En defensa de Sofía: carta abierta de un científico español

Investigadores de la Fundación Cien, centro de referencia en el estudio del alzhéimer y dependiente del ISCIII, denuncian graves irregularidades. Jaime Gómez-Ramírez es uno de ellos

Foto: La reina emérita doña Sofía. (EFE)
La reina emérita doña Sofía. (EFE)

S.M. Sofía es la Reina emérita de España y en la mitología griega, Sofía es la diosa de la sabiduría. Sofía, la Reina, en el año 2007 mediante la fundación que lleva su nombre, promovió el Centro de Alzheimer Reina Sofía, ubicado en la periferia madrileña, en una extensión del barrio de Vallecas, construido en pleno ímpetu y estruendo de la burbuja inmobiliaria.

El nuevo centro albergaría una residencia de Alzheimer que sigue aún en funcionamiento y que, dicho sea de paso, ha sido una de las residencias más duramente castigadas por la pandemia CoVid-19.

El interés de Sofía por las ciencias, las artes y las letras es de sobra conocido. Aprovechando su prestigio e influencia, embarcó al capitalismo benevolente español para que aportase fondos dedicados a la creación de una unidad de investigación de la enfermedad de Alzheimer con terrenos y costoso equipamiento generosamente donados. A dicha unidad de investigación se la conoce como Fundación Cien, fundación, esta sí pública y dependiente del Instituto de Salud San Carlos III.

El proyecto bandera de la Fundación Cien era el Proyecto Vallecas, un estudio que comenzó en el 2011 contando con más de 1.000 voluntarios de más de 70 años. Con toda seguridad, el lector, cualquiera que sea su profesión o interés, no habrá oído hablar de los avances o resultados de dicho estudio, como tampoco de la Fundación Cien. El motivo de un retorno en la inversión tan abismalmente bajo no obedece en modo alguno a razones técnicas sino a un sistema diseñado precisamente para no crear valor ni generar conocimiento, como se había previsto.

Tuve la oportunidad de charlar con la Reina Sofía en las ocasiones en las que visitaba el centro que ella misma fundó y en el que trabajé hasta el pasado mes de julio. Sofía transpiraba interés por la ciencia. Siempre atenta, recuerdo con especial cariño, una conversación donde saltándome el protocolo le pregunté cómo ella creía que podría afectar a mi hijo que mi familia estuviese separada, yo en Madrid y mi familia aún en Canadá (acababa de incorporarme a la Fundación Cien a donde llegué desde la Universidad de Toronto, donde trabajaba como investigador postdoctoral). Espontáneamente, Sofía sacó su lado más auténtico y matriarcal y con candor de abuela me aconsejó poner siempre por delante la familia y en concreto los hijos.

El Centro Alzheimer Reina Sofía, sede de la Fundación Cien. (Foto: Wikimedia Commons)
El Centro Alzheimer Reina Sofía, sede de la Fundación Cien. (Foto: Wikimedia Commons)

Sofía es sabia y tenía razón, yo le hice caso solo a medias, la familia se unió en Madrid, y el niño cambió de colegio. En realidad, el niño se adaptó bien, el padre en cambio no pudo ni quiso adaptarse al trabajo en un simulacro de centro de investigación.

La investigación científica no ocurre en un vacío, obedece a condiciones de mercado y flujos de capital, además de ideologías de moda y a egos personales. Max Planck lo dejó dicho para la posteridad: "La ciencia avanza a golpe de funerales". En castizo, vino a decir que la arbitrariedad y el chanchullo son más rápidos y efectivos a corto plazo que el laborioso método científico. Aunque la verdad tarde o temprano acaba por imponerse, cuando la verdad se reconoce más tarde que temprano, el daño puede ser irreparable. Un contemporáneo y conocido de Planck, el economista John M. Keynes, lo dejó escrito en su Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero: "A largo plazo estamos todos muertos".

El capitalismo se puede entender como un proceso evolutivo-adaptativo. Bajo este prisma, en su más reciente fase habría emergido como capitalismo rentista, basado en prácticas de monopolio para el acceso en exclusividad por parte de un selecto grupo a contratos, recursos y propiedad intelectual.

La Fundación Cien es un microcosmos del nuevo régimen rentista. Su denominado comité de dirección científica ha contado con acceso exclusivo a los más de mil cerebros de los voluntarios arriba mencionados. Cabe preguntarse: ¿cuál ha sido el retorno de todos los millones de euros empleados en este estudio? Bien poco de valor para la sociedad. Mirado en cambio con la óptica del capitalismo rentista, se entiende por qué la dirección científica de la Fundación Cien ha negado el acceso a los datos del Proyecto Vallecas de forma rutinaria y hasta obsesiva durante años, no solo a investigadores en el campo del Alzheimer de otros centros y universidades, sino a los mismos investigadores del propio centro, a los que se amenazó y represalió por colaborar entre ellos.

La directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, y responsable última de la Fundación Cien.
La directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, y responsable última de la Fundación Cien.

El capitalismo rentista aplicado a Fundación Cien consiste en un monopolio para el beneficio y auto promoción personal. Estar sentado en una enorme pila de datos y fondos públicos produce réditos personales en modo de rentas, favores y privilegios.

Jesús Ávila, Premio Nacional de Investigación, y supervisor científico de la Fundación Cien, denunció éste y otros hechos al Instituto de Salud Carlos III. La respuesta fue su destitución como supervisor científico. El modo en el que se deshicieron del profesor Ávila es muy significativo: Comisión Delegada urgente acontecida el 17 de Marzo, un día en el que la sociedad estaba enteramente paralizada por el miedo de la pandemia.

Estamos viviendo la mayor crisis global desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque es imposible conocer qué nos espera a la salida de la misma, es seguro que el impacto será desigual. Aquellos países que cuenten con líderes que reconozcan el valor que tienen la ciencia y la investigación para crear sociedades innovadoras y resilientes saldrán reforzados, el resto se desharán en una cacofonía liderada por oportunistas y rentistas.

El capitalismo rentista aplicado a Fundación Cien consiste en un monopolio para el beneficio y auto promoción personal

La innovación disruptiva y la meritocracia son difícilmente compatibles con la endogamia y la opacidad que permea el sistema. El continuado éxodo de excelentes investigadores españoles no debe solo explicarse en términos de mejores recursos y facilidades para la investigación en países receptores como Alemania. Se trata además de una fuga consciente ante la disonancia cognitiva que marca el oficio de científico y sobrevivir como tal en España, es decir, entre osar a pensar y cuestionar el mundo y a la vez tener que subsistir en un entorno que premia el gregarismo y el servicio vasallesco.

La salvación, paradójicamente, pasa por reconocer la ignorancia. Tan pronto se es consciente de lo que uno no sabe, empieza a existir esperanza para poder avanzar. Es hora de que decidamos como nación si queremos albergar en nuestro suelo Institutos Max Planck o lo aquí descrito. Nos va la vida en ello.

*Jaime Gómez-Ramírez fue investigador de la Fundación Cien hasta el pasado julio. Antes de este puesto, trabajó como 'research fellow' en el departamento de neurociencia en la Universidad de Toronto y desempeñó diferentes cargos en Japón y EEUU. Junto a otros investigadores, Gómez-Ramírez ha ha denunciado ahora presuntas negligencias científicas en la Fundación Cien.

Tribuna
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