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Los seis conceptos que los 'gurús' venden para digitalizar España no funcionan
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Jose M. Almansa

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Los seis conceptos que los 'gurús' venden para digitalizar España no funcionan

Seguimos escuchando a los expertos hablar de lo mismo cuando tenemos la oportunidad generacional de construir un mundo diferente gracias a la heterogeneidad de pensamiento de las personas.

Foto: Presidente del gobierno preside presentación de planes de digitalización de pymes
Presidente del gobierno preside presentación de planes de digitalización de pymes

Los eventos han vuelto. Expertos, sabios, gurús, analistas, inversores o políticos se reúnen en centenares de foros empresariales, académicos y políticos en nuestro país. Pero es decepcionante observar cómo todos quieren hablar de lo mismo, incluso introduciendo palabras clave y sintagmas del momento presente que parece que hay que mencionar si se quiere estar a la altura. Me detengo en seis ejemplos.

1.- La palabra innovación aparece cada cinco minutos en la mayoría de este tipo de intervenciones. Nadie habla sin usarla. “Pasar del 1,2% al 2,5% en inversión en innovación para equipararnos con Europa”, se reclama. Sin embargo, nadie plantea que no se puede invertir en innovación. Porque “innovación no es más que el resultado del proceso creativo de un innovador ante una necesidad no resuelta”. Es sólo el resultado.

Se puede invertir en que las personas nos volvamos innovadoras y en un proceso metodológico que nos ayude a encontrar respuestas que no existían ante necesidades sin resolver, pero no en “innovación”. También podemos apostar en crear el ecosistema que ayude y proteja a la persona que innova. Sin embargo, nadie habla de “innovador”, sólo de “innovación”.

Foto: Pedro Sánchez, en una cumbre en Bruselas. (EFE/Olivier Hoslet)

2.- Otro de los mantras es que los directivos y dirigentes apuesten por la transformación digital para fortalecer el tejido empresarial desde grandes empresas, PYME y administraciones públicas. Pero parece que ninguno comprueba que a la digitalización no se llega desde arriba. En cualquier organización, si se trata de imponer el cambio, no funciona.

Sin embargo, si se hace una labor para que los equipos humanos en las empresas e instituciones lleguen a través de un proceso metodológico a detectar sus necesidades no resueltas, ellos mismos generarán nuevas soluciones diseñando planes para ponerlas en marcha que transformarán la organización. Pero debe partir de los empleados, de abajo-arriba.

3.- Sostenibilidad es otra de las palabras en boga. Pero se habla desde los países, instituciones o empresas que reportan los Objetivos de Desarollo Sostenible (ODS), los cuales no son conscientes que no son responsables. Responsables solo pueden ser las personas que los componen. Por eso, se debería hablar de medir el impacto que cada empleado o ciudadano produce y el grado de contribución a los ODS, ya que la sostenibilidad es una responsabilidad que debe recoger de nuevo la ciudadanía.

placeholder La ONU promociona los Objetivos de Desarrollo Sostenible en Times Square, Nueva York. (ONU)
La ONU promociona los Objetivos de Desarrollo Sostenible en Times Square, Nueva York. (ONU)

Las empresas del futuro no van a ser sostenibles, sino que van a estar formadas por empleados y personas responsables que así las van a hacer y es algo que la mayoría de empresarios no menciona cuando habla de sostenibilidad.

4.- Productividad, otra preocupación insistente. Somos menos productivos que la media europea y se insiste en que es a causa de un déficit en formación. Schumpeter en 1911 afirmaba que el valor de una sociedad va directamente vinculado al nivel de innovación de sus ciudadanos. Se habla de formar programadores, expertos en datos, médicos, empresarios… Pero a nadie le preocupa que sean innovadores, que conectados con su espíritu creativo puedan encontrar respuestas inesperadas. Hablan de la necesidad de la formación, cuando para encontrar nuevas soluciones es necesario desprenderse de las respuestas iguales que se han transmitido en el proceso de socialización (más que de formación) que todos sufrimos.

5.- Atracción de talento. Si, pero, ¿cómo? No se han dado respuestas que hayan calado a pesar de la preocupación que manifiestan tantos portavoces públicos y empresariales. Quizá España debería intentar convertirse en un gran ecosistema de nómadas digitales corporativos que permita atraer empleados de empresas de toda Europa y otros lugares del mundo, en vez de echar al talento por ser incomprendidos.

Foto: Tres centros comerciales en medellín abren al público en prueba piloto Opinión

Las ciudades españolas deberían estar preparadas para acoger a estos nómadas desde los espacios, la programación, la creación de comunidad, las 'facilities', la tecnología y la sostenibilidad. La clave del éxito estaría en que en este ecosistema se extrapolen procesos de creatividad e innovación que puedan ser llevados de una empresa a otra por sus empleados. Porque es un gran atractivo poder trabajar desde sitios más amables y hacer la vida más agradable.

Hoy el talento valora más que nada ser feliz para elegir dónde trabajar. Al igual que China atrajo la deslocalización de empresas tecnológicas, España, a través de estos nómadas, lograría atraer innovación de las empresas y convertirse en un lugar donde “la innovación sucede”. Pero no se escuchan alternativas o planes para la atracción de talento.

6.- Fondos europeos. Son dos palabras que muchos traducen de manera automática como el maná que esperan para construir la Europa de aquí a 20 años. Se trata de obtener el equivalente que España ha recibido desde su ingreso en la Unión Europea. Se habla del “cómo”, el “qué”, el “cuánto” constantemente, pero como diría Simon Sunek, nadie reflexiona “por qué” vamos a invertir en diferentes áreas o proyectos.

Foto: (iStock)

Se necesita un propósito común. Por eso, quizá todo proyecto a invertir con esos fondos debería ser:

- Una solución nueva a una necesidad que las respuestas anteriores no eran capaces de resolver.

- Con futuro, que sea una solución replicable o duradera en el tiempo.

- Sostenible, que genere impacto positivo en la sociedad y el medioambiente (sobre todo ahora que podemos alinearlo con los ODS).

- Medible, con una herramienta clara que indique el retorno financiero y no financiero de la inversión a largo plazo.

El mundo cambia rápido. Estoy convencido que estamos entrando en la era de las naciones digitales. Pero mientras, seguimos escuchando a los expertos hablar de lo mismo cuando tenemos la oportunidad generacional de construir un mundo diferente gracias a la heterogeneidad de pensamiento de las personas. Sin esa sana diferencia no podremos activar el espíritu responsable, creativo e innovador que todos llevamos. Ese que nos hará confiar en nosotros mismos como motor del cambio.

* Jose Almansa es cofundador de LOOM y de Impact Hub Madrid y autor del libro 'El fin de la innovación. La era del innovador'.

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