Esta es la internet que queremos
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Esta es la internet que queremos

El próximo día 15, la Comisión Europea presentará las nuevas leyes para regular los servicios y mercados digitales (el Digital Services Act y Digital Markets Act). Esto es lo que está en juego

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Cuando se creó internet, la red sólo estaba disponible para un pequeño grupo de agencias gubernamentales e investigadores. "La idea original de la web era que fuera un espacio de colaboración donde se pudiera comunicar compartiendo información", dijo Tim Berners-Lee, uno de los pioneros de Internet. La arquitectura descentralizada de la Internet original permitió considerables beneficios socioeconómicos: bajos costes para crear nuevos servicios, formas flexibles de adaptar la tecnología existente y libertad de elección para cada participante.

Hoy en día la red abierta como espacio de colaboración inventado por Berners-Lee parece un sueño lejano. 15 años después del 'big bang' de internet, las compañías de plataformas hipercentralizadas se han tragado más y más partes de esta red que una vez fue independiente. Google controla la mayor industria de publicidad invasiva y anti-privacidad de la Historia; sus herramientas de rastreo están integradas en más del 75% de los 80.000 sitios web más populares. Por otro lado, Facebook paga a los proveedores de internet móvil para que den a sus clientes acceso "gratuito" a las plataformas propias de Facebook, pero no a otras competidoras. Amazon alberga la mayoría de los servicios en nube del mundo, desde Netflix hasta los sistemas informáticos del ejército de los Estados Unidos.

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La mayoría de las grandes empresas de tecnología se han convertido en verdaderos monopolios. Peor aún, lo han hecho privatizando los beneficios que obtuvieron gracias a la financiación pública. Como resultado, prácticamente todos los que tienen acceso a Internet se ven forzados a usar los servicios de las 'big tech' (también llamadas GAFAM, o Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft). Incluso aquellos que intencionalmente tratan de no alimentar las voraces bases de datos de Silicon Valley no pueden escapar de su alcance.

"Tengo más de 4.000 correos electrónicos, fotos, direcciones... La gente acaba de enviarlo. Ellos 'confían en mí'... Malditos idiotas". dijo Mark Zuckerberg sobre la primera web de Facebook.

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(Reuters)

A medida que las compañías de plataformas crecieron, sus modelos de negocios se solidificaron hacia la recolección de datos para la publicidad de vigilancia basada en el análisis del comportamiento y la manipulación. Hoy en día, compañías como Facebook permiten a cualquiera con suficiente dinero dirigir mensajes a usuarios en cualquier lugar basado en la gran cantidad de conocimiento que la compañía posee. En este valiente nuevo mundo, no somos ni siquiera ya el producto, sino el compost tras ese proceso. Nuestro comportamiento es el producto, y lo que queda después de ese proceso (vacío y ya usado) somos los usuarios. Nuestras vidas y momentos más íntimos son mercantilizados y puestos a la venta al mejor postor.

Los grandes monopolios tecnológicos han construido tantos controles artificiales como han podido para obligar a que nos quedemos en sus plataformas. Debido a su carácter cerrado y excluyente, las redes sociales que tienen grandes cantidades de usuarios se convierten en el club en el que todo el mundo quiere entrar, de modo que incluso aquellos que quieren irse no lo harán, por miedo a perder conexiones con sus amigos y familiares. Incluso si la gente quisiera abandonar estas plataformas dominantes, muchos de ellos simplemente se pasarían a otra plataforma de Big Tech.

Como resultado, la mayor parte de lo que hacemos 'online' está mediado por un puñado de empresas privadas que explotan a miles de millones de usuarios y ejercen una inmensa influencia corporativa sobre nuestras vidas digitales. Estas compañías deciden lo que podemos y no podemos decir, controlan nuestros dispositivos y tienen el poder de quitarnos nuestros derechos fundamentales.

Nos merecemos algo mejor

Hay varias ideas para resolver estos problemas: Romper las Big Tech/GAFAM en empresas más pequeñas (por ejemplo, cooperativas locales), hacerlas legalmente responsables del comportamiento dañino de sus usuarios en la red, y presionarlas para que desplieguen algoritmos que evalúen la legalidad del contenido (espoiler: los algoritmos hacen un trabajo bastante pésimo en este frente).

placeholder Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)

Sin embargo, ninguno de ellos resuelve el problema subyacente: que estas empresas tienen los incentivos equivocados en el fondo. El interés comercial de YouTube es que nos muestre videos que polarizan porque los contenidos extremos captan mejor la atención de la gente. Es rentable para Facebook ofrecer a la gente de países pobres acceso 'gratuito' a Facebook porque desalienta consultar alternativas. A Apple le interesa restringir la libertad del usuario para instalar aplicaciones en los iPhones ya que limita el acceso a los servicios de la competencia.

Si queremos ver un verdadero cambio en la plataforma de la economía, los incentivos deben cambiar.

El primer paso que debe dar cualquier ley útil sobre la regulación de las plataformas es prohibir los modelos de negocio que explotan y manipulan a los ciudadanos. Además, la UE también debería limitar o prohibir drásticamente el uso de datos personales especialmente sensibles (orientación sexual, tendencias políticas, etc...) para realizar anuncios ultra-personalizados.

placeholder FILE PHOTO: The Apple logo is seen at an Apple Store, as Apple's new 5G iPhone 12 went on sale in Brooklyn, New York, U.S. October 23, 2020.  REUTERS Brendan McDermid File Photo
FILE PHOTO: The Apple logo is seen at an Apple Store, as Apple's new 5G iPhone 12 went on sale in Brooklyn, New York, U.S. October 23, 2020. REUTERS Brendan McDermid File Photo

El segundo paso es dar a la gente opciones reales obligando a las plataformas monopolísticas a abrir sus sistemas a los usuarios de plataformas competidoras. Esto permitiría a los usuarios de Mastodon, por ejemplo, una alternativa de código abierto a Twitter, poder interactuar con sus amigos en Twitter, sin necesidad de abrir una cuenta en ese medio. Este tipo de interoperabilidad obligatoria para los 'guardianes digitales' reduciría los efectos de bloqueo artificial establecidos para evitar la competencia. Ayudaría a crear nuevos mercados para los servicios digitales europeos que operan sobre las plataformas existentes. Mejor aún, proporcionaría finalmente alternativas éticas y respetuosas de la privacidad.

No debemos permitir que Europa se limite a darle una capa de pintura a un edificio en ruinas. Al contrario, Europa necesita leyes que limiten efectivamente el poder que las 'big tech' ejercen sobre nuestras vidas. Leyes que permitan a las personas recuperar el control y elegir plataformas que satisfagan sus necesidades. La próxima Ley de Servicios Digitales (Digital Services Act) y la Ley de Mercado Digital de la UE (Digital Markets Act), que se presentan el 15 de diciembre, tienen el potencial de ofrecer esta visión de una mejor Internet que ponga a los ciudadanos en el centro, no el beneficio privado de los monopolios digitales.

*Jan Penfrat es Asesor de Políticas en EDRi (European Digital Rights), la mayor red europea de ONG (44 organizaciones asociadas) que trabajan para defender los derechos humanos 'online'.

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