Por qué tienes más miedo al coronavirus del que en realidad deberías tener

El coronavirus podría aumentar los niveles de ansiedad más que las amenazas conocidas. Este efecto se ha asociado con la amígdala, estructura cerebral relacionada con la detección de la novedad

Foto: Una mujer se cubre con una bolsa y mascarilla en las calles de Guangzhou. (EFE)
Una mujer se cubre con una bolsa y mascarilla en las calles de Guangzhou. (EFE)

La Organización Mundial de la Salud ha declarado que el brote del nuevo coronavirus (2019-nCoV, ahora renombrado como Covid-19) constituye una "emergencia de salud pública de importancia internacional". Los coronavirus son una amplia familia de virus que normalmente afectan solo a los animales. El coronavirus 2019 es un nuevo tipo de coronavirus que puede afectar a las personas al igual que los coronavirus anteriores (SRAS-CoV y MERS-CoV).

Actualmente, hay algunas cuestiones importantes que no se conocen con exactitud en relación con el Covid-19, como son la fuente de infección (los indicios apuntan a que se trataría de algún animal) y la forma precisa de infección (los datos indican que para que se produzca la infección, se necesitaría un contacto directo de las secreciones respiratorias de un animal infectado o de una persona enferma con las mucosas de otra persona, es decir, nariz, boca u ojos).

Los síntomas más comunes del Covid-19 incluyen tos, dolor de garganta, fiebre y sensación de falta de aire. En casos más graves, observados principalmente en personas ancianas o aquejadas de otras afecciones médicas graves, la infección puede causar neumonía, dificultad importante para respirar, fallo renal e incluso la muerte.

Por qué tienes más miedo al coronavirus del que en realidad deberías tener

La amenaza pandémica del Covid-19 comparte con otras pandemias pasadas, como el SARS (2002), la gripe aviar (2004), la pandemia gripal (2009), el ébola (2014) y el virus zika (2016), el hecho de ocupar un espacio destacado en todos los medios de comunicación. En la actual pandemia, los medios continuamente actualizan y ofrecen información sobre este: imágenes desoladoras de ciudades con millones de habitantes desiertas, gente protegida, personas que yacen en el suelo sin que nadie se acerque a ofrecerles ayuda, así como un recuento minuto a minuto de afectados/víctimas.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Asimismo, la información enfatiza la propagación del Covid-19 a otros lugares muy alejados del foco de infección. Estas imágenes e información crean en la conciencia colectiva la sensación de que el peligro es generalizado y de que algún mal inminente, del que tenemos escaso control y del que actualmente no se dispone de tratamiento, puede poner en peligro nuestra integridad física. Por tanto, provocan alarma social, miedo social y respuestas de ansiedad ante una catástrofe, ante lo inesperado, que se manifiestan en conductas —con el fin de protegernos del riesgo— que van desde comprar mascarillas hasta casos más extremos de actitudes racistas hacia personas de rasgos asiáticos.

El miedo desmesurado que muestran algunas personas en estos episodios es consistente con lo que se conoce sobre la percepción de riesgo a través de investigaciones realizadas respecto al juicio humano y la toma de decisiones. En este sentido, la alerta social creada en relación con el coronavirus, ciertas dimensiones de personalidad como el neuroticismo y el uso excesivo de internet relacionado con la salud son factores que pueden desencadenar la manifestación de sintomatología ansiosa. En casos en los que existe cierta vulnerabilidad, puede darse el trastorno de ansiedad por enfermedad, también denominado hipocondría. Este trastorno implica preocuparse excesivamente por padecer o poder contraer una enfermedad grave. Las personas que sufren ansiedad por enfermedad pueden presentar ciertos síntomas físicos y considerar que están relacionados con el virus o pueden creer que las sensaciones corporales normales o los síntomas leves son signos que indican que están infectadas por este virus.

Por qué tienes más miedo al coronavirus del que en realidad deberías tener

La información referente al brote de coronavirus puede afectar a personas que padecen este trastorno de forma diferente que la población general. Así, las personas sin ansiedad por enfermedad pueden experimentar cierta aprensión o incomodidad cuando leen algún suceso o noticia relacionada con el coronavirus o cualquier otra epidemia, pero pueden dejar de pensar en ello. Pueden cambiar de enfoque, de tema o seguir leyendo noticias sin autogenerarse más alarma. Ese no es el caso de alguien que lucha con hipocondría, ansiedad por enfermedad o un trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Una representación del coronavirus. (Trinity College)
Una representación del coronavirus. (Trinity College)

Los pacientes con hipocondría suelen tener una de las siguientes dos reacciones instintivas ante epidemias o la posibilidad de infección: bloquear completamente el pensamiento, lo que refuerza su severidad mediante el uso de imaginación, u obsesionarse con el miedo e iniciar una investigación sobre el virus y todos sus síntomas. En este sentido, los pacientes con hipocondría o trastornos de ansiedad no se concentran en cuán probable o improbable será contraer una enfermedad; se centran en lo catastrófico que será si sucede, lo cual conlleva un aumento progresivo de la sintomatología ansiosa en estos tipos de psicopatología ante alarmas sociales creadas por un brote como el del coronavirus.

El coronavirus, al ser una nueva amenaza, podría aumentar los niveles de ansiedad más que las amenazas que nos resultan familiares. Este efecto se ha asociado con la amígdala, estructura cerebral relacionada con la detección de la novedad y en el procesamiento del miedo. Por este motivo, a menudo las personas reaccionan poco a las amenazas familiares, por ejemplo, la gripe en España en la temporada 2018-2019 causó 6.300 muertes. Sin embargo, entre los colectivos en los que está recomendado vacunarse, únicamente lo hizo el 42,2%. Esto puede explicarse debido a que la mayoría de las personas han tenido gripe y han sobrevivido, o conocen a alguien que lo ha hecho, por tanto, su percepción de riesgo respecto a esta es menor que ante una amenaza nueva de la que no se tienen referencias.

Otro factor relevante en estas situaciones es la comunicación. A este respecto, la comunicación oportuna y honesta de una fuente que el público considera creíble es esencial para contener el miedo durante una epidemia. Las administraciones tienen la difícil tarea de explicar el riesgo y decirle a la gente cómo actuar sin generar alarma.

Medición con termómetros. (Reuters)
Medición con termómetros. (Reuters)

Estudios realizados indican que los medios de comunicación pueden ser un aliado cuando difunden información precisa y útil, especialmente para las personas que son más vulnerables al estrés y la ansiedad. Por ello, es importante que los medios expliquen lo que las personas pueden hacer para protegerse. Los expertos coinciden en que dar a las personas acciones concretas y detalladas puede ayudar a reducir el pánico y la reacción exagerada cuando surge una nueva amenaza. Los mensajes también pueden ser más útiles cuando se muestran en formatos creativos: la infografía y los elementos visuales son muy poderosos. En este aspecto, es conveniente acompañar el discurso de imágenes que muestren lo que se pretende, puesto que cuando las personas usan la parte más primitiva de su cerebro, los elementos visuales son más poderosos que otras funciones cognitivas de orden superior, incluido el lenguaje.

Ante estos episodios conviene mantener la calma, informarnos de manera que podamos tener una perspectiva general y objetiva de la epidemia y de su magnitud y aplicar las medidas preventivas recomendadas por entidades de referencia. En este sentido, es recomendable realizar una higiene de manos frecuente (lavado con agua y jabón o soluciones alcohólicas), especialmente después de contacto directo con personas enfermas o su entorno; evitar el contacto estrecho con personas que muestren signos de afección respiratoria, como tos o estornudos; mantener una distancia de un metro aproximadamente con las personas con síntomas de infección respiratoria aguda; cubrirse la boca y la nariz con pañuelos desechables o con una tela al toser o estornudar, y lavarse las manos. Estas medidas genéricas de protección individual, además, nos protegerán frente a otras amenazas familiares, que no por sernos familiares son menos letales.

*Diana Ribes Fortanet es doctora en Neurotoxicología y Psicofarmacología y docente en la Universidad Internacional de Valencia en el Máster Universitario en Neuropsicología Clínica y el Grado en Psicología

Tribuna
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