo; si unos cuantos seguidores con mucho tirón lo retuitearon, dándole impulso, o simplemente que había mucha gente ahí fuera con el mismo anhelo. Probablemente fue una mezcla de las tres cosas. El caso es que los retuits comenzaron a formar oleadas de decenas, cientos. Creo recordar que en un par de días el mensaje había sido replicado unas cuatro mil veces. Teniendo en cuenta que mi cuenta de seguidores no llegaba a dos mil, podemos estar de acuerdo en que la cifra es notable. 

La gracieta gustó tanto que incluso leyeron el tuit dentro de la sección Tuiterías del programa La Ventana, en La Ser. Y ahí quedó la cosa. De vez en cuando alguien se topaba de nuevo con mi mensaje, lo retuiteaba, y comenzaba de nuevo la ola, aunque ya mucho más mitigada. 

"Tenemos algo que contaros..."

Hasta que por algún misterioso vericueto de la comunicación empresarial, mi tuit (que no llevaba mención a la marca, ni a Artiach, la fábrica que las produce, ni a Pan Rico, la empresa propietaria por entonces) llegó a oídos de Galletas Dinosaurus. Alguien a quien no conozco pero que me seguía en Twitter me avisó (y desde aquí le doy las gracias). Corrí a mirarlo y efectivamente, recogían mi mensaje y le daban una respuesta, aunque de momento indeterminada: "Tenemos algo que contaros...".

Así nos han tenido todo el fin de semana, en ascuas, mientras recibía en Twitter felicitaciones por "haberlo conseguido" y había incluso quien preguntaba a qué hora sería la keynote, aludiendo irónicamente a los anuncios de Apple que nos tienen a todos pendientes de cada palabra. Así estaba el asunto con las galletas, háganse a la idea. A pesar de los llamamientos a la calma (no sería la primera vez que una estrategia de marketing nos deja a todos con la decepción en el cuerpo), el entusiasmo estaba por las nubes. 

Y por fin esta mañana de lunes supimos de qué iba el asunto. Y la victoria, la verdad, nos supo a poco. La marca Galleta Dinosaurus saca un nuevo producto, minigalletas con forma de dinosaurio pensadas para comer en un tazón de leche y con cuchara, como si se tratase de unos cereales. Y estos, esta vez sí, sí podrán mirarse de frente y, por fin, pelear entre ellos. Nuestros sueños de desayuno cumplidos, aunque en miniatura. Alguien con mucho optimismo ha recogido el guante y nos ha recordado que "antes del Apolo 11 hubo otras misiones".

Aprovecho la ocasión para señalar que existe cierta polémica sobre estas galletas, que cuentan con el sello de la Asociación Española de Pediatría pero cuyo contenido en azúcar, un 21% según la información nutricional, es alto. El nutricionista Julio Basulto asegura que no se trata de un producto especialmente beneficioso para el consumo infantil y pide a la AEP que retire su sello.

Tribuna
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