A vueltas con Radar Covid

La aplicación española para la trazabilidad del virus es incompleta, tardía y problemática

Foto: Foto: EFE.
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Imagine el lector que un médico se enfrenta a la aparición y rápida expansión de una enfermedad. Imagine también que otros especialistas pertenecientes a su mismo centro de investigación se le adelantan y ponen en marcha un tratamiento que parece funcionar razonablemente bien. Nuestro hipotético doctor, que lleva tiempo planteándose seguir un tratamiento similar, decide no utilizar lo que sus colegas ya han puesto a su disposición: insiste en desarrollar uno propio, asegurando que será mejor, aunque eso implique meses adicionales de retraso. Imaginemos finalmente que, cuando al cabo de varios meses presenta con orgullo su tratamiento, teóricamente mejor gracias al dilatado periodo de pruebas, este adolece de defectos que merman su eficacia, se aplica de 17 formas distintas y no se sabe cuántos meses más tardará el remedio en solventar sus disfuncionalidades.

Pues bien, en estos momentos, ese médico es el Gobierno de Pedro Sánchez; la enfermedad, el covid-19, claro, y el remedio es la aplicación móvil para la trazabilidad de contagios. Pero lo más grave es que el paciente es, nada más y nada menos, la salud pública en España. Y la consecuencia de la falta de una herramienta fiable de rastreo es la pérdida casi total de la temporada turística de 2020.

Tras haber visto cómo gran parte de nuestros socios europeos lanzaban sus propias aplicaciones entre mayo y junio sin que la española hubiese empezado siquiera a probarse, ¿cuál es el balance de las primeras —y tardías— semanas de puesta en práctica de Radar Covid, la aplicación anunciada por el Gobierno a bombo y platillo a mediados de agosto?

El balance, como el del hipotético médico, no es bueno en absoluto. Resulta que, tras acumular un retraso de meses respecto a Francia, Italia y Alemania, el periodo de pruebas y preparación no ha servido para que la aplicación fuese compatible con los sistemas sanitarios de todas las comunidades autónomas, ya que es necesario un proceso adicional de adaptación que nadie sabe con certeza cuánto durará. Hoy en día, solo ocho regiones tienen integrada la aplicación, y ni siquiera en estas ocho está la herramienta auténticamente operativa. En algunas de ellas, todavía faltan medios y preparación para que la aplicación funcione y debe todavía resolverse el sistema de alertas a usuarios.

A vueltas con Radar Covid

Hoy por hoy, Radar Covid adolece de tres defectos fundamentales: es una 'app' tardía, incompleta y problemática. Una vez lanzada la aplicación, estamos comprobando que no está lista para ser activada y tiene numerosos problemas. Las propias CCAA quedaron sorprendidas por el anuncio del presidente de que la herramienta estaba lista para funcionar, puesto que esta todavía no se ha integrado en los servicios sanitarios de cada comunidad. A efectos prácticos, eso implica que el sistema de envío de alertas y códigos a las personas expuestas al virus no está operativo.

Especialmente problemático es el hecho de que la implantación no se haya hecho en todas las regiones de manera simultánea, más aún en la época del año en que millones de españoles circulan entre las diferentes comunidades para disfrutar de sus vacaciones. ¿De qué sirve una aplicación que funciona en Aragón o Canarias, pero no en la Comunidad Valenciana, por ejemplo?

Los problemas y las dificultades no acaban aquí. Desde hace tiempo, se solicitó al Ejecutivo que la aplicación se desarrollase usando un código abierto y que este se haga público para que, a nivel autonómico, se puedan desarrollar aplicaciones partiendo de la nacional. Teniendo en cuenta la absoluta falta de coordinación entre CCAA —que podrían haberse beneficiado de la publicación del código—, no haberlo publicado resulta incomprensible. Es más: la no publicación del código podría constituir, según están empezando a señalar algunos expertos, un incumplimiento del contrato del sistema operativo en que se basa la herramienta y que fue desarrollado por Google y Apple.

El anuncio del presidente Sánchez de una aplicación “plenamente operativa” dista mucho de la realidad y constituye una muestra más de las improvisaciones y los errores en los que el Gobierno de coalición formado por PSOE y Podemos ha incurrido desde el comienzo de la pandemia. Aunque es ya tarde para enmendar algunos de esos errores, lo que todavía se puede hacer es no agravar las consecuencias. Para ello, el Gobierno debe anteponer el interés general a los intereses partidistas y evitar caer en uno de sus hábitos más recurrentes: descargar toda la responsabilidad en las comunidades autónomas sin asegurarse de que el proyecto emprendido concluye con éxito. Si no lo hace, el esfuerzo y la inversión dedicados a obtener esta aplicación (que hay que agradecer a los profesionales que han trabajado en ello) habrán sido en balde, y Radar Covid será, por desgracia, un fuego de artificio más a los que nos tiene acostumbrados Pedro Sánchez.

*Adrián Vázquez Lázara es eurodiputado de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.

Tribuna
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