Uber no es el enemigo del transporte público, es su mejor aliado

Aunque pueda parecer que nuestro modelo pueda competir con el transporte público al ofrecer precios muy asequibles, la realidad nos demuestra todo lo contrario

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Este fin de semana, la línea 1 del metro de Madrid cerrará por obras y los más de 230.000 pasajeros que la usan cada día para ir a trabajar tendrán que buscar una alternativa para llegar, al menos, hasta una estación de conexión con otras líneas de metro, cercanías o autobús.

Este no será un verano fácil para Madrid, al menos en lo que a movilidad se refiere. Al frecuente atasco de algunas calles, habrá que sumarle el tráfico derivado del aumento de frecuencia de los autobuses y de los coches privados de toda aquella gente que, sencillamente, no tendrá alternativa para desplazarse durante el cierre. Pero ¿acaso no hay otra solución?

Uber no es la solución al problema de la congestión en las ciudades, pero sí puede ser parte de ella. Porque, aunque pueda parecer que nuestro modelo pueda competir con el transporte público al ofrecer precios muy asequibles, la realidad nos demuestra todo lo contrario: las plataformas de movilidad complementan la red de transporte público al cubrir zonas periféricas y momentos en los que no hay metro ni autobús.

Uber no es la solución de la congestión en las ciudades, pero puede ser parte de ella, ya que complementa al transporte público

Expertos en movilidad de todo el mundo están de acuerdo. Solo cuando los ciudadanos tengan a su alcance una alternativa de transporte cercana y asequible en cualquier momento, se plantearán dejar su coche en casa. En ese sentido, la combinación de las nuevas plataformas de movilidad con el transporte público se ha revelado como un tándem realmente eficaz. En París, más del 65% de los viajes con Uber empiezan o acaban a 200 metros de las paradas de metro de la ciudad. En el caso de Viena, esa cifra se sitúa en el 39%.

La American Public Transportation Association (APTA), en su informe ‘Shared Mobility and the Transformation of Public Transit’, sugiere que el 'ridesharing' y el transporte público dan servicio a rutas diferentes y, por tanto, se complementan mutuamente. El informe revela que los usuarios optan por servicios como Uber principalmente en zonas periféricas y a partir de las ocho de la noche. Es decir, la gente usa Uber como complemento al transporte público cuando lo tiene muy lejos o cuando está cerrado.

"Podemos dejar el coche en casa"

Todos estos datos demuestran que otro modelo de movilidad urbana es posible. Demuestran que la multimodalidad (combinación de distintas alternativas de transporte en un mismo trayecto) es una tendencia imparable y una gran oportunidad para ciudades y ciudadanos. Y demuestran algo todavía más importante: podemos dejar el coche en casa, o venderlo, sin perder tiempo ni dinero, ni calidad de vida.

Hay ciudades europeas en las que Uber y otras plataformas de movilidad ya complementan al transporte público, por ejemplo, Londres o París. En esas ciudades, además, existe UberPOOL, nuestro servicio de 'carpooling', que ha supuesto una auténtica democratización del transporte urbano, ya que, al compartir el trayecto con otro pasajero, compartes también el coste del viaje.

(Uber)
(Uber)

Pero entre Francia, Reino Unido y España existe una diferencia muy importante. Sus regulaciones de transporte no protegen a un sector particular en contra del interés general. Por ser más concretos, no limitan el número de licencias VTC que usan los vehículos que se conectan a Uber, de manera que el aumento de demanda asociado a la bajada de precios y al crecimiento de las áreas de cobertura ha creado un nuevo mercado que ha generado miles de puestos de trabajo. Por ejemplo, en Londres ya hay más de 25.000 conductores y el tiempo medio de espera en cualquier zona de la ciudad es de 3,6 minutos. 

Teknautas

Uber no es la solución al problema de la movilidad, pero puede cambiar la manera en que nos movemos por nuestras ciudades. Y puede hacerlo ofreciendo una alternativa tan accesible y tan asequible que, combinada con el uso del transporte público, haga que cada vez más ciudadanos dejen sus vehículos en casa.

A principios de mes aprendimos que las restricciones en la ley de transporte nos cuestan 324 millones anuales a todos los españoles. Y eso sin contar las decenas de miles de oportunidades de empleo perdidas. Pero el cierre de la línea 1 nos habla de un coste todavía más alto: el de tener que coger tu coche para ir a trabajar porque la ley no te permite acceder a otras alternativas.

*Carles Lloret, es 'general manager' de Uber para Europa del sur.

Tribuna
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