Corremos el riesgo de perder el tren

¿Por qué los españoles no invertimos más en tecnología?

El entramado de 'startups' tecnológicas españolas cada vez es más fuerte pero falta una parte fundamental: la inversión decidida de los fondos nacionales

Foto: (Foto: Piqsels)
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La tecnología se ha convertido en una fuerza transformadora tanto a nivel económico como social redefiniendo industrias como el de motor, el 'retail', la salud, los servicios financieros o la educación. Por ello es tan importante que España ocupe un papel relevante en la revolución digital.

Es cierto que España se unió tarde a la carrera tecnológica, pero acortó terreno con el resto de países en poco tiempo. Si en 2015 las inversiones en 'startups' tecnológicas rondaban los 300 millones de euros, el pasado año ya superaron los 1.200 millones anuales, situando a nuestro país en el cuarto puesto en Europa. En los últimos cuatro años, la actividad inversora ha crecido un promedio de un 38% anual, un ritmo superado solo por otros dos países europeos (Italia e Irlanda).

Son buenas noticias y numerosas 'startups' tecnológicas han nacido al calor de este desarrollo. Tantas, que Barcelona y Madrid ya se sitúan en el top 6 en Europa en cuanto al número de startups que acogen. En un aspecto clave, sin embargo, España sigue a la cola: falta capital nacional disponible para apoyar al sector conforme las empresas crecen. Cuando se llega a rondas de financiación millonarias, el momento en el que las empresas están en fase 'Growth', los inversores que invierten en 'startups' españolas son casi exclusivamente fondos internacionales. Según datos de S&P Capital IQ, el 86% de las inversiones en empresas españolas de tecnología en 2018 estuvieron lideradas por fondos internacionales.

Existen fondos españoles especializados en invertir en el ecosistema nacional, pero están centrados exclusivamente en etapas tempranas del desarrollo. Dichos fondos han sido pioneros en nuestro país, tienen unos equipos muy cualificados y carteras de inversión de gran potencial, pero ninguno de ellos tiene por objetivo liderar rondas de financiación mayores (aunque sí acompañan). Las firmas de Venture Capital españolas continúan creciendo y es posible que en los próximos años tengan capacidad para liderar inversiones en etapas más maduras, pero a día de hoy no cubren este mercado.

En cuanto a los fondos de capital riesgo, no existe ninguno en España especializado en tecnología, ya que prefieren invertir en sectores tradicionales que conocen bien, como la energía, los servicios o los productos de consumo. A modo ilustrativo, en 2018 solo un 6,7% de la inversión se destinó al sector tecnológico, según datos de ASCRI (Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión).

(Foto: Piqsels)
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La cuestión es ¿por qué los inversores españoles están desaprovechando el desarrollo tecnológico nacional? Probablemente muchos de estos inversores consideran muy arriesgadas aún las inversiones en este tipo de compañías. Las consecuencias del miedo inversor pueden ser serias a largo plazo. En primer lugar, el capital español se aleja de aquellas compañías que van a vertebrar nuestra economía en el futuro. En segundo lugar, se perderá competitividad frente al capital extranjero y resultará cada vez más difícil subirse a la ola.

Los inversores tradicionales más conservadores deben empezar a considerar estas oportunidades y dotarse de medios para ello, incluyendo la profesionalización de parte de sus equipos. En un mercado muy competitivo, con una gran afluencia de capital extranjero, las corporaciones españolas han de especializarse en tecnología, entender el ecosistema y convertirse en inversores atractivos para las nuevas compañías tecnológicas españolas. De lo contrario, estas siempre preferirán el capital internacional y España perderá el tren de la era digital.

*Miguel Kindelán es responsable en España del banco de inversión GP Bullhound.

Tribuna
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